La presión ejercida por grupos tribales y tradicionales ha llevado a las autoridades yazidíes a dar marcha atrás en su histórica decisión de acoger a los hijos de mujeres de la minoría fruto de violaciones de los yihadistas del Estado Islámico (EI).

«Desafortunadamente, el miedo al cambio es mayor que el coraje de mirar hacia adelante y de adaptarse a los nuevos tiempos para tener un futuro», se lamenta en una entrevista con Efe el psicólogo alemán Jan Ilhan Kizilhan, que ha tratado a más de 1.400 jóvenes yazidíes convertidas en esclavas sexuales por el EI.

Sólo tres días después de publicarse un edicto que rompía con 800 años de tradición y creencias religiosas basadas en el zoroastrismo, el Alto Consejo Espiritual Yazidí matizó este sábado que la integración se refería a las madres y niños yazidíes secuestrados, no a los nacidos de una violación.

«Las fuerzas tradicionales se resisten a aceptar a estos niños, porque, en su opinión, son musulmanes», dice, al recordar que «1,2 millones de yazidíes han sido asesinados por musulmanes radicales».

El último de los 74 genocidios sufridos por este pueblo ocurrió en agosto de 2014, cuando miles de mujeres fueron secuestradas y miles de hombres asesinados por el EI en la comarca de Sinyar (norte de Irak), hogar durante siglos de esta minoría. Cinco años después, se desconoce el paradero de unos 3.000.

Sin embargo, el miedo, dice Kizilhan, no puede justificar «una decisión profundamente injusta».

«Conozco más de 10 casos de mujeres que se vieron obligadas a dejar a sus hijos en Raqa, Mosul o Baguz. Ahora viven en campos de refugiados en Irak, sufren transtornos mentales y me dicen que una parte de sus corazones se quedó allí», relata con tristeza.

Tras la caída el pasado marzo del califato proclamado por el EI en junio de 2014, aparecieron mujeres que, en muchos casos, se vieron obligadas a dejar a sus hijos con familias musulmanas o en orfanatos si querían volver a casa, pues los niños no son considerados yazidíes al no serlo uno de sus progenitores.

Perseguida durante generaciones, esta minoría cuyas raíces se remontan a 2.000 años antes de Cristo ha hecho de la endogamia y de sus estrictas reglas religiosas su forma de preservación.

Con más de 20 años de experiencia en asistir a personas traumatizadas en zonas de guerra, Kizilhan se implicó personalmente en la acogida de estos niños y se siente «muy decepcionado».

«Conversé mucho tiempo con el Alto Consejo Espiritual Yazidí y los persuadí para que hicieran esa declaración, que era histórica» y ahora «estoy sorprendido porque se habían expresado claramente a favor de ayudar a unas mujeres y niños que se quedan sin futuro».

También la agencia de la ONU para la Infancia había saludado el edicto, el destacar la difícil situación de estos menores, que «se encuentran entre los más vulnerables del mundo».

«UNICEF acoge con satisfacción la decisión del Consejo Espiritual Supremo de Yazidí de dar la bienvenida a todos los niños nacidos de madres yazidíes a la comunidad y la fe de yazidí», dijeron a Efe el pasado viernes fuentes de la organización.

¿Y qué pasa ahora con estos niños?

Cerca de 200 mujeres y sus hijos aún están en Siria a la espera de una solución, según los datos de Kilzihan, profesor universitario en Baden-Wurttemberg (Alemania) y Duhok (Irak).

La mayoría quiere regresar a Irak con sus familias, pero también con sus hijos, mientras que en los campamentos algunas mujeres se los han llevado con ellas, pero no quieren hablar: «callan por temor a ser excluidas» y «ahora aún tienen más miedo».

«Muchas deben estar conmocionadas porque, además de sufrir el terrible y trágico cautiverio del EI, están siendo severamente castigadas por su propia comunidad, lo que es inaceptable».

El nuevo edicto «destruyó las esperanzas» de las mujeres que dejaron a sus hijos en Mosul o Raqa de encontrarlos y volver a casa, porque «las viejas reglas no siempre tienen respuestas a las preguntas de hoy».

«Los yazidíes deben encontrar una solución y no esperar a que algunos estados europeos acepten a estos niños», reflexiona, aunque esa será una «labor larga y delicada» y estos menores necesitan atención ya.

«La comunidad internacional debe encontrar formas de ayudarles y espero que podamos hacerlo en los próximos días y semanas desde Alemania», manifiesta en referencia al país con el mayor número de yazidíes desplazados por el genocidio del EI.

Los activistas confían en que se sumen a esa iniciativa otras naciones que han acogido también a un amplia representación de esa comunidad, como Canadá, Australia y EEUU.

El futuro del pueblo yazidí

El genocidio del EI ha puesto en duda la supervivencia de los yazidíes, una comunidad que antes de la llegada de los yihadistas contaba en Irak con unos 550.000 miembros, de los que sólo unos pocos han vuelto a su Sinyar natal: unos 400.000 viven en campamentos en el Kurdistán iraquí y otros 100.000, en países occidentales.

Para sobrevivir a un genocidio hace falta «coraje y determinación», explica Kilhizan, que opina que la revocación de la decisión de acoger a los niños de las violaciones debe ser revisada.

En su opinión, la comunidad yazidí se enfrenta a un gran desafío y debe elegir entre dos caminos: si no aprende de la masacre, «puede desaparecer en menos de 4 generaciones», pero si lo asume «puede crecer a partir de él, intentar cambiar y sobrevivir en el mundo globalizado».

E insiste en que puede entender «que algunos tengan miedo al cambio y piensen que, si se suavizan las reglas religiosas, la comunidad se desintegrará. Pero olvidan que eso ya ha sucedido».

Lo que no se puede olvidar es que «las mujeres y los niños fruto de violaciones del EI han pasado por el infierno: han sido violados, secuestrados, esclavizados y testigos de las ejecuciones de sus propias familias. Son inocentes y merecen respeto, ayuda y protección».

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