Portugal se ha metido en una crisis política sin precedentes y el escenario se ha embarrado completamente para los socialistas, abocados al descalabro al no ceder y rechazar la izquierda y la derecha los Presupuestos Generales del Estado.

El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista, al igual que la oposición de derecha, votaron contra la ley de presupuestos para 2022 sometida por el gobierno minoritario, formado en 2015. El rechazo de esta ley nunca había sucedido desde el regreso de la democracia portuguesa en 1974.

Los socialistas llegaron al poder hace seis años gracias a una alianza inédita con el Bloque de Izquierda y el Partido Comunista. En aquel momento, la izquierda había superado sus divisiones para poner fin a la política de austeridad aplicada por la derecha a cambio del plan de rescate internacional concedido a Portugal en 2011. Sin embargo, las discusiones en torno al presupuesto 2022 chocaron frontalmente con la voluntad de los comunistas de derogar las disposiciones del código del trabajo heredadas del tiempo de la «troika» de los acreedores.

Esta unión de la izquierda, conocida por los portugueses como «jerigonza», comenzó a resquebrajarse tras las elecciones del otoño boreal de 2019. Antonio Costa, que fue el más votado, no alcanzó la mayoría por ocho escaños y se abstuvo de negociar nuevos acuerdos que garantizaban la estabilidad hasta las legislativas previstas a finales de 2023, prefiriendo negociar puntualmente los apoyos parlamentarios necesarios.

Rebelo de Sousa y jugar al límite

El presidente conservador Marcelo Rebelo de Sousa buscaba forzar un compromiso presupuestario clave para obtener los fondos europeos asignados en el contexto de la pandemia de covid-19 y ya dijo que usaría su poder de disolución en caso de bloqueo de la ley de presupuesto.

«Siempre he querido que no llegáramos hasta aquí e hice todo lo posible para evitarlo, pero también expliqué claramente cuál sería la consecuencia», insistió antes del voto. «Si la asamblea no tiene capacidad para adoptar un presupuesto que es fundamental para el país, sería positivo devolver la palabra a los portugueses para que digan lo que piensan respecto a la futura asamblea», dijo Rebelo de Sousa.

Tras el voto, la presidencia anunció que se llevarían a cabo las consultas necesarias para que el jefe de Estado pueda disolver el Parlamento y determinar una fecha electoral. Rebelo de Sousa recibirá a los partidos el sábado, antes de una «reunión especial» de su Consejo de Estado el miércoles.

Por su parte, Antonio Costa, que descarta dimitir, advirtió que «la última cosa que necesita el país es una crisis política en estas circunstancias». Para el líder de la oposición de derecha, Rui Rio, «las elecciones deben celebrarse lo antes posible», es decir, a partir del mes de enero.

El peligro de la extrema derecha

La extrema derecha portuguesa viene aumentando su presencia en los últimos años y una de las posibilidades es que se refuerce. Ha tenido una gran apuesta en las elecciones locales para imponerse en regiones que consideran clave y han tenido unos buenos resultados, aunque no especialmente representativos por el número de escaños.

Que la ultraderecha obtenga un papel relevante a partir de las próximas elecciones depende mucho de quién sea el líder del Partido Popular Demócrata, ya que hay candidatos que admiten alianzas con la extrema derecha, hay otros que hablan abiertamente de cordón sanitario.

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