Moshé Machover. Traducción de Brecha

Las negociaciones para formar un gobierno todavía están en curso. El resultado más probable es la formación de un gobierno dirigido por el Likud de Benjamin Netanyahu que incluya el partido de ultraderecha Sionismo Religioso, así como dos partidos religiosos ortodoxos que son viejos aliados del Likud, conformando así una coalición de ultraderecha.

Esta coalición, además de ser de derecha en el sentido clásico israelí de un alto compromiso con el sionismo militante, despiadado en el desarrollo de la colonización judía y la limpieza étnica de la tierra palestina, también está contaminada con valores sociales reaccionarios: racismo (dirigido contra todos los no judíos), misoginia, homofobia y oscurantismo religioso, con una clara veta de mesianismo. El socio más tóxico en esta coalición es su segundo mayor componente (y el tercer grupo más grande de la Knéset recién elegida, con 14 miembros en 120), el Sionismo Religioso, liderado por Bezalel Smotrich –descrito por el historiador israelí Daniel Blatman como «el legislador que augura el genocidio contra los palestinos»– y por Itamar Ben-Gvir, seguidor del terrorista convicto Meir Kahane y del asesino en masa Baruch Goldstein, perpetrador de la masacre de Hebrón (véase nota a continuación).

Incluso algunos de los portavoces más fieles de la propaganda israelí han reaccionado consternados al resultado de la elección. Por ejemplo, Thomas L. Friedman, columnista de opinión del New York Times, afirmó el viernes 4: «A medida que se afianza esta realidad previamente impensable, una pregunta fundamental agitará las sinagogas en Estados Unidos y en todo el mundo: “¿Apoyo a este Israel o no lo apoyo?”. Esa pregunta perseguirá a los estudiantes proisraelíes en los campus universitarios. Desafiará a los aliados árabes de Israel en los Acuerdos de Abraham, que solo querían comerciar con Israel y que nunca se unieron para defender un gobierno que es anti árabe-israelíes. Pondrá en una situación imposible a aquellos diplomáticos estadounidenses que han defendido reflexivamente a Israel como una democracia judía que comparte los valores de Estados Unidos, y hará que los amigos de Israel en el Congreso huyan de cualquier periodista que les pregunte si Estados Unidos debería continuar enviando miles de millones de dólares en ayuda a un gobierno ahora inspirado por extremistas religiosos».

Lo cierto es que sea cual sea el gobierno que surja, el resultado de las recientes elecciones no es cualitativamente nuevo. Sin embargo, será un gran salto cuantitativo en el corrimiento hacia la derecha a largo plazo de la sociedad y la política israelíes.

De hecho, este salto cuantitativo parece incluso mayor de lo que realmente es, porque durante los últimos tres o cuatro años la tendencia hacia la derecha se había visto en parte oscurecida por una distracción: las intrincadas maniobras de Netanyahu para evadir la condena por cargos bien fundados de soborno, fraude y ruptura de confianza. Esto llevó a algunos políticos conservadores, que normalmente se aliarían con él, a oponerse a Netanyahu por rencores personales o por una indignación real por su deshonestidad, y a unirse a partidos centristas y de centroizquierda en una coalición anti-Netanyahu.

Durante estos últimos años, la derecha israelí se dividió entre los partidarios del ex primer ministro y sus oponentes. Estos últimos ahora se encontrarán en la oposición. Como resultado, la composición del nuevo gobierno israelí no solo será más derechista que la de todos los anteriores, sino que lo mismo se puede decir de la nueva oposición. El giro general a la derecha se ve acentuado por la caída de Meretz, el último vestigio de la izquierda sionista, que ahora quedó afuera del parlamento por primera vez desde su formación, en 1992.

En la coalición de gobierno ultraderechista que podría ser el nuevo gobierno de Israel, Netanyahu se encontraría en una posición realmente novedosa en comparación con sus anteriores mandatos: sería el miembro más «moderado» del oficialismo. Todos sus otros posibles socios en esta ecuación son más extremistas que él en lo que hace al vínculo entre el Estado y la religión, o en temas militares y de colonización, o en ambos aspectos. Esto puede privarlo de su acostumbrada maniobrabilidad y, en cierto sentido, dejarlo cautivo de los líderes del bloque sionista religioso. (Publicado originalmente en Weekly Worker, 10-11-2022):

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Los aliados de Netanyahu. Conozca a los nuevos reyes de la política israelí

Jonathan Ofir. Brecha. Traducción de María Landi

Israel acaba de celebrar sus elecciones y los ganadores pertenecen a un bloque político de corte extremista, nacionalista y fundamentalista religioso sin precedentes, liderado por el Likud (32 escaños), el Sionismo Religioso (14 escaños), el Shas (11 escaños) y el Judaísmo Unido de la Torá (siete escaños). Mientras que el Likud, el Shas y el Judaísmo Unido de la Torá son partidos tradicionales bastante conocidos, el apoyo al Sionismo Religioso se ha disparado en los últimos meses y sus líderes siguen siendo relativamente desconocidos. A continuación se presenta un resumen de los principales miembros de la lista del Sionismo Religioso que formarán parte, casi con toda seguridad, del próximo gobierno israelí.

De izquierda a derecha: Yitzahak Wasserlauf, Itamar Ben-Gvir, Bezalel Smotrich y Orit Strook en la puerta de Damasco, en el casco antiguo de Jerusalén, el 20-10-2021. Foto: Yonatan Sindel/Flash90

Bezalel Smotrich es conocido por sus declaraciones homófobas, ultranacionalistas y de intolerancia religiosa. En 2006, Smotrich ayudó a organizar un «desfile de bestias», que se burlaba del Desfile del Orgullo Gay de Jerusalén y presentaba cabras y burros. En 2015, entonces como miembro del partido Hogar Judío, dijo que era «un orgulloso homófobo».

Cuando se trata de las personas palestinas con ciudadanía israelí, Smotrich va más lejos aún que Netanyahu, quien advirtió en 2015, en la víspera de las elecciones, que «los árabes vienen a votar en masa». En 2016, Smotrich fue noticia a raíz de las informaciones sobre la existencia de una política de facto de segregación racial en las maternidades israelíes, donde tuiteó: «Es natural que mi esposa no quiera compartir la habitación con una mujer que acaba de dar a luz a un bebé que podría querer asesinar al nuestro dentro de 20 años». Su esposa, Revital, apoyó su opinión. Dijo al Canal 10 de Israel que había «echado a un obstetra árabe de la sala [de partos]. Quiero que manos judías toquen a mi bebé, y no me sentía cómoda en la misma habitación con una mujer árabe». Y continuó: «Me niego a tener una partera árabe, porque, para mí, dar a luz es un momento judío y puro».

En 2017, Smotrich dio a conocer su Plan de Decisión, que propone que la población palestina acepte explícitamente vivir bajo el apartheid como súbdita de segunda clase en «el Estado judío» (renunciando oficialmente a sus «aspiraciones nacionales»), o sea expulsada del país. Aspira a ser ministro de Defensa o de Finanzas en el próximo gobierno israelí.

Itamar Ben-Gvir, del partido Poder Judío, es un terrorista judío convicto, discípulo del rabino terrorista convicto Meir Kahane y admirador del autor de la masacre de Al-Jalil (Hebrón), Baruch Goldstein, que en 1994 mató a 29 fieles que estaban rezando en la mezquita de Al-Ibrahimi. Puede que Netanyahu haya sido la cara del halcón israelí y de la intransigencia durante los muchos años de su mandato, pero palidece en comparación con Smotrich, y Smotrich parece palidecer en comparación con Ben-Gvir. Como Smotrich, Ben-Gvir también tiene un plan para expulsar a las y los ciudadanos palestinos «desleales». Ha conseguido hacerse popular tanto acudiendo a los kibutz como blandiendo armas y animando a otros a disparar a los palestinos que lanzan piedras en el barrio ocupado de Sheij Yarrah, al este de Jerusalén.

Ben-Gvir ha atenuado un poco su retórica al convertirse en un político oficial. Los cánticos tradicionales de los jóvenes de sus bases han cambiado de «muerte a los árabes» a «muerte a los terroristas». Este parece ser un objetivo real que está dispuesto a perseguir, y si consigue el codiciado puesto de ministro de Seguridad Interior al que aspira, puede tener muchas oportunidades de implementar esta amenaza.

Ofir Sofer ya ha estado en la lista del Sionismo Religioso bajo su antiguo nombre Tkumah (‘renacimiento’) y fue su secretario general desde 2014. Pasó por el partido Yamina (‘hacia la derecha’), se presentó a las elecciones del Likud el año pasado, y luego volvió al Sionismo Religioso este verano. Es un antiguo comandante del Ejército. Al igual que sus compañeros de lista, cree que las y los ciudadanos palestinos de Israel buscan «socavar los cimientos del Estado judío desde dentro».

Orit Strook es la mujer de más alto rango en la lista de sionistas religiosos. Fundó la Organización de Derechos Humanos de Judea y Samaria en 2002, que trabaja para aplicar nombres bíblicos a los territorios palestinos ocupados y proteger los «derechos humanos» de la población colona invasora frente a la población palestina invadida.

Yitzhak Wasserlauf es el presidente de la facción Poder Judío. Con solo 30 años, se espera que sea el miembro más joven de la Knéset. Pide la deportación de los solicitantes de asilo africanos, además de los palestinos «desleales».

Almog Cohen es el fundador de un equipo de supremacistas judíos vigilantes que patrullan el sur de Israel para «luchar contra la delincuencia de los beduinos». Cohen se jactó recientemente de haber agredido a beduinos en 2013, cuando formaba parte de un equipo SWAT de la Policía. En el suceso en cuestión, los agresores golpearon violentamente a un padre y a sus dos hijos, que protestaban pacíficamente, orinaron sobre ellos y los amenazaron con un tiro en la cabeza. Al no poder confirmarse la identidad de los policías agresores, el caso se cerró y nadie fue sancionado.

Michal Waldiger es la cara aparentemente más «humana» del Sionismo Religioso. Es una abogada que se dedica a la salud mental, el abuso de drogas y el servicio nacional de las mujeres, y, por supuesto, también es una defensora de la supremacía judía ultranacionalista.

Amichai Eliyahu está enfocado en la lucha contra el mestizaje y en la importancia de Israel para mantener la biología judía. Recientemente, Eliyahu atacó a la líder del Partido Laborista y ministra de Transporte, Merav Michaeli, que tuvo un hijo por gestación subrogada, como «alguien que compró un hijo en Amazon» y que «no nos dará lecciones sobre la tolerancia». También la criticó por «imponernos sus valores» cuando Michaeli condujo el acto de inauguración de una nueva línea de autobús que circula los sábados, a la que Eliyahu se opone vehementemente.

Zvika Fogel es un brigadier general retirado, antiguo jefe del Comando Sur del Ejército. Es el representante militar de alto rango en el Sionismo Religioso, que por lo demás no tiene un gran perfil militar, como sí es tradicional en muchos partidos sionistas (el propio Ben-Gvir, por ejemplo, fue considerado no apto para el servicio debido a sus antecedentes políticos extremos). Fogel aboga por la anexión del Valle del Jordán, algo que tanto Netanyahu como su rival Benny Gantz han defendido en el pasado y que, sin embargo, han puesto a un lado, a pesar de que esta anexión ya se ha producido de facto.

Avi Maoz es el jefe de Noam, un partido explícitamente anti-LGBTQ que forma parte de la lista del Sionismo Religioso. Noam cree que Smotrich y los suyos no van lo suficientemente lejos para proteger los valores familiares tradicionales, judío-ortodoxos y conservadores. Su video electoral de julio fue retirado por Youtube por violación de las condiciones de uso. En él aparece una familia (madre, padre e hijo) acudiendo a votar, bombardeada por mensajes liberales. Dicen que votan para que «mi hijo pueda ser judío» y para que «se case con una mujer». (Publicado originalmente en Mondoweiss. Brecha reproduce fragmentos)

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