Me cuesta entender que rivalidades y antipatías personales puedan lastrar ese pacto, que nos salvaría de la repetición de elecciones. Lo que Pedro Sánchez califica como ‘las derechas’ no suman la mayoría de 175 escaños necesarios para investir presidente a Pablo Casado –porque a él le correspondería, en su caso, el sillón en La Moncloa que inicialmente reclamó Rivera para sí–.

Y, solamente con Podemos y el PNV, tampoco el PSOE lograría formar Gobierno: necesitaría el apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya, que asciende bastante en los sondeos a costa de los otros ‘indepes’, los ‘puigdemonistas’. Y ese apoyo de ERC ya hemos visto en la Legislatura ahora fenecida que resulta complicado, oneroso y efímero, por más que ahora el partido de Oriol Junqueras se quiera presentar como el ‘razonable’ frente a las intransigencias absurdas del tándem Torra-Puigdemont.

Así que sigue quedándonos solamente el pacto de Ciudadanos con el PSOE, visto con buenos ojos en La Moncloa y rechazado tan tajante como precipitadamente por Albert Rivera. Que, ya digo, sigue negándose a interpretar los mensajes que, para lo que valgan, envían las encuestas: o es un acuerdo de centro-izquierda, incluso sugerido, me dicen, por Macron. o el riesgo de que Sánchez, aferrado como una lapa al sillón, se sienta tentado a volver a las actuales andadas del ‘Frankenstein’ es alto. Casi tan alto como tener, en última instancia, que repetir las elecciones allá por octubre. Y eso, supongo, los españoles lo perdonarían muy difícilmente.

Vaticino un cambio en las posiciones de Casado, que cometió la enorme torpeza de afirmar que su deseo irrevocable sería formar coalición con el Partido Popular. El líder de Ciudadanos carece de implantación, de pulmón financiero, de respaldos exteriores y de apoyo demoscópico para intentar aventuras imposibles. Y, además, a los suyos no les gustaría tener a Vox en esa alianza con los ‘populares’, por mucho que el partido de la derecha extrema se muestre ahora lo más moderado que su naturaleza le permite.

A Casado, pienso, no le quedará otra que dar su brazo a torcer y aliarse, tapándose la nariz, con un Pedro Sánchez que sin duda encabeza la formación que será más votada. Salvo, claro está, que los muchos imprevistos, sucedidos, sucesos y tropiezos que puedan traer los veintisiete días que quedan hasta la marcha a las urnas provoquen un vuelco espectacular sobre los resultados que ahora profetizan, unánimes en lo básico, las muchas encuestas que hoy, y hasta que la absurda prohibición de publicarlas entre en vigor, nos abruman. Hagan sus apuestas.