Feminismos

La huelga feminista se está haciendo cada vez más fuerte. Parece que ya va quedando claro que, cuando las mujeres paramos, se para el mundo, y es por esto que los partidos políticos se están apresurando a la hora de pronunciarse y posicionarse.

En este sentido, una de las declaraciones más polémicas han sido las de Inés Arrimadas, que ha decidido no apoyar la huelga por considerar que ‘se reivindican otras cuestiones ideológicas’ que convendría, en sus propias palabras, no mezclar con la igualdad. De primeras, este pleonasmo parece bastante obvio: sí, el feminismo es ideología, y sí, el feminismo reivindica cuestiones ideológicas tremendamente variadas. Tenemos esa manía de cuestionarlo todo.

Desde Bakunin hasta Marx, pasando por Primo de Rivera y las Cortes de la Segunda República, son muchas las ideologías que han tomado parte del todo y han aportado visiones en las que se entrecruzan otras cuestiones como la clase, la capacidad adquisitiva, o los derechos laborales. El feminismo no es un corpus cerrado, y esto es tremendamente importante, y el feminismo opina sobre cuestiones tan importantes como el salario, el neoliberalismo, y por qué no, el capitalismo, ya que son cuestiones que afectan profundamente a las que pedimos, como bien señala Celia Amorós, dejar de ser las semejantes para ser, de una vez por todas, las iguales. No habrá jamás igualdad sin ideología.

Dentro del movimiento feminista hay personas de todo tipo. Nadie te va a prohibir la entrada por ser capitalista aunque sí que puede ocurrir que te señalen que no está muy bien aquello de querer formar parte de un sistema que explota a nuestras semejantes en fábricas en Bangladesh, que es capaz de mercantilizar hasta los sentimientos, que, en definitiva, favorece a los hombres por encima todos los demás.

¿Cómo no vamos a ser anticapitalistas, señora Arrimadas? Si es el capitalismo el que nos excluye sistemáticamente a favor de los hombres cuando queremos ser madres. Y cuando no queremos serlo, también. ¿Cómo no vamos a ser anticapitalistas, señora Arrimadas, si es este sistema económico voraz y asesino el que favorece la trata de mujeres y niños, el que expolia al mal llamado ‘tercer mundo’, el que, en definitiva, nos mide en función de nuestras capacidades productivas y adquisitivas, y deja sistemáticamente fuera a nuestras abuelas, abuelas en cama tras tantos años de doblar la espalda sin siquiera cotizar? ¿Cómo no vamos a ser anticapitalistas, señora Arrimadas, si cobramos un 24% menos que los hombres por el mismo trabajo? ¿Cómo no vamos a ser anticapitalistas, señora Arrimadas, si las multinacionales nos venden camisetas feministas cosidas por niñas en condiciones de esclavitud, y aquí nadie hace ni dice nada?

Sí, somos anticapitalistas, señora Arrimadas.

Y lo somos porque creemos en la igualdad, y porque por encima de todo sabemos lo que es la opresión, el dolor, y las vejaciones. Y empatizamos con todos aquellos que, en cualquier parte del mundo, sienten lo mismo.

¿Qué feminista querría formar parte de un sistema que es, por definición, injusto?

‘La vocación del poder patriarcal es asignar diferencialmente el poder. La gran paradoja se presenta cuando al acceder a él, le reproducimos de la misma manera que nos oprimió’. Alejandra Restrepo.

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