En filosofía y sociología, el término hegemonía cultural deriva del griego eghesthai que significa conducir, ser guía, ser jefe, o tal vez del verbo eghemonero que significa guiar, preceder, conducir, y del cual deriva estar al frente, comandar, gobernar..

Es un concepto que designa la dominación de la sociedad, culturalmente diversa, por la clase dominante, cuya cosmovisión, desde las creencias, a la moral, pasando por las explicaciones, las percepciones, las instituciones, los valores o las costumbres; se convierte en la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal. El método geopolítico de dominación imperialista indirecta.

La hegemonía cultural es un término ampliamente desarrollado por Antonio Gramsci para analizar las clases sociales, la superestructura y la dominación de la clase dominante. Entendía Gramsci que las normas culturales vigentes de una sociedad son impuestas por los poderosos (hegemonía cultural burguesa), de manera que no deberían percibirse como naturales o inevitables, sino reconocidas como una construcción social artificial y como instrumentos de dominación de clase.

Entender y analizar la hegemonía cultural sería indispensable para una liberación política e intelectual del proletariado, reivindicando y creando su propia cultura de clase.

La hegemonía gramsciana

Gramsci, que fue sobre todo un político práctico, en su desarrollo de la hegemonía cultural, se aleja de la superestructura clásica de Marx y la teoría de la «maldad estructural» del teólogo de la liberación Walter Wink para analizar y proponer la acción política, enfatizando la subjetividad, otorgando un lugar importante a la ideología y a la dirección política y cultural.

El intelectual marxista italiano señala la descorporativización del proletariado y, en consecuencia, a la operativización de alianzas que incluyan a todos los que tienen similar situación de explotación. Propone la construcción de una “nueva hegemonía” donde el nuevo príncipe maquiavélico es “el partido”, central como así también la actividad política de los intelectuales orgánicos para cimentar ideología y develar situaciones para lograr el paso de “la consciencia en sí” a “la conciencia para sí”.

El aporte más significativo de Gramsci en este ámbito es el “aspecto consensual” que el italiano agrega al concepto para entender la dominación burguesa desde el Estado, al que define como hegemonía acorazada de coerción. Con la categoría de hegemonía indica el modo en que el proletariado debe construir una nueva hegemonía, previo a la conquista del Estado y su posterior transformación.

El Estado es concebido como un organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo; pero este desarrollo y esta expansión son concebidos y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías “nacionales”. El grupo dominante es coordinado concretamente con los intereses generales de los grupos subordinados y la vida estatal es concebida como una formación y superación continua de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley) entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios donde los intereses del grupo dominante prevalecen hasta cierto punto, o sea, hasta el punto en que chocan con el mezquino interés económico-corporativo. (1978: 72). Antonio Gramsci

Gramsci apunta a que la clase dominante ejerce su poder no sólo por la coacción, sino porque logra imponer su visión del mundo a través de los medios de comunicación, la publicidad, el colegio, etc., lo que favorece el reconocimiento de su dominación por las clases dominadas.

Antonio Gramsci deja de ver a las superestructuras como un epifenómeno determinado directamente por la estructura, y otorga a la hegemonía cultural un lugar central en la dominación del capitalismo. Lo hace observando su contexto político y social, y desde su lugar de teórico y militante comprometido propone “tomar y fundar” el Estado.

Para que el proletariado pueda construir este nuevo poder, su propia hegemonía, debe buscar consensos y alianzas entre todas las clases oprimidas que se unan en la negación al régimen burgués que las oprime:

El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consiga crear un sistema de alianza de clases que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, lo cual quiere decir en Italia, dadas las reales relaciones de clase existentes en Italia, en la medida en que consigue obtener el consenso de las amplias masas campesinas, …comprender las exigencias de clase que representan, incorporar esas en su programa revolucionariode transición y plantear esas exigencias entre sus reivindicaciones de lucha. (Gramsci, Algunos temas de la cuestión Meridional en Sacristán, 2004:192)

Antonio Gramsci - hegemonía cultural

Hegemonía cultural y globalización

En la globalización, el problema de  la hegemonía cultural se radicaliza. El mercado adopta un discurso y un dominio que profundiza en el mensaje de que el capitalismo es un sistema único e irrenunciable y se vende como la única manera de entender el desarrollo de la especie humana.

Noam Chomsky, Ignacio Ramonet o Samir Amin, todo autores contemporáneos que trabajan el tema de hegemonía y cultura, la globalización extiende el control de la minoría privilegiada contra la mayoría subordinada en un marco en el cual se anexa progresivamente el pensamiento desregulado de Mercado con un proyecto cultural hegemónico en el planeta.


Fuentes:

Estudios Sociales Contemporáneos. El concepto de Hegemonía en Gramsci

Mouffe, Chantal, «Hegemonía e Ideología en Gramsci», de Chantal Mouffe

De los Medios a las Mediaciones: Comunicación, cultura y hegemonía, de Jesús Martín-Barbero