Javier F. Ferrero

‘La Nueva Manada’. Así se hacen llamar cuatro hombres, entre los que se encuentra un menor, que han sido detenidos por la Policía Nacional de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria) como presuntos autores de la violación múltiple de una menor de edad. Cuatro hombres contra una niña, los monstruos ya salen de debajo de la cama.

La víctima de esta violación múltiple fue drogada y la acción fue grabada a través de al menos uno de los teléfonos móviles de los presuntos autores, inanimado testigo de una nueva vida traumatizada, al igual que ocurrió en la violación de ‘La Manada’ original.

La condición mediática que se le ha otorgado a los cinco violadores de ‘La Manada’ y el hecho de que ahora mismo estén disfrutando de su libertad e, incluso, cerrando entrevistas con diferentes medios, pone una pregunta sobre la mesa: ¿hubiese ocurrido esta violación en Gran Canaria si ‘La Manada’ original aún estuviese en la cárcel?

Personalmente, creo que no. Lo demuestra el comportamiento de los presuntos culpables de la violación durante su detención, orgullos y altaneros, reclamando para ellos la condición de ‘La Nueva Manada’, según dijeron fuentes policiales. Los cuatro involucrados quisieron equipararse a los cinco condenados por abuso sexual cometido sobre la joven madrileña en Pamplona que acaban de ser puestos en libertad. Libre albedrío para cinco violadores condenados y espejo donde pueden mirarse potenciales agresores.

Orgullo de violador. Altanería mediática al creerse falsos ídolos por salir en televisión, aún con el metal rodeando sus muñecas, elucubrando entrevistas en diferentes medios y viendo como defienden sus acciones periodistas rancios con sus rancios argumentos. Volveremos a escuchar lo de “por las imágenes parece que fue una relación consentida y placentera”.

Los detenidos permanecían este martes en los calabozos de la comisaría de Policía de San Bartolomé de Tirajana y en algún momento profirieron voces de celebración que llamaron la atención de los agentes que los custodian. Es el grito del que se siente orgulloso de sus actos, de haber seguido el camino marcado por otros. Y otros vendrán si no cambian ya las cosas.

La justicia no ha creado monstruos, ya que no lanza a energúmenos a violar a menores, pero la falta de dureza ante hechos similares sí anima a que se den este tipo de situaciones. Necesitamos medidas ejemplares y que los agresores sepan con total seguridad que las agresiones sexuales significan perder media vida entre cuatro paredes. Dureza, por favor.

 

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