La asunción de la presidencia por Ebrahim Raisi esta semana coincide con uno de los momentos más delicados de Irán, tanto en el interior como en sus relaciones con EEUU y en las negociaciones para la vuelta al acuerdo nuclear. Raisi tiene que adoptar inmediatamente decisiones difíciles en un país sacudido por las protestas, acosado por Israel y con una economía necesitada con urgencia de oxígeno.

La concurrencia de elementos cargados
de violencia
ha conducido a Irán a una tensión sin precedentes
justo cuando esta semana se produce el cambio en la presidencia del
país con la entrada del conservador Ebrahim Raisi, quien deberá
hacer frente a una de las situaciones más complejas de los últimos
años.

Las recientes protestas en la provincia de
Juzestán, que se iniciaron el 15 de julio y luego se extendieron a
otras regiones, incluida Teherán, han sido reprimidas por las
autoridades con resolución y con un balance de muertos
significativo. Juzestán se encuentra en el golfo Pérsico, justo al
lado de Irak, y está habitado por una población de lengua árabe
que en parte tiene ambiciones secesionistas.

La espita de las protestas es la escasez de
agua debido a una sequía sin precedentes, pero los manifestantes
exigen un cambio de régimen con consignas contra el líder
supremo Ali Jamenei y el gobierno. Lógicamente, las protestas se
alientan desde el extranjero
, especialmente desde Israel, y no es
casual que la seguridad iraní haya anunciado la detención de un
grupo de agentes del Mosad que pretendían desestabilizar el país,
algo que no es la primera vez que ocurre.

Pocos días después, el jueves por la
noche, un petrolero japonés operado por una compañía israelí fue
atacado en el golfo de Omán en otro incidente de este tipo, aunque,
a diferencia de los anteriores, en esta ocasión murieron dos
tripulantes, uno británico y otro rumano, lo que ha incrementado la
tensión.

Israel acusó inmediatamente a Teherán y
lo mismo han hecho Washington y Londres. Es evidente que Israel
pondrá toda la carne en el asador para perjudicar a Irán, a ser
posible con nuevas sanciones internacionales. Se da la circunstancia
de que Israel ha atacado a «decenas» de barcos iraníes,
principalmente en el Mediterráneo, según indicaron hace apenas unos
meses fuentes oficiales a The New York Times.

La enorme capacidad desestabilizadora que
Israel inyecta en Oriente Próximo tiene su punto de apogeo en Irán,
un enfrentamiento que reporta grandes beneficios al estado
judío, tanto en sus relaciones con otros países árabes como a la
hora de apartar la atención de la ocupación y anexión de los
territorios palestinos y sirios.

Irán tiene innumerables motivos para
responder a los ataques directos o interpuestos de Israel, ataques
que se dan con tanta frecuencia que si Teherán no responde de una
manera u otra, podrían incrementarse.

Este probablemente es el motivo del ataque
con drones contra el petrolero operado por la compañía israelí, es
decir enseñar los dientes a un enemigo que continuamente le hostiga,
bien directamente o bien a través de grupos iraníes teledirigidos
desde Tel Aviv.

Todavía es pronto para determinar si
este contexto de violencia continuada, que nada indica que vaya a
detenerse pronto, incidirá en las negociaciones que conducen Irán y
la administración de Joe Biden sobre el programa nuclear iraní.

Las últimas revelaciones señalan que
las negociaciones están bloqueadas por dos cuestiones. La
primera es la desconfianza de Teherán respecto a los americanos. Los
iraníes exigen un mecanismo que garantice que EEUU no abandonará
unilateralmente el acuerdo nuclear cuando le apetezca, como ocurrió
con Donald Trump en 2017. Aparentemente, la administración Biden no
parece estar en condiciones de ofrecer esas garantías y blindar el
acuerdo.

Por su parte, Washington condiciona la
firma del acuerdo a que Teherán se comprometa a abrir una segunda
negociación sobre sus programas balísticos al margen del programa
nuclear. Los iraníes consideran que ese es un terreno tabú y que
tienen derecho a desarrollar la industria armamentista no nuclear sin
cortapisas de ningún tipo.

Un analista de la página Informed
Comment
, especializada en Oriente Próximo, sugería este lunes
que quizá sería beneficioso un Irán nuclear puesto que
daría más estabilidad a la región. Desde luego, un Irán nuclear
adquiriría una capacidad de disuasión que obligaría a Israel a
pensárselo dos veces antes de ejecutar sus continuos planes de
desestabilización.

El analista presentaba otros casos de
nuclearización que inicialmente parecían problemáticos pero que se
han revelado positivos, como cuando China obtuvo la bomba en los años
sesenta. Poco después la India hizo lo mismo, y poco después
Paquistán hizo lo propio. En todos estos casos la capacidad nuclear
no significó el fin del mundo sino que probablemente trajo mayor
estabilidad.

Aunque algo parecido podría ocurrir con
un Irán nuclear, Israel no está dispuesto a tolerarlo por
dos motivos. En primer lugar porque quiere mantener su supremacía
nuclear exclusiva y en segundo lugar porque el programa nuclear iraní
le permite a Israel mantener en vilo a toda la región y apartar la
atención de la ocupación de los territorios palestinos y sirios.

Este es el panorama con que se encuentra
el nuevo presidente Ebrahim Raisi, quien por un lado tiene seguir
negociando con EEUU el programa nuclear y por otro debe buscar medios
para disuadir a Israel de la hostilidad permanente contra la
república islámica, como acaba de ocurrir en el golfo de Omán,
todo sin olvidar la agitación interna derivada principalmente de las
sanciones económicas impuestas por las potencias occidentales.

Fuente:
https://www.publico.es/internacional/internacional-iran-vive-horas-inquietas-ultimos-anos.html

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