El negacionismo de la COVID-19 es la creencia de que esta enfermedad infecciosa y la pandemia que ha provocado en 2019 y 2020 no son reales o la gravedad de las mismas no es elevada. Esto lleva a que existan personas que no quieran hacer uso de la vacuna cuando esta esté disponible, poniendo en riesgo su vida y la de los demás ciudadanos y ciudadanas.

Sobre esta situación hablamos hoy con Iñigo De Miguel Beriain, investigador distinguido de la Facultad de Derecho de la Universidad del País Vasco y GI Derecho y Genoma Humano, quién nos ofrece una visión amplia sobre la necesidad de vacunarse o de lo ético o moral que sería que nos obliguen a ello.

¿Con tan poco tiempo de investigación las vacunas serán seguras? ¿Qué posibilidades hay de que se cometa algún error?

Sin ser inmunólogo, diría que serán todo lo seguras que pueda ser una vacuna. Y lo serán más que cualquier fármaco probablemente. No se aprobarán si no es así. Esto no quita para que no pueda haber efectos secundarios que no se hayan identificado en este momento, como en cualquier fármaco o vacuna.

Su efectividad es otra cosa. El error (si es que es un error) será que quizás no sean tan eficientes como prometen las notas de prensa que se han ido publicando.

Cómo usted mismo recoge en su último artículo en The Conversation, se calcula que la vacunación masiva ha ahorrado unos 100 millones de contagios de enfermedades infecciosas en Estados Unidos desde 1924, y unas 9 000 muertes de niños entre 1903 y 1992 en los Países Bajos. ¿Por qué hay tantas dudas entonces entre los ciudadanos? ¿Porqué es importante vacunarse?

No sabría explicar el origen de la duda. Habría que preguntar a los ciudadanos. Vacunarse es importante para protegerse a uno mismo y a los demás. En casos como el de la rubelola, es más importante esto último. En casos como los del tétanos, no puedes hacer daño a terceros. En el de la ruebola, sí. Depende mucho del tipo de patología, en suma. Lo que es obvio es que cuanto más contagiosa es, más sentido tiene vacunarse.

¿Existe la posibilidad de que se presente una vacuna, que no es del todo segura, por intereses de las grandes farmacéuticas?

No. Esto me atrevo a decir que no sucederá.

¿Es legítimo, legal y ético obligar a la población a vacunarse?

Depende de las circunstancias. Hay vacunas que claramente no deben ser obligatorias, como la del tétanos, por ejemplo. Otra cosa es que se puedan poner a los niños para protegerles aunque no den su consentimiento por su falta de autonomía. Hay que ser paternalistas con ellos, obviamente.

Si son vacunas contra enfermedades contagiosas, o muy contagiosas, como el sarampión, en las que se necesita que un porcentaje muy elevado de la población esté vacunado para conservar la inmunidad de grupo, tiene sentido imponer esa obligatoriedad.
Es una cuestión de reparto justo del mantenimiento de un bien común y de evitar el daño a terceros que no pueden vacunarse.

Es más fácil de legitimar si la vacuna no sólo aporta al grupo, sino también al individuo, claro, como en el sarampión. En el caso del SARS-CoV-2 yo creo que tendría que ser la última opción, sobre todo en el caso de los niños.

Íñigo de Miguel Beriain
Íñigo de Miguel Beriain

¿Por qué vacunas como la de la gripe, con tantos años de investigación, según datos publicados tiene un % de éxito menor que las que se están promocionando por coronavirus?

La vacuna contra la gripe constituye a mi caso un ejemplo de lo que puede mejorarse en las políticas de vacunación. Hay estudios que indican que tal vez sea mejor vacunar a los niños, que son vectores de transmisión de la enfermedad, en vez de a las personas mayores, en las que la vacuna no es muy efectiva. Hay que modelar y comunicar los porqués de las políticas.

¿Por qué de otras enfermedades no son obligatorias las vacunas?

Hay algunas en las que las causas son complejas, como la varicela. No está claro que eso sea lo mejor para toda la población en conjunto, aunque probablemente sí lo sea para los niños.

En otros casos sucede, simplemente, que no hace falta obligar porque ya nos las ponemos voluntariamente. En nuestro país, hay tasas muy altas de vacunación.