El juicio del procés ha cambiado de registro este jueves. Tras una jornada dedicada a los observadores internacionales, el protagonismo ha recaído en los relatos de caceroladas, escraches y amenazas independentistas tras el 1-O contra la Guardia Civil por parte de los agentes que los sufrieron. En la mayoría de los casos, las protestas surgieron como reacción a las intervenciones policiales del día de la votación.

El testimonio más contundente ha sido el de dos guardias a los que un hombre amenazó por la calle en Lleida el dos de octubre tras reconocerlos por su actuación el 1-O en el pueblo de Artesa de Segre. El hombre, desde una furgoneta, «nos empezó a insultar, nos amenazó, nos dijo ‘hijos de puta’, que nos íbamos a cagar y que nos iban a matar», ha explicado el primer agente. «Nos increpó, nos dijo que nos iban a matar, que habían ganado la guerra y que la gente decía que éramos unos asesinos y él siguió su marcha. La gente se nos quedó mirando y nada, decidimos irnos», ha apostillado el segundo guardia.

El mismo día, el hombre que les amenazó por la calle había colgado en Facebook fotos suyas interviniendo el 1-O en Artesa de Segre “solapadas” con fotografías durante su paseo por Lleida. En las imágenes aparecieron rodeados de rojo. En el texto del mensaje, ha explicado el fiscal, el hombre escribió: “Encontrar personajes que estuvieron ayer repartiendo en mi pueblo de turismo por Lleida… Estos animales no los quiero en mi país, las calles serán siempre nuestras”. El agente no ha recordado, a preguntas de Benet Salellas, si el mensaje también incluía una llamada a “no caer en provocaciones” ni “calma calma y mucha calma”.

Otro guardia ha recordado caceroladas, protestas y “amenazas genéricas” frente al hotel de La Seu d’Urgell donde se alojaba tras el 1-O. “Amenazas sobre nuestra integridad física no hubo ninguna”, ha indicado. «Vinieron miles de personas, organizadas, con bomberos uniformados incluidos, en la puerta del hotel”, ha aseverado. Un compañero que también se alojaba en el mismo hotel ha explicado que desde su habitación grabó cómo un mosso frenaba a un subordinado cuando se disponía a identificar a un manifestante que había “arremetido” contra la puerta del hotel.

“La masa empezó a abuchear, el superior retiró a la persona que pretendían identificar, y hubo aplausos de esta es la nuestra policía”, ha rememorado. Según el guardia, el escrache frente al hotel “no solo estaba organizado, sino estructurado y orquestado”, pero no ha podido precisar si las cuatro personas que lo organizaban “pertenecían a alguna asociación”.

Con todo, las defensas han logrado que ningún agente haya podido trazar un vínculo entre los dirigentes soberanistas acusados y los actos de protesta y las amenazas. Es decir, que ni uno de los testigos ha señalado a los acusados como promotores o instigadores de las situaciones de tensión que denunciaron. 

Por otro lado, a preguntas del fiscal Fidel Cadena, una mossa d’esquadra no ha recordado si envió un whatsapp con las direcciones de hoteles donde se alojaban policías y guardias civiles en Lleida. “No me suena el whatsapp, no lo recuerdo”, ha dicho. El interrogatorio ha finalizado a los cinco minutos, después de que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, haya advertido al fiscal de que algunas de sus preguntas parece que vayan dirigidas a buscar “la imputación” de la testigo.