Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros (Groucho Marx                                                                

Por Javier Cortines

La sesión de investidura no defraudó, mereció la pena quedarse en casa para catar el melón y tomar la temperatura a este país que ha convertido el Parlamento en un polvorín donde las sensibilidades están a flor de piel y la mínima chispa convierte en bolas de fuego a los diputados que unas veces nos representan y otras nos espantan.

El momento cumbre (el equivalente al capítulo de las bodas de sangre de Juego de Tronos), el clímax, el orgasmo animal, llegó cuando la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, osó nombrar al Innombrable y aseveró que el monarca tuvo un ramalazo autoritario cuando compareció en televisión tras el referéndum “ilegal” que tuvo lugar en Cataluña el primero de octubre de 2017.

He dicho lo anterior de corrido, pero la moza no pudo terminar sus frases monárquicas debido al cabreo mayúsculo del “núcleo duro y medio duro” del hemiciclo que, como si hubieran visto de repente a Satanás, empezó a echar humo por el cuero cabelludo y se dirigió “a la etarra” tachándole de “asesina” y diciéndole “muérete”.

Cuando las gargantas de los indignados gritaron a pleno pulmón ¡¡¡Fuera!!! ¡¡¡Viva España!!! ¡¡¡Viva el Rey!!! y su eco tronaba en las cabezas “desequilibradas” del Congreso, Pablo Iglesias, el pacificador, se puso de pie, se giró hacia los perturbados y les pidió calma. ¿Acaso en ese momento se creyó que podía mutar el odio que le tienen la derecha y parte del PSOE en amor? Mientras tanto, Echenique, huérfano, abandonado en primerísima fila, parecía el regalo sorpresa de un roscón de Reyes.

El espectáculo nos dejó un retrato vivo y caliente de la España del 2020. Acudiré a la hermenéutica para descifrar el significado de las proclamas vertidas durante la sesión, yendo al grano: ¡Viva España! ¡Fuera! ¡Viva el Rey! = Franquismo= + VOX= Heil Hitler.

Salió un perro con tres cabezas (un Cerbero de derechas) siendo la parte más dulce y “visible” Inés Arrimadas quien, sin duda, se piense lo que se piense de ella, es una mujer valiente y la menos peligrosa del trio. Pablo Casado es “intragable”. Es de esos individuos a los que apetece coger de las solapas, levantarle unos centímetros del suelo y darle un par de bofetones. Abascal ya es harina de otro costal ¡Cuidado! Está cuadrado, tiene muy mala leche y no conviene calentarle los cascos. Para hablar con él hay que ir con guardaespaldas, es capaz de clavarte la esvástica en la frente.

Respecto a la izquierda (si es que todavía existe “en su pureza” esa ideología y es falso que sólo importa la ley del dinero) Pedro Sánchez es la viva encarnación del “adagio” de Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros”. Eso no está mal. En este mundo sólo sobreviven los que se adaptan a las circunstancias cambiantes. Ahora la ética cambia cada cinco minutos, es presa del “Minotauro global”. Se navega sin estrella Polar. A lo giróvago. ¿Cuántos varones, militantes y votantes del Psoe estarán en este momento maldiciendo a Pedro Sánchez por pactar con Podemos y “los independentistas”? El Renacido “está rodeado por los indios” (de su propio partido y de la derecha) que no le perdonan “vender su alma al diablo” para prorrogar su estancia en la Moncloa. “Se ha agarrado a sus enemigos” y con los disidentes de su formación ha adoptado la actitud de los tres monos: “el que no ve, no oye, no habla”.

Los de Podemos son los grandes triunfadores. Esa formación, que se estaba desintegrando como los glaciares del Ártico, por fin echó el garfio a Sánchez. Pablo ya tiene “el casoplón” burgués y, como está en racha, ha conseguido un premio gordo. La vicepresidencia para él y un ministerio para su mujer. La llegada al mundo de sus gemelos, ya anunciaban que todo lo quería doble.

Espinosa de los Monteros fue otro de los grandes protagonistas de la jornada de investidura (domingo, 5 de enero). Estuvo a punto de explotar cuando escuchó a la “etarra” y remarcó que “tiene las manos manchadas de sangre”. Por supuesto, no dijo nada de su ilustre pariente Eugenio Espinosa de los Monteros quien, entre abril y agosto de 1939, siendo gobernador militar franquista, ordenó numerosos fusilamientos en Madrid para dar un castigo ejemplar a los “vencidos” de la Guerra Civil.

Rufián (ERC) fue sensato cuando dijo que no se puede establecer una República con un 50% de la población a favor y otro 50% en contra y, con claros matices, apostó por el diálogo como solución política al conflicto catatán. “Si no hay mesa de negociación, no habrá legislatura”, sentenció.

El martes, 7 de enero, se produce la segunda votación para la investidura de Pedro Sánchez (en la primera ganó por un punto, 166 contra 165, hubo 18 abstenciones y faltó un voto de Podemos que no se emitió porque su dueño estaba enfermo). Ese resultado le vale al candidato en la ronda definitiva pero, como España es imprevisible, a lo mejor aparece el “tamayazo”, y el presidente en funciones se queda con el culo al aire.

Añadiré que, a pesar de los ¡Viva el Rey! y ¡Viva España! Se palpó en el hemiciclo, no solo entre las filas de Podemos, sino también entre las del Psoe, “un distanciamiento hacia la monarquía”, que todavía está por valorar y calibrar. ¿Acaso ha habido un giro de la corriente sanchista hacia postulados republicanos? ¿Seria eso una vuelta a los principios fundacionales del socialismo empezando por el laicismo republicano? ¿Ha tenido alguna influencia en ese hipotético “corrimiento” Podemos?

Concluyo con una pregunta ¿Habéis escuchado la canción de Amaral “Nuestro Tiempo”? Una de sus estrofas, mi favorita, dice así:

Hay un tiempo para creer, tiempo para buscar

Y hay un tiempo para olvidar, todo lo que nunca fue y nunca será.