«Hemos fracasado». Pablo Iglesias tira la toalla. El desgaste del ex vicepresidente y ex líder de Podemos hace que, tal y como ha anunciado la noche de este martes, abandone todos los cargos institucionales en política. Con su entrada en la batalla electoral por Madrid se jugó todo a una carta y echó sobre los hombros toda la responsabilidad del resultado, pero la derecha es muy fuerte en Madrid y no consiguió ser revulsivo.

Tras una campaña bronca, tensa por el enfrentamiento contra el fascismo que no todos quieren apoyar pese a lo que supone, marcada por las amenazas de muerte en su contra, los datos de Unidas Podemos en la Comunidad de Madrid, con 10 escaños y 7,21% de apoyo, han precipitado la salida.

«Dejo todos mis cargos. Dejo la política entendida como política de partido e institucional», señaló en su comparecencia rodeado de la plana mayor del partido, incluidas las ministras Irene Montero y Ione Belarra. «Seguiré comprometido con mi país, pero no voy a ser un tapón para la renovación de liderazgos que se tiene que producir en nuestra fuerza política», declaró.

Iglesias ha entendido que se ha convertido en un «chivo expiatorio” que moviliza “los afectos más oscuros y contrarios a la democracia» y ha decidido dar un paso atrás consciente de que no contribuye a «sumar» para que el proyecto de Unidas Podemos pueda “consolidar su peso institucional”.

«El éxito electoral impresionante de la derecha trumpista que representa Ayuso es una tragedia para la sanidad, la educación y los servicios públicos», ha alertado Iglesias. «Auguro que estos resultados van a agudizar los problemas territoriales en España. Nunca Madrid había sido tan diferente», ha señalado, quien ha avisado de que la «deslealtad institucional de la Comunidad de Madrid hacia el Gobierno de España y otras instituciones se va a intensificar».

«Hemos fracasado y hemos estado muy lejos de sumar una mayoría suficiente para armar un Gobierno decente», ha dicho, aunque ha felicitado a la candidata de Más Madrid, Mónica García, que ha superado al PSOE en número de votos.

Lo cierto es que la imagen de Iglesias estaba ya muy tocada, el desgaste era más que evidente y a todos sorprendió que dejase la vicepresidencia del Gobierno para presentar batalla en primera línea en Madrid. Su continua exposición en los medios desde hace años han debilitado su imagen de cambio y su fracaso desde el Gobierno de coalición para lograr cambios palpables, como el de la regulación del alquiler, han dejado expuesto al ex líder de Podemos.

Sin embargo, lejos de quitarle culpa al propio Iglesias, también los poderes mediáticos, políticos y judiciales hicieron un encomiable trabajo para desgastar al ex vicepresidente:

Campañas políticas enfocadas en Iglesias

Iglesias tenía demasiados enemigos. Conscientes de su poder de movilización, tanto la prensa, la justicia y la política nacional se aliaron consciente o inconscientemente para detenerlo fuese como fuese.

Resulta llamativo que tanto la candidata ganadora, Isabel Díaz Ayuso, como la candidata de la extrema derecha, Rocío Monasterio, hayan centrado su campaña en atacar al ex vicepresidente.

”España me debe una, hemos sacado a Iglesias de La Moncloa”, inició la batalla Díaz Ayuso contra el ex vicepresidente. “O comunismo o libertad”, lanzaba en lo que veía una oportunidad para enfocar su campaña, ya que sus medidas y propuestas eran más bien escasas. A partir de ahí, cada declaración de la presidenta de la Comunidad de Madrid se transformó en un ataque personal, en una suerte de lucha personal contra el comunismo que tanto cacareó y que sus votantes, sin entender el por qué, creyeron a pies juntillas.

Monasterio, lejos de poner propuestas sobre la mesa, pidió a su electorado conseguir en estas elecciones que Iglesias «se vaya a su casa». Toda una declaración del odio que representa la extrema derecha y de lo que significa Iglesias para esta ideología intolerante. Atrás queda el debate de la SER en la que el miembro de Podemos trazó una línea roja ante el fascismo y se negó a debatir con quien no era capaz ni de condenar las amenazas de muerte recibidas por el Gobierno.

Prensa y Justicia

Noticias surgidas estos días, como el increíble por su base argumental ‘caso niñera’ o la información que señalaba que dos guardaespaldas de Iglesias fueron detenidos en Vallecas, son un ejemplo de que Podemos empezó la campaña (y lleva ya unos cuantos años) con la máquina de fango del cuarto poder trabajando a pleno rendimiento.

«Periodistas» como Eduardo Inda o Javier Negre se ganan las lentejas cargando contra la persona de Pablo Iglesias desde hace ya demasiado tiempo. No importan las demandas, pues el apoyo de sus lectores cubren los gastos judiciales. Imparables en sus bulos, ni la Justicia ha podido detener el acoso y derribo a Iglesias de una prensa que es de todo menos imparcial.

De igual forma, hace solo unos días, casualmente en la recta final de la campaña, el juez de Instrucción número 46 de Madrid incoaba diligencias para investigar «por el presunto delito de administración desleal» a la ministra de Igualdad y esposa de Iglesias, Irene Montero, por el ‘caso niñera’ citado anteriormente.

Llamativo, pues tal y como explica la magistrada Victoria Rosell, el juez no puede “abrir Diligencias contra Irene Montero” ya que no tiene competencias para ello. Montero está aforada por su condición de ministra y solo puede imputarla el Supremo.

Esto solo es una pequeña muestra de lo más reciente contra Iglesias. La lucha contra el cambio en el panorama político viene de mucho antes y con el ataque a todos los miembros de la formación morada. Por supuesto, no se va a detener ahora, aunque ha conseguido uno de sus objetivos principales: derrocar a la punta de lanza de Podemos.

 

 

 

 

 

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