Hace unos días informábamos que hasta el momento Israel es el único país que ha conseguido vacunar contra la COVID-19 a la mitad de su población, pero, sin embargo, la discriminación sanitaria de la administración israelí hacia los palestinos hace sombra a este éxito. Los dos únicos grupos de palestinos que se han beneficiado hasta el día de hoy del programa de vacunación contra la COVID-19 de Israel han sido los palestinos con nacionalidad israelí y aquellos residentes en la ciudad de Jerusalén.

Las autoridades israelíes han vacunado a los 450.000 israelíes que residen en Cisjordania, pero no a los tres millones de palestinos que también viven en la zona. En los últimos días los palestinos han recibido 10.000 dosis de Sputnik V procedentes de Rusia y otras 5.000 dosis que ha proporcionado Israel. Las primeras vacunas se han inoculado a trabajadores de la salud y a personas mayores, así como a altos cargos de la administración. Todos los palestinos vacunados residen en la Cisjordania ocupada y ninguna persona de la Franja de Gaza se ha vacunado.

Sin embargo, esta no es la única negligencia médica llevada a cabo por Israel. La Comisión de Asuntos de Detenidos y Ex-Detenidos de la Autoridad Palestina ha señalado hoy que las autoridades de ocupación israelíes han mantenido la injusta política de negligencia médica de los prisioneros políticos palestinos en la detención israelí.

La Comisión dijo en una declaración que las autoridades de ocupación están descuidando deliberadamente las condiciones médicas de muchos prisioneros enfermos, a los que sólo se les permite recibir analgésicos en lugar de un verdadero tratamiento médico.

Cuatro casos como ejemplo

Mencionó el caso de Jamal Omar, de 49 años, preso palestino en la prisión israelí de Nafha, que padece un cáncer en los riñones y el hígado, además de problemas en el estómago, los intestinos y los nervios, y al que hasta ahora se le ha negado atención médica.

Otro preso, Ma’zouz Besharat, de 45 años, sufre al parecer un dolor de espalda agudo como consecuencia de las torturas que le infligieron los policías israelíes durante su interrogatorio. Besharat también padece un dolor de cabeza crónico e infecciones en el oído medio que a menudo le hacen perder el conocimiento, por lo que necesita urgentemente que un especialista diagnostique su estado.

Un tercer preso, Ibrahim Ghnaimat, de 42 años, sufre una obstrucción en las arterias y un músculo cardíaco débil, por lo que necesita urgentemente un marcapasos para regular los latidos del corazón. Sin embargo, según la Comisión, la administración de la prisión de Rimon lleva más de un año retrasando la tan necesaria operación de implantación de un marcapasos para él.

Un cuarto preso, Husam Abu Hussein, de 30 años, enfermo de talasemia y recluido en la prisión israelí de Ofer, se queja de un agrandamiento del hígado y necesita urgentemente un seguimiento médico especial y unidades de sangre regulares debido a su estado de salud.

Fuente: English.wafa. Embajada de Palestina

Fotografía: Foto de Archivo WAFA