El secretario general de la ONU, António Guterres, alabó este viernes al jefe del gobierno libio, Fayez al Serraj, sostenido por la ONU, y el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este del país, por los «progresos» alcanzados en la reunión que ambos mantuvieron el pasado 27 de febrero.

«El secretario general elogió a ambas partes por el progreso logrado, en particular por el acuerdo sobre la necesidad de poner fin a las etapas de transición mediante la celebración de elecciones generales y también por su compromiso de mantener la estabilidad en el país y unificar sus instituciones», aseguró el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric en una rueda de prensa.

Asimismo, Guterres mostró su esperanza en que se logren más avances hacia la solución del conflicto libio.

Ambos dirigentes se reunieron este miércoles en Abu Dhabi en el primer encuentro bilateral desde la cumbre de Palermo, el pasado noviembre.

El plan para la convocatoria de elecciones fue presentado por la ONU en 2017 y en un principio se topó con la negativa del mariscal.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los distintos grupos rebeldes que se levantaron contra el dictador Muamar al Gadafi.

Desde 2015 tiene dos focos de poder, uno sostenido por la ONU en Trípoli que apenas controla la capital y unos pocos núcleos urbanos, y otro en la ciudad oriental de Tobruk, tutelado por Hafter.

El mariscal dio un paso decisivo este febrero al conquistar lo yacimientos de petróleo de Al Sharara y Al Fil, los más importantes del oeste de Libia y claves para la subsistencia energética y económica de Trípoli.

La toma de ambos yacimientos le garantiza el control de toda la industria petrolera libia, que en tiempos de Al Gadafi generaba en torno a 1,6 millones de barriles de crudo diario.

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