Raquel Montón
Responsable de la campaña antinuclear de Greenpeace España


Predicando en el desierto desde hace años y parece que fue ayer. Justamente hace una década decíamos en la cumbre sobre Cambio Climático, convocada por el secretario General de Naciones Unidas (en la que esperábamos que fuera una reunión histórica porque Obama estaba allí por primera vez), que la responsabilidad para solucionar la crisis del clima recae sobre los hombros de los jefes de Estado y que es hora de aceptar la ciencia y unir esfuerzos para sacar al mundo del borde del caos climático (es textual). Hoy seguimos diciendo prácticamente lo mismo tras la cumbre del clima de este lunes convocada también por el secretario General de Naciones Unidas (que ahora es otro) y sin Obama (que ha sido sustituido por otro, peor que el anterior). 

Hace diez años le pedíamos al entonces presidente del Gobierno español, que asistía a la Asamblea General de Naciones Unidas (igual que ahora, con la diferencia de que hoy solo tenemos un presidente en funciones), que no se quedara contemplando el deshielo del Ártico, el aumento del nivel del mar o el auge de los grandes incendios (también es textual). 

Desgraciadamente poco nos equivocamos en nuestras peticiones porque este pasado lunes conocimos que el deshielo del Ártico va a toda velocidad, que el nivel medio global del mar ha ascendido a 5 mm por año y que sólo en el mes de junio los incendios forestales han emitido 50 megatoneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Lo del Ártico nos lo contaban desde el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo, dependiente de la NASA, que anunciaba que se alcanzaba la extensión mínima anual de hielo marino del Ártico para 2019, una extensión de 4,15 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en el segundo peor año de la historia, junto con 2007 y 2016. Lo del nivel del mar y los incendios lo leíamos también este lunes en el informe que publicaba la Organización Meteorológica Mundial. De todos modos, en España lo sabemos bien casi sin necesidad de leer informes, solo con observar este verano de agua y fuego

También hace diez años decíamos que el presidente español había manifestado voluntad política, sin concretar ningún compromiso de alcance, muy parecido a lo ocurrido estos días.

Pero no todo sigue igual. Tal semana como esta hace una década estábamos frente a las torres de refrigeración de la central térmica de As Pontes (A Coruña), la mayor fábrica de cambio climático de España y una de las mayores de Europa, exigiendo su fin. No hemos parado de denunciarlo en todo este tiempo y esta semana nos enteramos de que “As Pontes reclama una reconversión planificada ante un futuro sin carbón”. Tampoco están igual las renovables en España, que han pasado de cubrir el 42% de nuestra demanda eléctrica en 2008 al 52% en la actualidad, pese a todos los impedimentos habidos y por haber. Pero es evidente que a este ritmo el colapso que los millones de jóvenes señalan por la emergencia climática (que era una verdad incómoda hace una decena de años) es ya el principio de una realidad.

Pero no es momento de abandonar, no es momento de dejar que administraciones y empresas evadan su responsabilidad para poner los medios y los remedios, porque, detrás de cada gramo de emisión por habitante, hay una eléctrica, una cementera, un fabricante de piensos, una papelera o una empresa ganadera. La lucha contra el cambio climático empezó hace mucho tiempo, pero la movilización comienza ahora y conlleva un bien enorme para el conjunto de la humanidad.