Las consecuencias económicas de la invasión de Rusa a Ucrania están teniendo una significativa repercusión en al menos tres sectores clave para la economía global: la energía, los mercados financieros y los productos agrícolas. En relación al sector agroalimentario, desde el 24 de febrero, los cargamentos de productos agrícolas están bloqueados en los principales puertos ucranianos del mar de Azov y del mar Negro, en Mariúpol, Odesa y Mikolaiv.

El trigo, el maíz o el girasol que llegan a España y a otros países del mundo se han visto afectados, y algunos sectores han mostrado su preocupación por un posible desabastecimiento de estos cultivos. Además, los precios se han disparado. El jueves por la tarde, la cotización del trigo en el mercado alcanzó un nuevo récord: 381 euros la tonelada. Este aumento de los precios se suma al aumento que ya se estaba produciendo antes del estallido de la guerra debido a la crisis del covid.

A esto hay que añadir el coste creciente de los fertilizantes químicos usados en los cultivos, el aumento del precio del gas necesario para fabricarlos, lo que se suma al aumento de los costes de producción.

La invasión rusa a Ucrania y su impacto en el sector agroalimentario
La invasión rusa a Ucrania y su impacto en el sector agroalimentario

Cereales y leguminosas

Los campos ucranianos son unos de los principales polos productores de cereales, indispensables para la alimentación humana, pero también para el pienso de los animales, lo que pone en apuros al sector de la ganadería, que ya nota un encarecimiento. Las empresas de semillas en Ucrania, que en esta época del año preparan sus entregas para la próxima temporada de siembra, están bloqueadas.

Entre los problemas de abastecimiento debidos a la guerra y que las campañas de siembra no pueden llevarse a cabo, la próxima cosecha no producirá los rendimientos habituales. Según cifras del servicio de estadística del gobierno ucraniano, Ucrania en 2021 produjo 85,7 millones de toneladas de cereales y leguminosas: más de 32 millones de toneladas de trigo, casi 42 millones de toneladas de maíz y más de 16 millones de toneladas de semillas de girasol.

Magreb, Egipto y el Líbano son grandes consumidores de pan que dependen completamente de las importaciones de trigo ucraniano y no tienen existencias más allá de un trimestre, por lo tanto, la crisis alimentaria podría afectarles muy rápidamente.

Por otra parte, los mayores compradores de maíz no transgénico destinado a la alimentación animal y la torta de girasol, el residuo de las semillas una vez extraído el aceite, son España, Italia, Alemania, Países Bajos y Francia. Francia tiene reservas y puede reorientar parte de sus importaciones, pero más que un problema de volúmenes, es un problema de precios.

En el sector ganadero los precios de los piensos están alcanzando máximos históricos y los productores están vendiendo actualmente con pérdidas.

Petróleo y gas

La guerra ha provocado una desestabilización en los mercados, España importa casi el 5% de petróleo procedente de Rusia y la UE el 46% del gas que necesita, por ello, las autoridades comunitarias y los Estados que la integran deben preparar un plan de contingencia que asegure la producción agraria y la viabilidad económica de los agricultores, dado que las infraestructuras ucranianas han sido inutilizadas.

España por ahora se muestra tranquila, debido a que Argelia es el principal proveedor de gas y el suministro está garantizado, sin embargo, también se encuentran en un fuerte conflicto con Marruecos, y que nuestro país pretenda una buena relación con ambos puede terminar dejándonos sin gas y con cifras de inflación por las nubes.

El sector primario no puede hacer nada más que esperar a que esta sinrazón, provocada por Vladimir Putin, tenga un final en beneficio del planeta.

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