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Si Estados Unidos no hubiera metido las manazas en el mundo islámico es muy probable que Europa no hubiera conocido ni el terrorismo del ISIS ni éxodos bíblicos

 

Por Javier Cortines

Se decía que El Líbano (antiguamente Fenicia) era la Suiza de Europa debido al gran desarrollo político, económico y cultural del que gozó durante décadas. Con la guerra de los Seis Días (1967), Israel se apodera del 85% del territorio de Palestina y se desestabiliza la región cayendo, uno a uno, todos los países árabes que rechazaron esa colonización sionista que contó con «el apoyo tácito» de Gran Bretaña, la ONU y EEUU.

La fragata española Méndez Nuñez participó en el bloqueo iraní hasta el pasado 13 de mayo escoltando al portaaviones estadounidense Abraham Lincoln

Irak es atacada con el falso argumento de que “posee armas de destrucción masiva”, las bombas llueven sobre Bagdad matando a decenas de miles de civiles, muchos de los cuales quedaron carbonizados en los frágiles refugios de sus viviendas. Sadam Husein, “el enemigo de Occidente” (Israel) es ahorcado entre carcajadas de mercenarios estadounidenses, el 30 de diciembre de 2006. Su régimen laico se derrumba y de sus cenizas surge el ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria). EEUU se limpia las manos, el terror cae sobre Europa.

Israel celebra con cohetes la victoria.

Libia, que durante décadas figuró como el país con mejor calidad de vida de África, se convierte, de repente, en otro gran enemigo de Occidente y EEUU, potencias que solían hacer multimillonarios negocios con Trípoli. Los aliados asesinan a Muamar el Gadafi (el 20 de octubre de 2011), y ponen en su lugar a sus marionetas. Ahora ese país es un infierno, un enjambre sin ley donde las tribus trafican con esclavos, violan a hombres y mujeres, torturan a los inmigrantes, las mafias se dedican al comercio humano y tratan a las mujeres como si fueran animales, los DDHH se entierran en la basura. Adiós los días en que los obreros y técnicos del mundo árabe (y de otros territorios del planeta) querían ir a trabajar a Libia, pues era el país que mejor les pagaba y trataba.

Luego estalla la primavera árabe en Siria (otro vecino incómodo de Israel). Tras ocho años de guerra, de los 18,2 millones de habitantes que tenía ese país, 6,2 millones son desplazados internos y 5,7 millones son refugiados que viven en países vecinos. Se puede decir que ya tenemos otro “Estado fallido” para blindar al pequeño David, armado hasta los dientes con armas nucleares, “in saecula saeculorum”. El conflicto sirio jamás se hubiera producido (o alcanzado los niveles que alcanzó) sin la penetración del ISIS en el territorio tras la caída del régimen iraquí, que hacía de “cemento” en la región.

La operación de limpieza no ha hecho más que empezar. Ahora Tel Aviv y EEUU, con la complicidad de Europa (España ayudó al bloqueo de Irán con una fragata), han puesto el punto de mira en el régimen de los ayatolás. “El régimen islámico, Delenda est” (debe ser destruido). Hay varias razones de peso: no se pliega a las demandas USA, denuncia los abusos de Israel y defiende el derecho a la creación de un Estado Palestino. (No me gusta ningún gobierno religioso, pero aquí no es el momento de tocar ese asunto).

Había que crear otro “casus belli”. Ya lo tenemos. La semana pasada dos petroleros son atacados en aguas internacionales del Golfo de Omán y, sin ninguna prueba convincente ni contrastable, EEUU acusa del sabotaje a la guardia revolucionaria iraní.

El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, ha instado a Irán a que reconozca ese acto terrorista en el golfo de Omán, lugar por donde pasa un quinto del petróleo que circula por el mundo. Como evidencia “borrosa y dudosa” la Casa Blanca ha publicado un video confuso que demuestra la “implicación” de los terroristas iraníes.

Teherán ha negado su participación en los hechos y acusa a EEUU de estar preparando una trampa “para ganarse a la opinión pública occidental” y lograr luz verde para emprender acciones bélicas “contra el enemigo más incómodo de Israel”.

Tras el ataque, cuya autoría está por determinar, los barcos iraníes rescataron a los 40 tripulantes de los dos petroleros: a saber, el “Kokuka Courageous” que tiene un boquete en uno de los lados y pertenece a una compañía japonesa, y el noruego “Front Altair” que se incendió y ha quedado para el desguace.

La fragata española “Méndez Nuñez” (F:104) participó en el bloqueo a Irán, impuesto por Estados Unidos, haciendo de escolta del portaaviones estadounidense Abraham Lincoln, hasta pocos días antes de las elecciones municipales del pasado 26-M. Formaba parte del grupo de combate de EEUU en el Golfo Pérsico, cuya misión era castigar al régimen de los ayatolás. La ministra española de Defensa, Margarita Robles, ordenó el 13 de mayo la retirada “temporal” de la fragata que, según el Gobierno de Madrid, se dedicaba a combatir “la piratería en la zona”. Todavía está por determinar si ese movimiento estuvo destinado a evitar “nubarrones” en los comicios o en línea con la Era de la Postverdad de José María Aznar, que nos metió en la Guerra de Irak confiando en que -como los españoles son tontos- no se iban a enterar del engaño de “las armas de destrucción masiva” que jamás se hallaron en territorio iraquí. La fuerte armada que ha desplegado USA en la zona controla el Estrecho de Ormuz, que es la puerta de entrada al Golfo Pérsico. En las últimas horas se ha informado de que un misil iraní ha destruido un dron estadounidense que vigilaba las costas el país islámico.

Nada más enterarse de la voladura del dron espía en el estrecho de Ormuz, Donald Trump escribió en twitter: Iran made a very bad mistake (Iran ha cometido un grave error), y se fue a consultar a sus consejeros sobre qué debe hacer en esos casos la Superpotencia.

Independientemente de ese incidente, EEUU necesita una excusa para iniciar “sus hazañas bélicas” y convertirse en el Señor de las Rutas del Petróleo. Eso cerraría el círculo con un toque a Venezuela.

El portaaviones Abraham Lincoln es el buque insignia del grupo de combate de Estados Unidos en el Golfo Pérsico

Lo anterior es muy preocupante, pero el episodio más torpe y esperpéntico de la agresividad USA -que no me canso de repetir- es la chapuza que hizo en la Guerra de Afganistán (1979-1992). Las tropas soviéticas apoyaban al Gobierno socialista y laico de Kabul. La CIA armó a los muyahidines islámicos y entrenó a Osama Bin Laden para derrotar “al diablo rojo”. Tras la desintegración de la URSS, se inició la retirada de las tropas soviéticas de ese país. Es derrocado el Gobierno “pro soviético” y los muyahidines (Taliban) y EEUU celebran la victoria.

Luego se instaló el Estado Islámico en Afganistán. Su gobernante de facto, Osama Bin Laden -que odiaba a EEUU por tener tropas estacionadas en Arabia Saudí, donde nació Mahoma y están los principales lugares santos del Islam- ordenó los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York (11-S), el Pentágono y la Casa Blanca. Al Qaeda (La Base), que es dirigida por Osama Bin Laden hasta su muerte, da a luz al ISIS tras la guerra de Irak, y así se envuelve el mundo en una pavorosa llamarada de terror que, siempre que está a punto de apagarse, viene el 666 del Imperio para echarla gasolina, lo que provoca ira y odio en Europa (racismo en diferentes grados) hacia los que huyen de una tragedia bíblica que inició y alimentó, “aunque luego se le escapó de las garras” el Águila Bicéfala (EEUU) sinónimo de delirio y esquizofrenia voladora.

 

 

 

 

 


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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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