La emergencia económica derivada del coronavirus ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de implantar una renta mínima. Ya en 2014 Podemos planteó la propuesta de una “renta mínima garantizada” para luchar “contra la pobreza y la exclusión social, erradicar la pobreza infantil, la exclusión residencial y la vulnerabilidad extrema”.

Esa propuesta, desestimada anteriormente por el resto de partidos, podría convertirse ahora en realidad con Pablo Iglesias presionando en el seno de la coalición de gobierno y recibiendo apoyos inesperados como el del periódico económico «Financial Times», que subrayó hace unos días en uno de sus editoriales que “políticas consideradas excéntricas hasta ahora, como la renta básica, tendrán que formar parte de las propuestas” para salir de la crisis provocada por la pandemia.

También Luis de Guindos, exministro del PP y vicepresidente del Banco Central Europeo, y Toni Roldán, portavoz de Economía y secretario de Programas y Áreas Sectoriales de Ciudadanos hasta 2019, avalan la medida de Podemos. Roldán señaló en una entrevista que: “Necesitamos una renta básica. Hay que invertir en eso, la ayuda se necesita ayer, porque hay mucha gente viviendo al límite y que no puede pagar las facturas”.

En la parte contraria desacreditando la propuesta se encontraban los medios conservadores como ABC: “Aumentaría el déficit y la presión fiscal a las rentas más altas”, OK Diario: “Si eso lo pueden soportar nuestras arcas, que venga Dios y lo vea” o La Razón: “Es un gasto que alguien tiene que financiar: el Estado o los inversores”.

Juan Ramón Rallo señalaba que: “Es puro humo. Un subsidio así significa generalizar el expolio, sería devastador”, y David Lacalle denunciaba “es inmoral y no es viable. Es una paguita asistencialista que llevaría a un déficit desproporcionado y que generaría un clarísimo efecto llamada”.

El rechazo también llegó del entonces presidente Mariano Rajoy: “Decir voy a dar 6.000, voy a dar 8.000, voy a dar 10.000… no podemos entrar en esa dinámica porque no conduce a parte alguna. No me voy a apuntar a eso”, Albert Rivera: “Es inviable en lo económico” o Pedro Sánchez: “No es viable económicamente. ¿De dónde se va a sacar ese dinero? No es justo en absoluto”, que más tarde fue abriéndose a la posibilidad de implantar el ingreso mínimo.

Esta iniciativa necesita vencer la resistencia de los ministros más conservadores del PSOE, encabezados por Nadia Calviño, y para ello es clave la presión que están ejerciendo los ministros de Unidas Podemos que ya lograron que la medida se incluyera en el pacto de Gobierno de Coalición firmado con los socialistas.

«Financial Times» en un editorial reclama un papel más relevante del Estado, revisión de los privilegios, redistribución de la riqueza, mercados laborales más seguros, entender el gasto social como inversión e incluso un debate serio sobre la renta mínima ,algo muy alejado de la ideología que defendía hasta ahora.

El diario británico asegura que: “Será necesario poner sobre la mesa reformas radicales, que inviertan la dirección política predominante de las últimas cuatro décadas. Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deben ver los servicios públicos como inversiones en lugar de pasivos, y buscar formas de hacer que los mercados laborales sean menos inseguros. La redistribución volverá a estar en la agenda; los privilegios de las personas mayores y de los más ricos serán cuestionados. Las políticas hasta hace poco consideradas excéntricas, como la renta básica o los impuestos a la riqueza, tendrán que estar en el mix”.

La lucha por contener la epidemia ha evidenciado la falta de preparación de los sistemas de salud y la fragilidad de las economías de muchos países que tratan de evitar las quiebras y tienen que hacer frente al desempleo masivo. En los sectores de hostelería, ocio y otros servicios, que estaban en peor situación, se han perdido millones de empleos. Cuidadores, repartidores, reponedores o limpiadores, empleos con salarios bajos, deben trabajar arriesgando sus vidas, mientras que el único inconveniente para los mejor pagados es trabajar desde casa. Se destaca así que los bloqueos económicos están imponiendo un mayor coste a los que ya estaban en peor situación.

El diario asegura que es necesario el apoyo presupuestario de los gobiernos a la economía pero en cierto modo empeorará las cosas. “Los países que han permitido la aparición de un mercado de trabajo irregular y precario están teniendo dificultades especiales para canalizar la ayuda financiera a los trabajadores con un empleo tan inseguro. Entretanto, una amplia relajación monetaria por parte de los bancos centrales ayudará a los ricos en activos. Detrás de todo esto, los servicios públicos con financiación insuficiente están crujiendo bajo el peso de la aplicación de las políticas de la crisis”, añade.

Además señala que “La forma en que hacemos la guerra contra el virus beneficia a algunos a expensas de otros. Las víctimas del Covid-19 son abrumadoramente las personas mayores. Pero las mayores víctimas de los cierres son los jóvenes y activos, a los que se les pide que suspendan su educación y renuncien a sus necesarios ingresos” y subraya que “los sacrificios son inevitables, pero cada sociedad debe demostrar cómo ofrecerá una restitución a aquellos que soportan la mayor carga de los esfuerzos nacionales”.

Para el diario británico la analogía entre las medidas que están adoptando los gobiernos para mantener las empresas y los ingresos y la economía de guerra que no experimentaban desde hace siete décadas los países occidentales va más lejos.

“Los líderes que ganaron la II Guerra Mundial no esperaron a la victoria para planear lo que vendría después. Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill publicaron la Carta del Atlántico, estableciendo el rumbo de las Naciones Unidas, en 1941. El Reino Unido publicó el Informe Beveridge, su compromiso con un estado de bienestar universal, en 1942. En 1944, la conferencia de Bretton Woods forjó la arquitectura financiera de la posguerra. Ese mismo tipo de previsión se necesita hoy en día. Más allá de la guerra de salud pública, los verdaderos líderes se movilizarán ahora para ganar la paz”, concluye.

Fuentes: Última Hora, El Boletín, Financial Times.