Dalilasins

En el año 2005 entra en vigor la ley contra la violencia de género en España.

El Gobierno Central destina unas partidas económicas para que desde los ayuntamientos se afronte la problemática que genera la violencia machista. Los recursos han ido disminuyendo desde el inicio de la crisis. Gracias al voluntariado, que los mismos ayuntamientos promueven, se logra que siga funcionando la atención a víctimas de violencia de género. ¿Siempre y de forma inequívoca se revierten los recursos económicos para quien están destinados?

Algunas mujeres que sufren o han padecido maltrato en la familia, se ofrecen voluntarias para acompañar a víctimas de violencia de género. Dedican tiempo, recursos, esfuerzo, hasta dinero que no tienen. Son las que ven cómo actúan y perciben el trato de coordinadoras, políticos, funcionarios de la administración.

Ilustración de Javier F. Ferrero

¿Qué hacer ante un testimonio real?

Una voluntaria explica a través de una carta:

Llevo unos 10 años con mi pareja. Hace seis tomé conciencia del trato vejatorio y cruel que él ejerce sobre mí. Estoy en paro y no encuentro trabajo para poder salir, junto a mi hija, de esta situación.

Hará unos cinco años, en el mercadillo del pueblo vi una carpa donde vendían ropa usada con un cartel en el que se pedían voluntarias. Pregunté. Me explicaron que era para recaudar fondos destinados a la casa de acogida de mujeres contra la violencia de género. Dejé mis datos.

Soy colaboradora en servicios sociales para mayores y pacientes en el hospital y sé que gusta mi forma de proceder. Eso llamó la atención a las coordinadoras de la Concejalía de Igualdad, que son las que seleccionan a las voluntarias. No tardaron en llamar y proponerme acompañar a víctimas de violencia machista tras cursillo a en el mismo ayuntamiento.

Empecé a colaborar cuando gobernaba el PP y seguí cuando cambió el gobierno. El departamento de las voluntarias continuó funcionando.

A coordinadoras, funcionarios, como políticos y políticas, les gusta hacer fotos para destacar la enorme labor, tiempo y esfuerzo que desempeñamos las voluntarias. ¿Son conscientes, realmente, del titánico trabajo que hacemos?

Las ayudas económicas que el Gobierno Central destina a esta causa no parecen llegar nunca. Las voluntarias, en ocasiones, tenemos que acompañar a las víctimas de violencia de género al hospital y no nos proporcionan ni el billete para el transporte. Eso complica mucho nuestra labor pues nuestra economía particular ya es muy complicada. Desde la Concejalía tienen conocimiento de la situación por la que pasamos muchas de las voluntarias: “violencia en el hogar y desempleo.”

Hay más problemas. El servicio de psicólogas y abogadas no siempre proporciona la confianza y apoyo que las víctimas necesitan. En muchas ocasiones se las pone en duda y los abogados dejan claro que sólo pueden asesorar y no llevar ningún caso. Esto genera en las víctimas más sensación de desamparo.  

A las voluntarias se nos pide que hagamos trabajos que se alejan de la verdadera fundación para la que llegamos. 

Empezamos 25 voluntarias y es la misma Concejalía de Igualdad del ayuntamiento la que nos recomienda que formemos una Asociación para formalizar nuestra situación. Así lo hicimos, somos la Asociación Feminista, mujeres con problemática de mujeres y todas nos ponemos al mismo nivel. Ya sumamos 200 mujeres.

Entendemos el prestigio que da a coordinadores y políticos éste tipo de departamentos. Por eso se nos anima a las voluntarias a trabajar en la misma línea y se nos promete que llegará la ayuda económica que tanta falta hace. Se nos pide paciencia y silencio. Seguimos porque somos conscientes de que hay mujeres en peores situaciones y ¿cómo abandonarlas si ellas no son las culpables del mal funcionamiento de la administración?»

¿Cómo planteárselo al gobierno?

¿Por qué se les pide silencio y paciencia a las voluntarias? ¿Dónde acaban las ayudas económicas para este tipo de servicios?

Son mujeres que han sufrido y/o sufren violencia de género y comprueban cómo la administración las utiliza, pero no las ayuda económicamente. Ven que los recursos no revierten en las víctimas y el trato que reciben, por personal de la propia administración, no es el más adecuado para la situación que les toca vivir.

Es la delación de una posible malversación de ayudas y cómo se utiliza un problema de vulnerabilidad real para dar prestigio a cabezas visibles, promocionar a personas particulares por ser la imagen de partidos políticos. En lugar de solucionar, ahondar en la situación, agravan el problemática. No tratan de forma adecuada y se aprovechan de las voluntarias que hacen todo el trabajo.

La carta expone que el voluntariado les ocupa tanto tiempo y energía que les resulta materialmente imposible encontrar momentos para buscar una ocupación remunerada que les ayude a salir de la propia precariedad. Denuncia que les hacen trabajar, de forma gratuita, en obligaciones que corresponden a las regidoras y a los políticos. Para eso fueron elegidos.

No es una historia única y todas tienen nombres y apellidos de mujeres muy implicadas a pesar de sus propias y complicadas situaciones. Prefieren mantenerse en el anonimato por las circunstancias y evitar que las víctimas de violencia de género, por las que están allí, puedan salir más perjudicadas.

Personas que están en la administraciones públicas, partidos políticos, poder judicial, ¿comprenden qué y cuáles son las actitudes que determinan el maltrato?