LA ESTADÍSTICA oficial de Accidentes de Trabajo de 2019 vuelve a constatar el mayor número de accidentes in itinere en mujeres (54%), a pesar de la brecha de género en ocupación (en 2019, 1,6 millones de mujeres ocupadas menos que hombres), proporción que se mantiene estable desde 2012 y que permite ponerlo en relación con dos circunstancias:

– La feminización de la contratación a tiempo parcial. Sabemos que 3 de cada 4 trabajos a tiempo parcial los desempeñan mujeres (el 75%), con sus consecuencias de bajos salarios, por lo que muchas veces deben compaginar varios empleos, aumentando sus desplazamientos y los riesgos anejos ( Ver Otro modelo es necesario: más empleo, más servicios públicos, más protección social y más igualdad).

– Y la doble presencia. Son las mujeres quienes continúan asumiendo mayoritariamente las mayores cargas de trabajo doméstico y responsabilidades de cuidado (Ver Tiempos para la conciliación corresponsable). Esta desigualdad en el uso del tiempo reduce sus posibilidades de descanso, de disfrute del ocio y contribuye a una mayor fatiga, aceleración y estrés en sus actividades cotidianas.

Las consecuencias de la precariedad laboral en la peor salud de las mujeres tiene un reflejo indirecto en el consumo de fármacos. Según la Encuesta sobre alcohol y drogas 2018 publicada por el Ministerio de Sanidad, las mujeres son mayoría entre las personas consumidoras de hipnosedantes (64%) y analgésicos opioides (59%). También se comprueba en el hecho de que este consumo de fármacos es predominante en sectores como educación, sanidad, hostelería, servicios sociales, actividades domésticas… Sectores feminizados en los que hipnosedantes y analgésicos opioides se convierten en las sustancias más consumidas.

Como sabemos, en el sector de la hostelería se observa una particular segregación horizontal, con ocupaciones masculinizadas y otras feminizadas, como las camareras de pisos, sector especialmente castigado por los efectos de la reforma laboral del 2012 y los procesos de externalización y precarización consiguientes. Segun un estudio de la Federación de Servicios de CCOO, el 96% de estas trabajadoras manifestaba síntomas clínicos de ansiedad, el 74% problemas de memoria, el 82% falta de energía, el 70% dolor muscular y el 71,5% consume fármacos para el dolor.

Esta situación de sobrecarga y estrés y sus repercusiones en la salud de las trabajadoras no es única y excepcional. Nos constan que la presentan en términos preocupantes otros sectores feminizados y precarizados, como trabajadoras de residencias de mayores, comercio al por menor, restauración, limpieza, empleo del hogar, jardinería, industria alimentaria, supermercados, atención domiciliaria, trabajadoras agrarias, del ámbito educativo, etc. Y, en general, afectan a la gran mayoría de trabajadoras, que ven perjudicada su salud al doblar su jornada laboral con la doméstica y de cuidados, en ocasiones empeorada por las preocupaciones económicas fruto de la precariedad y por situaciones de acoso sexual y/o acoso por razón de sexo.

Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad, concluye: “Si queremos garantizar el derecho a la salud integral de las mujeres debemos trabajar desde todos nuestros escenarios de actuación por mejorar sus condiciones de trabajo y de vida. CCOO así lo reclama, es imperativo construir otro modelo económico y social que garantice el empleo digno, que acabe con la precariedad y las discriminaciones laborales que afectan especialmente a las mujeres. Porque la igualdad es un constituyente indispensable de una vida saludable, es salud”.

Confederación Sindical de Comisiones Obreras