Acabo de llegar de Adén y Sanaa, donde he visto lo que tres años de guerra intensa -después de décadas de poco desarrollo y de una indiferencia internacional crónica- pueden causar en los niños: están fuera de la escuela, se han visto obligados a combatir o a casarse, están hambrientos y mueren de enfermedadesprevenibles. Hoy, 11 millones de niños en Yemen, más que toda la población de Suiza, necesitan ayudapara obtener alimentos, tratamientos, educación y agua y saneamiento.

Desde 2015, debido a los ataques aéreos y los bombardeos, más de la mitad de los centros de salud han dejado de funcionar y 1.500 escuelas han sufrido daños. Al menos 2.200 niños han muerto y 3.400 han resultado heridos. Estos son solo los datos que hemos podido verificar. Las cifras reales podrían ser aún más altas.

No hay justificación para esta matanza.

En Adén, en un centro que ofrece apoyo psicosocial a niños que huyeron de la violencia en Hodeida, una niña me entregó un dibujo del mundo en el que le gustaría vivir. Mostraba a una niña bien vestida sentada en un parque con una amiga en un día soleado, justo al lado de una gran casa. Era lo opuesto al mundo que la rodeaba, donde imperan el desplazamiento, la destrucción y el miedo.

En Sanaa, en un pabellón para niños desnutridos, vi a un niño de ocho meses que pesa lo mismo que un bebé recién nacido. En una unidad de cuidados intensivos para recién nacidos vi a pequeños bebés en incubadoras luchando por respirar. Entre ellos había un par de gemelos siameses que necesitan cirugía para sobrevivir, una cirugía que no se puede realizar en Yemen. La unidad, en el hospital principal de la ciudad, no tiene una fuente de electricidad de emergencia; durante los cortes del suministro eléctrico depende de generadores alimentados con combustible. Pero los cortes son frecuentes y el combustible es escaso y caro. He conocido a trabajadores sanitarios comprometidos y desbordados, que hacen todo lo posible para salvar vidas ofreciendo atención y medicamentos sin costo para sus pacientes. Es posible que hayan ayudado a frenar la propagación del peor brote de cólera de la historia, pero llevan dos años sin cobrar su salario.

Sin embargo, el conflicto continúa.

En Hodeida, 5.000 familias han huido de sus hogares en las últimas dos semanas. Los equipos de UNICEF sobre el terreno han informado de que gran parte de las tiendas, panaderías y restaurantes de la ciudad están cerrados, lo que limita la disponibilidad de suministros en el mercado. Los suministros de productos básicos como la harina de trigo, el aceite vegetal y el gas para cocinar están disminuyendo. En la última semana, el precio del trigo y el aceite vegetal han aumentado un 30%, y el del gas de cocina un 50%. No hay electricidad en la mayor parte de la ciudad, y el daño a las tuberías de suministro de agua ha causado una grave escasez de agua.

El jueves llegaron a Hodeida, procedentes de Yibuti, más de 50 toneladas de artículos médicos de UNICEF, incluidos antibióticos, paracetamol y ácido fólico para 250.000 mujeres y niños. Antes de este envío, y antes de que comenzara la batalla por Hodeida, UNICEF preparó suficientes suministros para ayudar a reponer los centros de salud y proporcionar artículos básicos de salud a 500.000 personas, entre ellas mujeres embarazadas, bebés y niños.

En Hodeida, como en el resto del país, la necesidad de que llegue la paz nunca ha sido más urgente. Las partes en el conflicto, y quienes tienen influencia sobre ellas, deberían unirse a los esfuerzos diplomáticos para evitar un mayor deterioro de la situación en todo el país, así como reanudar las negociaciones de paz.

También es fundamental que las familias que desean huir puedan hacerlo de manera segura y que se proteja la infraestructura civil, incluidas las escuelas, los hospitales y las instalaciones de agua. En una crisis de esta magnitud, las organizaciones humanitarias deberían poder enviar a sus equipos rápidamente y sin demora para ayudar a los afectados.

La protección de los niños, tanto contra las minas terrestres como contra el reclutamiento, la explotación y los ataques, debe seguir siendo primordial en todo momento.

UNICEF permanece sobre el terreno en Adén, Sanaa, Ibb, Hodeida y Saada con un equipo de más de 250 personas, la mayoría de ellas yemeníes que trabajan arduamente para atender a los niños al mismo tiempo que tienen que hacer frente a los desafíos cotidianos de la vida en una zona de guerra. En lo que va del año, mediante la colaboración con nuestros aliados gubernamentales y las organizaciones no gubernamentales, hemos podido:

  • Proporcionar ayuda en efectivo a alrededor de 9 millones de personas mediante una iniciativa conjunta con el Grupo del Banco Mundial para aumentar el poder adquisitivo de las familias vulnerables.
  • Distribuir agua potable a 4,6 millones de personas a través de la rehabilitación de los sistemas públicos de agua.
  • Dar tratamiento a casi 80.000 niños menores de cinco años con desnutrición grave.
  • Ofrecer atención sanitaria primaria a casi medio millón de niños.

Nos comprometemos a hacer todo lo posible para ayudar a los niños y los jóvenes de Yemen, pero debería encontrarse una solución política al conflicto. Todos debemos dar una oportunidad a la paz. Es el único camino a seguir.

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