Johann Trollman llamado también «Rukeli», que en el lenguaje de los gitanos del centro de Europa significaba algo así como «Árbol joven» en alusión a su figura esmirriada, fue un boxeador alemán de origen gitano víctima de la política racista del régimen nazi, que primero le desposeyó del título alemán del peso semipesado que había conquistado en 1933 porque un gitano no puede convertirse en un campeón alemán, y diez años después acabó con su vida en el campo de concentración de Neuengamme.

Trollmann creció en los barrios más pobres de Hannover y, de la mano de su entrenador, el boxeador judío Erich Seelig, se labró una prometedora carrera deportiva en el boxeo profesional.

La historia de Trollmann es la de un chaval que descubrió el agua caliente en las duchas del gimnasio. No tenía el calzado adecuado para boxear, pero tenía los pies y el ritmo necesario para revolucionar un deporte acostumbrado a campeones rígidos. Ese estilo danzarín marcó época y fue bautizado como el “baile de Trollmann”, una coreografía a base de fintas y movimientos cortos que poco o nada tenían que ver con la ortodoxia de la época y su origen sinti (gitano) fueron las causas de su éxito y su perdición.

El 9 de junio de 1933, con 25 años de edad, Trollmann disputa el título nacional de peso semipesado contra el también alemán Adolf Witt al que hizo besar la lona en repetidas ocasiones pese a la diferencia de peso y tamaño existente. Llegó el momento de dar el resultado del combate, que todo el público creía que iba a ser para Trollmann, y tras una clara manipulación nazi, se declaró empate nulo. El escándalo fue mayúsculo y tras la presión y críticas del público, los jueces no tuvieron más remedio que nombrar campeón de Alemania a Trollmann.

No pudo evitar llorar de emoción y precisamente ese fue el pretexto para que tan solo una semana después le fuera retirado el título tal y como le informaba una carta remitida por la Federación Alemana. En ella le anunciaban que había sido por “comportamiento vergonzoso” y «mal boxeo».

Dos meses después se organizó un nuevo combate contra Gustav Eder, un boxeador pronazi y ojito derecho de los poderosos, en el que fue obligado a participar. Las autoridades nazis querían vengar la derrota de Witt y acabar con la peligrosa popularidad del joven gitano, pero eso requería no dejar ningún cabo suelto. Le obligaron a renunciar a su juego de piernas, le dijeron que no se moviera del centro del ring si no quería perder su licencia. El día del combate todo e mundo enmudeció cuando Trollmann se presentó con el pelo teñido de rubio y el cuerpo lleno de polvos de talco, reclamando el respeto que le negaban por su color de piel.

Cuentan las crónicas que se mantuvo inmóvil en el centro del ring y sin esquivar, uno tras otro, los puñetazos de su rival, hasta caer al suelo totalmente bañado en sangre en el quinto asalto.

Siguió peleando, pero no podía usar su estilo y estaba obligado a pelear quieto. Además, cuando iba ganando los combates, en las pausas un funcionario del partido se acercaba a su esquina y le advertía: “¡Gitano, túmbate! ¡Túmbate o iremos a por tu familia!”. Esta insostenible situación le obligó a boxear de manera ambulante. Cuando esto llegó a oídos de la Federación Alemana, le quitaron la licencia y le llamaron a filas en 1939.

El 16 de diciembre de 1942, Himmler firma el Decreto de Auschwitz, donde los gitanos son equiparados a los judíos y se ordena su deportación. Trollmann es enviado al campo de concentración de Neuengamme.  Los guardias del campo de concentración se enteraron de que era boxeador y concibieron una forma de tortura que para ellos era divertida. Tenían malnutrido a Trollmann y sólo le daban más de comer si perdía por KO en los combates que se organizaban en el campo.

Aunque la versión oficial de su fallecimiento en 1943 fue la muerte natural y otra versión dice que le habían disparado, según el periodista Roger Repplinger la verdadera causa de su fallecimiento en 1944 fue mucho peor. Al parecer, le organizaron un combate contra otro recluso llamado Emil Cornelius, un kapo, que en el argot es el nombre que recibían los presos que colaboraban con los nazis y hacían de espías internos. Trollmann cometió el error de noquear a Cornelius delante de los guardas. Éste, enrabietado por la humillación, agarró un madero y apaleó hasta la muerte a Trollmann, ante la mirada impasible e incluso las burlas de los guardas, que ni se inmutaron al ver el cadáver ensangrentado de el ex campeón de Alemania de boxeo tirado en el barro.

Pasaron casi 60 años para que la figura de Johann Trollmann fuera reconocida. La Federación Alemana de Boxeo reconoció su título en 2003 y a sus descendientes les fue entregado el cinturón de campeón. Además tiene una calle en Hannover y un monumento dedicado a su memoria, un ring semihundido que recuerda la figura de uno de los deportistas más vilipendiados de la Alemania nazi, con una placa en su honor.

Fuentes: Público, ABC y Juventud Rebelde.