Por Javier Díaz Ortiz

Este viernes día primero del mes de junio ha sido un gran día para la democracia. España se ha despojado del hasta hoy Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, un lastre para el avance del país. Un país que hoy ha desalojado, por fin, al gobierno de la corrupción, de las mentiras insostenibles, de la ley mordaza, de los recortes, de la pobreza infantil, de las pensiones miserables, de las injerencias en el Poder Judicial, de las cargas policiales desmedidas, de las medallas a torturadores, de la amenaza a la libertad de expresión, de los desahucios, de las cuchillas en las vallas, de los exiliados, de la represión, del M. Rajoy, y de tantas y tantas ofensas a los derechos, la libertad y la democracia. En definitiva, hoy se ha desalojado a la derecha corrupta y falsa del Partido Popular.

España no quiere sus gracias; pida perdón, devuelva lo robado, colabore con la justicia y desaparezca de las instituciones.

La jornada de hoy es el punto final a un proceso de putrefacción orgánica del PP que se inició con el descubrimiento de la trama Gürtel, y cuyas consecuencias se han acelerado tras la publicación de la sentencia de la Audiencia Nacional en la que se considera probado que en el seno del partido “se creó un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional” con cuyas comisiones se financiaba el Partido Popular, condenado, junto con algunos de sus antiguos altos cargos, a pagar una multa de 245.000 euros al ser considerado partícipe a título lucrativo en la trama de corrupción más grande de la historia de este país.

El 1 de junio de 2018 será desde ahora un día histórico para recordar. No solo porque se ha dado un gran paso en la lucha contra la corrupción expulsando del Gobierno al PP, sino porque es la primera moción de censura que sale adelante. En este caso, a la cuarta va a la vencida, ya que este instrumento ya se había puesto en práctica en tres ocasiones desde la aprobación del texto constitucional: 1980 contra A. Suárez (candidato fallido F. González), 1987 contra F. González (candidato fallido A. Hernández Mancha) y 2017 contra M. Rajoy (candidato fallido P. Iglesias). Esto demuestra que, no solo es la primera moción de censura que triunfa, sino que es la única vez en la que se han presentado dos mociones contra el mismo presidente. Pero, ¿qué es y cómo funciona una moción de censura? Es un mecanismo parlamentario previsto en el Artículo 113 de la Constitución, y que permite al Congreso de los Diputados forzar la salida de un Presidente y su Gobierno mediante la adopción. Ahora bien, la moción de censura en este país es siempre constructiva, es decir, que la mayoría absoluta de la cámara baja debe otorgar su confianza a un nuevo candidato que sustituya al censurado, ya que el Congreso de los Diputados no tiene la potestad para disolver las Cortes Generales y convocar elecciones. La única herramienta que permite a la cámara baja destituir a un Presidente sin aportar un candidato alternativo es la cuestión de confianza, cuyo funcionamiento y efectos son similares a la moción de censura, pero cuya iniciativa se encuentra en manos del propio Presidente del Gobierno.

Hasta la conclusión de esta moción se han vivido jornadas de debates, negociaciones y pactos propios en este sentido, lo cual se identifica con el sentido natural de la política. Pero también se han arrojado acusaciones y propuestas vergonzosas, de una calidad democrática inexistente. Por una parte, el agonizante PP se revolvía contra Pedro Sánchez por buscar el apoyo necesario de partidos independentistas. Una acusación realmente hipócrita si tenemos en cuenta que Aznar fue presidente con el apoyo del PNV y la entonces CiU (presidida por el independentista y presunto corrupto Jordi Pujol). Por su parte, Ciudadanos hizo lo propio, es decir, el ridículo más penoso. En pleno éxtasis inducido por los sondeos sospechosamente favorables para su formación, Albert Rivera comenzó a proponer alternativas inviables que chocaban de manera manifiesta con las disposiciones del texto constitucional. Por desgracia, no es nuevo que en este país los que se invisten valedores de la Constitución apenas la han abierto un par de veces en su vida, y acaban por protagonizar bochornos como este. Rivera, tras conocer la presentación de la moción, anunciaba que si Rajoy no convocaba elecciones, él mismo iniciaría una moción de censura propia. Si el presidente de Ciudadanos hubiera tenido la deferencia de leer la Constitución, más allá del artículo 155, habría descubierto que: ni el Presidente del Gobierno no puede convocar elecciones cuando ya se ha presentado una moción de censura (artículo 115.2), ni su formación tiene suficientes escaños para promover una moción propia (artículo 113.2). Una lectura superficial del texto habría sido suficiente, pero evitar el cuñadismo sería obligar a ciudadanos a suprimir una de sus señas de identidad.

A partir de ahora, se abre una etapa nada clara de gobierno. Pedro Sánchez parece estar dispuesto a agotar lo que queda de legislatura hasta 2020, para lo que necesita del apoyo de varios grupos parlamentarios, ya que se encuentra en una minoría remarcada. No obstante las dificultades, este nuevo sistema de Gobierno obligado a la negociación constante ofrece una sana esperanza para la democracia, constituyendo una oportunidad para que la vida parlamentaria sea verdaderamente el eje central de la toma de decisiones, y la pluralidad política reflejada en el hemiciclo se ponga de manifiesto en las políticas adoptadas mediante acuerdos y no por imposición autoritaria de una mayoría que desvirtúa una de las vigas maestras de la democracia parlamentaria como es la negociación entre fuerzas. De una manera u otra, el futuro se presenta desde una nueva perspectiva, porque la democracia ha vencido a la corrupción, porque la unión frente a sus desmanes lo hizo posible, porque sí se puede. Por todo ello hoy se puede concluir con verdadera satisfacción: adiós.

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