Carmen De Bock Cano


Me ha llamado la atención la opinión recientemente publicada en una columna de un periódico de tirada nacional titulada “ A la caza de la caza”, empleando en ella una serie de calificativos sobre el Animalismo.

Perplejos nos quedamos muchos como indica el título de la columna, “El Club de los Perplejos” cuando leemos opiniones y prensa que airean a los cuatro vientos las ideas que niegan la defensa de los animales y que nos hacen retroceder a la caverna.

Hoy el movimiento animalista es fuerte. Hay que entender que la sociedad cambia y es más crítica con las ideas populistas que han mantenido a la gente en silencio en muchas cuestiones. Es ya hora que después de 40 años de democracia y Constitución la gente quiera sacudirse la mordaza que la mantenía en una inercia silenciosa e indiferente ante el maltrato animal. Hoy, sin lugar a dudas, existe un despertar en las conciencias cuya corriente nos viene de Europa y sus Directivas, pero es que el interés por la protección de los animales viene de antiguo en la propia España, por mucho que han querido esconderlo, y por mucho que quieran hacer de los toros la imagen o marca de país. Sólo hay que leer los recientes estudios sobre ello que lo demuestran históricamente.

Una de las falacias para imponer el criterio economicista en la tauromaquia y en la caza es considerarlo una cuestión de ideología política. De ahí la opinión de este columnista contraria a la ministra socialista actual y achacando al socialismo o al movimiento independentista catalán ese “buenismo animalista”, ese “humanitarismo” hacia los animales como lo llaman. Pero no. Se equivocan los que parten de esas premisas politizando la cuestión animalista, considerándola un asunto de ciertas ideologías políticas. Muy al contrario el animalismo debe entenderse como un tema transversal, así como la ecología. Son aspectos de la vida social que deben impregnar los programas de todos los partidos políticos.  La sensibilidad hacia los animales parte y tiene su origen en la propia conciencia de la ciudadanía y en su creciente anhelo de ampliar los derechos a los animales y de vivir en armonía con la Naturaleza y es esta ciudadanía la que fuerza a los políticos de cualquier color a legislar. Por eso, se equivocan los seguidores de Vox pensando que impondrán por decreto prácticas aberrantes como la caza y la tauromaquia.

Así es como hemos conseguido esta avanzada Ley de Protección animal de La Rioja, a la que alude sarcásticamente el columnista y que pone a esta Comunidad española a la altura de países europeos, pues es la esterilización la que reduce la alta tasa de abandonos y los constantes sacrificios de animales sanos en las perreras.

En esta época que vivimos ya no te llega eso de organizar una becerrada “en homenaje a la mujer cordobesa”, o ese toro masacrado por las calles de Arcos para celebrar la resurrección de Cristo. O incluso ese patronazgo a la fuerza de un santo de Valladolid que da una lección de compasión con un toro escapado de una corrida y sin embargo lo convierten en patrón de toreros.

Y cuántos perros torturados y abandonados cuando se acaba la temporada de caza, que son carne de perreras o el reciente criterio de caza “sostenible”, cuando cada vez se acotan más terrenos y se introducen especies en los cotos artificialmente sólo para esa finalidad lucrativa.

Vivimos otra época en que ya no hay vuelta atrás. Afortunadamente el cambio de mentalidad ha llegado para quedarse.

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