Cuando hace varios años Mario Tuya Entrialgo inició una petición de firmas a través de la plataforma change.org para presentarla en el Congreso de los Diputados y en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, con objeto de que el Gobierno de aquel entonces suprimiera las penalizaciones de por vida en las jubilaciones anticipadas con cuarenta o más años cotizados, nadie podía imaginar que poco tiempo después esa iniciativa diera lugar a una movilización de miles de jubilados y futuros jubilados con esas largas carreras de cotización, que tuvo con la iniciativa de Mario el punto de partida. En su petición decía literalmente: «si yo me quiero retirar con mi pensión íntegra, sin ningún tipo de penalización, tendré que hacerlo a los 65 años y habré acumulado 45 años de trabajo, casi medio siglo trabajando. Mientras que habrá otros que podrán retirarse habiendo trabajado “sólo” 36 años, 9 menos que yo. Parece un poco injusto, ¿no? (…) Pero también creo que buena parte del éxito y la aceptación de este sistema residirá en su justicia y en su capacidad para reconocer el esfuerzo de aquellos que han cotizado más que el resto (…) Por eso he iniciado esta petición para que, además de mínimos, el Gobierno incluya máximos en la legislación sobre pensiones. Un máximo de años cotizados (¿40 años?) a partir del cual un ciudadano pueda acceder a su pensión completa sin necesidad de llegar a los 65 años de edad». Lo que Mario instaba con sus palabras es al reconocimiento íntegro de la vida laboral de las personas, desde su inicio hasta su final, para percibir la pensión íntegra. En cambio, con el modelo actual de nuestro sistema de pensiones no se atiende a cuándo se inicia la vida laboral, sino a la edad de retiro. 

Quiero recordar las palabras de Mario porque, además del gran mérito que tiene al haber planteado en serio un debate público hasta ese momento inexistente, en ningún momento hizo distinción sobre si esa anticipación de la jubilación de las personas con 40 o más años cotizados puede venir motivada por el hecho de haber salido del mercado laboral como consecuencia de un despido o de un ERE, o porque después de toda una vida trabajando el desgaste físico y mental del trabajador/a le lleva a buscar POR NECESIDAD la jubilación.

Sigamos haciendo un poco de historia. La petición de Mario Tuya se presentó ante el Ministerio de Empleo y Seguridad Social y ante el Congreso de los Diputados con 375.000 firmas, si bien en la plataforma change.org continuaron produciéndose hasta alcanzar cerca de 428.000 firmas, según datos obtenidos de internet. Pienso, que de haber continuado la petición en dicha plataforma, hubiera ascendido a mucho más. El mensaje de Mario era bien claro: «40 años cotizando deberían ser suficientes para jubilarse sin penalizaciones de por vida». Después de esta iniciativa, él mismo promovió la creación de la ya conocida asociación ASJUBI40 para conseguir este mismo objetivo. Sin ninguna duda yo firmé la petición y posteriormente me integré en la citada asociación. Hasta entonces, no se decía nada acerca de cuáles son los motivos que conducen a una persona a acogerse a la jubilación anticipada en estos casos de largas carreras de cotización. Y ello ha sido así porque esa dialéctica es absolutamente ajena al mensaje de Mario, que tanta gente apoyó y seguimos apoyando. El discurso de ASJUBI40 es el de que se repare la gran injusticia de aplicar coeficientes reductores DE POR VIDA a las jubilaciones anticipadas con 40 o más años cotizados, sin entrar en la disyuntiva de si son forzosas o voluntarias. Sin embargo, ya se está anunciado por parte del propio Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones que la forma de acceder a la jubilación anticipada será un factor a tener en cuenta, privilegiando a las denominadas forzosas respecto de las voluntarias. E, igualmente, no paramos de encontrarnos con artículos publicados en distintos medios (cuya procedencia y fines desconocemos los/as integrantes de ASJUBI40) en los cuales se pone el énfasis en los casos de jubilados/as anticipadamente que se han visto abocados a acogerse a la misma por haber salido del mercado laboral. Son situaciones complejas que merecen ser comprendidas sin ningún tipo de duda. Sin embargo, igual comprensión merecen los numerosísimos casos (incluidos también en los más de 530.000 afectados por los coeficientes reductores) de personas con largas carreras de cotización que deciden abandonar el mercado laboral y acogerse a la jubilación anticipada por la también compleja situación que implica permanecer trabajando más allá de cuarenta años laborales, con un desgaste físico y mental que hace difícil la vida. Es decir, que se indica en esas noticias publicadas en tales medios de comunicación la cifra de afectados (más de 530.000), pero solo se visibiliza una parte de ellos al ocultar en la redacción de esos comunicados los casos de las jubilaciones anticipadas voluntarias de este colectivo, que además tienen un gran peso en el mismo. Que quede claro que este artículo de la que suscribe lo que pretende es centrar un discurso que se está desviando a través de la difusión de esas noticias tendenciosas, sin que de ello sean responsables los medios de comunicación en los que aparecen, sino los autores externos que se encuentran detrás de las mismas.

Decir que las jubilaciones anticipadas con largas carreras de cotización son voluntarias o forzosas es una forma de expresión que afecta más a la semántica de los vocablos que a la realidad que estos encierran, porque, como es sabido, la significación de un término viene condicionada por el contexto, y el contexto de los/as que deciden acogerse “voluntariamente” a una jubilación anticipada con cuarenta o más años de trabajo (y cotización) tiene que ver con un importante desgaste profesional, con la merma de capacidades por la enorme “mochila” que se lleva a cuestas, con el gran estrés que produce el desfase entre las exigencias del ámbito laboral y las dificultades físicas para cumplir con ellas, o con intentar cumplir obligaciones laborales a base de pastillas para controlar la tensión, las arritmias, los dolores de diversa etiología, el empeoramiento de enfermedades crónicas, o con operaciones quirúrgicas de aquí y de allá… Es decir, a base de ir arrastrándose cada día delante de jefes que con bastante frecuencia poco o nada entienden de estas condiciones. ¿Qué voluntariedad real existe, por tanto, en estos casos de las mal llamadas jubilaciones anticipadas “voluntarias” cuando se cuenta con largas carreras de cotización? Una anticipación que, dicho sea de paso (y no es baladí), se trata tan solo de dos años antes de la edad legal, a cambio de una “sádica recompensa” consistente en una penalización DE POR VIDA con coeficientes reductores.

Tan justificados están los que pierden el empleo para acogerse a la jubilación anticipada, como aquellos/as que lo hacen para recuperar unas condiciones de vida compatibles (valga la redundancia) con la propia vida. Porque, efectivamente, trabajar más allá de 40 años es verse abocado con mayor probabilidad a no entrar en las elocuentes cifras con las que los políticos (gobernantes o no) intentan demostrar el aumento de la esperanza de vida como argumento para justificar endurecimientos en el sistema de pensiones, en tanto desplazan el foco de atención con objeto de impedir recordar a la ciudadanía que durante muchos años los sucesivos gobiernos han esquilmado las reservas de las cotizaciones al dedicarlas a fines impropios que no tienen nada que ver con el pago de las pensiones contributivas. Repito: abocados a no entrar en las elocuentes cifras del aumento de la esperanza de vida.

En cualquier caso, la casuística tanto de los que salen del mercado laboral como de los que no lo hacen es muy dispar, y no se puede generalizar exponiendo que alguno de estos dos subgrupos (jubilaciones anticipadas forzosas y jubilaciones anticipadas voluntarias) sea más perjudicado que el otro por los coeficientes reductores. Por ejemplo, se dan con frecuencia situaciones de personas que con 55 años o algo más han salido del mercado laboral mediante un ERE con condiciones ventajosas (indemnizaciones importantes, además de desempleo…), aunque posteriormente la penalización en su pensión sea igualmente de injusta que el resto de los casos. Otros muchos, en cambio, llegan a una situación de precariedad económica vitalicia. En tanto que aquellos que han continuado trabajando hasta los 63 años, aunque no han perdido su empleo, sin embargo, han llegado “arrastrándose” con problemas físicos (muchos/as de ellos/as en condiciones deplorables) dos años antes de la edad legal (mientras que el recorte de la pensión con coeficientes reductores es para siempre); es decir, con 63 años y un mínimo de 40 años cotizados y trabajados, con independencia del sector en el que haya empleado, porque en todos los sectores el peso de la gran cantidad de años de trabajo conlleva per se un plus de penalización física y la dedicación de toda una vida al mismo. La casuística, como digo, es amplia; sin embargo, la injusticia de aplicar los coeficientes reductores DE POR VIDA es la misma para todas las situaciones con largas carreras de cotización.

Pero el discurso estará siempre mal planteado si se atiende a las razones que llevan a las personas a acogerse a la anticipación de la jubilación teniendo largas carreras de cotización (40 años o más, en la defensa que hacemos desde ASJUBI40). En todas ellas (la salida del mercado laboral, por un lado, y el desgaste físico-profesional que deriva en problemas de salud real, por otro) existen sobradas razones que conducen inexorablemente a no dudar de la urgencia de ser atendidas convenientemente por los gobernantes. Sin embargo, la dialéctica no debe ser  esa, sino que es aquella que debe poner el punto de mira en la acción o en la omisión del Gobierno de España: acción por parte del Gobierno que años atrás estableció la aplicación de los coeficientes reductores citados, omisión por parte del Gobierno actual al no suprimirlos. “40 años cotizando deberían ser suficientes para jubilarse sin penalizaciones de por vida”. Este es el mensaje con el que partió y que reivindica ASJUBI40 y no otro; y este Gobierno y el Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Sr. José Luis Escrivá, deberían atender ese mensaje sin distinciones sobre las motivaciones que conducen a las personas con largas carreras de cotización a buscar la anticipación de la jubilación. De lo contrario, paradójicamente, es el propio Gobierno quien propicia situaciones injustas y esclavistas. Porque ¿acaso no se fomentan las situaciones esclavistas al intentar atar a los/as trabajadores/as que llevan trabajando toda una vida a que continúen haciéndolo aún más? Y digo paradójicamente, porque en un Estado Social y Democrático de Derecho, como es el nuestro, es inconcebible que sean los mismos Gobiernos los que provoquen por acción u omisión (como he indicado antes) esas aberraciones del Estado del Bienestar que dan lugar a las situaciones esclavistas mencionadas. No es para infravalorarlas. Países de nuestro entorno geopolítico, como Portugal, así lo han entendido cuando han suprimido las penalizaciones citadas de las jubilaciones anticipadas. Y no es el único en la Unión Europea.

El principio de contributividad declarado explícitamente en el Informe de Evaluación y Reforma del Pacto de Toledo, aprobado por la Comisión de Seguimiento y Evaluación de los Acuerdos del Pacto de Toledo, en su sesión del día 27 de octubre de 2020, y posteriormente por el Congreso de los Diputados del Estado español el 19 de noviembre de 2020, es un principio que avala en toda su amplitud la petición de ASJUBI40 consistente en la supresión de los coeficientes reductores en las jubilaciones anticipadas con 40 o más años cotizados, porque, tal como manifiesta dicho Informe, el principio de contributividad es entendido literalmente como «la existencia de una relación equilibrada entre el importe de la prestación reconocida y el esfuerzo de cotización previamente realizado por cada trabajador». Y, en base al mismo, no existe razón alguna que justifique una distinción entre las causas  que llevan a los/as trabajadores/as a acogerse a la jubilación anticipada con largas carreras de cotización porque de lo que se trata realmente es de los años cotizados; es decir, de la contribución al sistema. ¿Alguien duda de que con 40 o más años cotizados no se ha contribuido suficientemente al sistema de pensiones? Ese es el quid de cuestión y no otro, porque en todos los casos de largas carreras de cotización el principio de contributividad se cumple sobradamente, y porque tan legítimo es reclamar la supresión de las penalizaciones en las jubilaciones anticipadas con 40 o más años cotizados por ser expulsado del mercado laboral como por ser expulsado de su propia vida si antes no se ha acogido a una jubilación involuntariamente voluntaria.

Recordemos el mensaje: ASJUBI40 LO QUE REIVINDICA ES LA SUPRESIÓN DE LOS COEFICIENTES REDUCTORES EN JUBILACIONES ANTICIPADAS (SIN DISTINCIONES) CON CUARENTA AÑOS O MÁS COTIZADOS, QUE ES LO MISMO QUE DIJO MARÍO TUYA ENTRIALGO: “40 años cotizando deberían ser suficientes para jubilarse sin penalizaciones de por vida”.

Fuensanta Martín Quero, escritora y socia de ASJUBI40

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