Claudia

La huelga como reivindicación nació a partir de una demanda social muy evidente: la lucha por mantener unas condiciones dignas en nuestro entorno laboral. Con el paso de los años, a pesar de mantener un fuerte lazo con sus orígenes, ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo de descontento en muchas otras esferas de nuestras vidas.

A escasos días de la primera huelga feminista en la historia de España, podemos observar que se ha creado un gran ambiente de expectación. Éste ha dividido a una parte de la población en dos curiosos frentes:  mujeres esperanzadas y deseosas de tener voz y hombres indignados por no poder participar de manera tan activa. Me atrevería a puntualizar que la indignación tapa algún tipo de miedo a perder sus privilegios.

A lo largo de las semanas previas a la huelga feminista, se han observado ciertos colectivos de hombres preguntando por qué ellos no pueden participar del mismo modo que nosotras, alegan que cuanta más gente mejor, ¿no?

No vamos a negar que un volumen mayor de participantes en las manifestaciones generaría más impacto en los medios, pero ese no es el objetivo real de este ocho de Marzo. El objetivo de esta huelga es visibilizar un colectivo en concreto, un grupo de personas que han vivido y viven a la sombra del sistema socioeconómico y cultural actual.

Esta vez queremos mostrar el impacto que generaría en la sociedad un día sin la participación de las mujeres en ella. Un solo día sin mujeres en las aulas, ni en sus puestos de trabajo y, por supuesto, un día en el que las mujeres se liberen de su rol como cuidadoras y responsables de las tareas del hogar.

Por ello se pide a los hombres que quieran implicarse en la huelga, que antes revisen si pueden hacer algo para que alguna compañera pueda ir. Porque asistir a la manifestación es muy bonito, pero no si para ello tienes que dejar a una mujer en casa para que ella cuide de lo demás. No tratamos de atacar o de ningunear a nadie, simplemente, y por pura lógica, pedimos una participación distinta según las necesidades de cada colectivo.

Se trata de un acontecimiento importante, de gran valor social y en el que esperamos generar el impacto necesario para empezar a cambiar este sistema. Por ello, debemos tener en cuenta quién necesita alzar la voz en este tipo de eventos y no caer en el fatídico error de invisibilizarnos en nuestro propio movimiento.

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