Ástor García
Secretario General del Partido Comunista de los Trabajadores de España – PCTE


Las elecciones del 28 de abril abrieron un ciclo político en el que el papel principal le vuelve a corresponder a la vieja socialdemocracia representada por el PSOE de Pedro Sánchez. Se trata de un ciclo político distinto, pero no necesariamente nuevo, dado que el PSOE ya ha tenido ocasión de pilotar el Gobierno español en distintas ocasiones. Y la distinción fundamental frente a otros momentos pasados radica en que las posibilidades de pacto entre ese PSOE y los nuevos socialdemócratas —PODEMOS— son extremadamente altas.

Pero la pregunta del millón, más allá del entretenimiento veraniego que parece ser la conformación o no de ese nuevo Gobierno, es ¿a quién beneficia un gobierno socialdemócrata?

Hubo un tiempo en que el término “socialdemócrata” abarcaba tanto a reformistas como a revolucionarios, a quienes consideraban que el sufragio universal era la vía principal para la victoria política de la clase obrera y a quienes aspiraban a implantar la dictadura del proletariado. Socialdemócrata era, más o menos, quien luchaba por los intereses políticos y económicos de la clase obrera desde las premisas señaladas —principalmente— por Marx y Engels.

Socialdemócratas se reclamaban tanto Lenin como Mártov, Kaustky o Bernstein, y todos ellos peleaban entre sí, tejían y rompían alianzas, denunciaban públicamente las posiciones de los demás y tenían acalorados debates de tanta profundidad que todavía hoy determinan buena parte del discurso político en las fuerzas que, aunque sea de forma retórica, dicen tomar partido por “los trabajadores”, “la clase obrera” o “la mayoría obrera y popular” o la formulación que se prefiera y que, en estos tiempos en que los significantes parecen ser más importantes que los significados, haga referencia a la mayoría de la población que vive de su trabajo y de un salario y que, por ello, es víctima de la explotación capitalista. En resumen, eso que un día fue “la izquierda” y que hoy nadie sabe exactamente ni quién es ni dónde está.

No es intención de esta columna reivindicar palabras como “izquierda” o “socialdemocracia”, pero no por las mismas razones que arguyen los nuevos peronistas que plagan hoy el mapa político español, sino por el hecho de que es precisamente la incansable actitud de traición y renuncia de los socialdemócratas la que ha desdibujado y transformado la palabra “izquierda” en un cajón de sastre que ya no dice nada en términos de clase.

Y son los términos de clase los que hay que recuperar en el día a día de la política española. Y mundial. El análisis de clase es el gran ausente cuando se analizan los fenómenos sociales y cuando se definen las estrategias políticas. O, más bien y siendo totalmente honestos, el análisis de clase desde la posición de la clase explotada, no de la explotadora, que sí está muy presente.

En el terreno práctico, la socialdemocracia siempre ha sido hegemónica en el movimiento obrero.

Quien hoy se defina como “socialdemócrata” debe hacerlo siendo consciente de que se está declarando heredero de quienes, en los momentos clave de la lucha de clases, optan siempre por defender que se mantenga el capitalismo. De quienes defienden siempre la política del mal menor, del “algo es algo”, del “podría ser peor” o del “ahora no es el momento de exigir más”; en definitiva, de quienes asumen en política una posición que se limita, como mucho, a reconocer el conflicto de clases, pero sólo aspira a gestionarlo, no a acabar con él.

Pero socialdemócratas no son únicamente quienes se definen como tales, de la misma manera que uno no es comunista únicamente por declararse como tal en público —o en el Twitter—. Socialdemócrata es quien, incluso sin reconocerse como tal, y por mucha retórica y por mucha fraseología obrerista o anticapitalista que utilice, no es capaz de formular ninguna alternativa al orden capitalista y, por tanto, su acción política —e institucional— se limita a proponer correcciones, cambios o reformas del capitalismo. Pero nada más.

En el terreno práctico, la socialdemocracia siempre ha sido hegemónica en el movimiento obrero. Y absolutamente dominante en el movimiento sindical. Incluso en los períodos de mayor fuerza de las posiciones comunistas coherentes en el movimiento obrero, la mayoría de los debates y propuestas tácticas iban encaminadas a disputar esa hegemonía. Esto es así porque las posiciones socialdemócratas, pactistas y conciliadoras, parecen en principio más “razonables”, más “factibles” y más “sensatas”, porque se presentan además como las únicas capaces de mejorar las condiciones de vida y trabajo de la mayoría en lo inmediato y sin grandes alteraciones del orden social.

Sobra decir que también tienen mayor eco y son más sencillas de asumir por quien carece de las herramientas que permiten romper con la ideología capitalista dominante. Así, si el partido que dice representar a la clase obrera, el “partido de los trabajadores”, renuncia a su deber de ofrecer a la mayoría trabajadora esas herramientas, si precisamente por ello condena a esa mayoría a permanecer indefinidamente sometida a la explotación capitalista, ¿para quién trabaja? ¿A quién beneficia? La pregunta se responde sola.

Pero oponerse a la socialdemocracia jamás ha sido sencillo. En estos momentos, además de la hegemonía en el movimiento obrero y sindical, gozan del apoyo de los medios de comunicación capitalistas que, con ligeras variaciones, defienden y promueven este concreto orden económico y social que llamamos capitalismo. Como no podía ser de otra manera, los medios de comunicación capitalistas defienden el sistema capitalista y, en ese sentido, a quien defienda el orden capitalista.

La socialdemocracia tiene un papel sumamente importante en el orden capitalista, que es garantizar que la mayoría trabajadora asume su posición subordinada en el mismo, a cambio de unas pocas migajas que, periódicamente, pueden ampliarse o reducirse en función de las necesidades de los capitalistas. Por ello, los viejos partidos socialdemócratas sólo han sido superados por la vía parlamentaria por la nueva socialdemocracia cuando la situación social y las condiciones de determinados países han aconsejado un cambio de caretas para evitar males mayores.

Los nuevos socialdemócratas han tardado muy poco en revelarse como tales, a pesar de sus soflamas de hace no tantos años, cuando se iban a asaltar los cielos.

En Grecia, donde se ha visto el caso más claro, el PASOK fue destrozado tras ser el principal ejecutor de las políticas salvajemente antiobreras de la Troika y fue sustituido por una SYRIZA que, en escasos meses, pasó de la retórica reformista a ser la ejecutora de las mismas políticas salvajemente antiobreras.

En España, quienes jalearon a Alexis Tsipras callaron repentinamente. Fue un silencio clamoroso del que se ha hablado poco posteriormente. Y poco después asumieron su realidad más allá de discursos floridos y frases grandilocuentes: o se pacta con el PSOE o con el PSOE se pacta.

Los nuevos socialdemócratas han tardado muy poco en revelarse como tales, a pesar de sus soflamas de hace no tantos años, cuando se iban a asaltar los cielos. Hoy dicen que “sólo desde el Gobierno se cambian las cosas” o que están en política “para entrar a gobernar, no para ser testimoniales”. Al final se han asaltado los despachos, los cielos siguen impolutos y los que manejan las riendas de la economía y la sociedad españolas siguen tan tranquilos.

A día de hoy todavía está en el aire un posible Gobierno socialdemócrata. Está por ver si será “de coalición” o “de cooperación”, pero lo que está claro es que será de capitalistas. Y frente a él tendremos que posicionarnos porque, más allá de medidas populistas destinadas a adormecer cualquier ánimo de movilización —no ya revolucionario— de las amplias mayorías obreras y populares que todavía confían en él, de él van a venir algunas de las medidas más salvajes contra los derechos laborales y sociales, acompañadas de las medidas más ventajosas para los para los Botines, los Florentinos, los Entrecanales o los Fainé. Y si no, al tiempo.

Vídeo Recomendado:

1 Comentario

  1. lleva años leyendo estos articulos d ls comunistas y :
    solo son criticas,
    sobretodo a ls mas lergales y d izdas
    nunca han expuesto su programa como hacen ls demas

    y ademas esas criticas precisamente cuando mas pupa hacen

    total solo son otro aPPendice de la casPPa
    …Y no es que el comunismo no pudiera tener cosas buenas…

Deja un comentario