A finales de los 70′ y principios de los 80′ se presentaba la época destape y una cierta pornografía, que presuponía ser una revolución de progreso contra el «nacionalcatolicismo oscurantista», como dice José Luis García. Por aquella época, hace 40 años, este psicólogo clínico y sexólogo comenzaba a analizar las consecuencias de algo, que posteriormente terminaría confirmando: la pornografía. José Luis García ha analizado este desarrollo de la industria pornográfica «violenta» a lo largo de 14 libros y cientos de artículos. Este resumen es a ‘grosso modo’, puesto que siempre es mejor poder leerle a él.

 

  • Hace 40 años publicó un trabajo, respaldado en la ciencia y las pruebas empíricas, sobre las consecuencias de consumir pornografía. ¿Cuáles son?

Hace 40 años no tenía la documentación científica para valorar todas las consecuencias que genera el consumo abusivo de porno, más aún si esté es violento, de la que disponemos ahora.  Pero por aquel entonces ya trabajaba activamente en la educación sexual profesional, en la clínica psicosexual, así como en la investigación y divulgación y veía claro las consecuencias de dejar el aprendizaje de los hechos sexuales a los amigos y a las revistas porno y vídeos de la época. La consulta clínica es la prueba más evidente de la ausencia de una educación sexual científica. El sexo provoca dolor y sufrimiento cuando se aborda de manera poco adecuada.

Hoy sabemos, con rigor, ya que hay suficientes estudios e investigaciones serias y científicas, que el consumo de pornografía genera adicción, alteraciones cerebrales, disfunciones sexuales, conflictos y separaciones de pareja, consumo de prostitución, baja autoestima corporal y personal, toda vez que promueve conductas sexuales irresponsables, entre otros muchos problemas de salud.  Por tanto, no es una cuestión religiosa, como dicen algunos o, ideológica de coartar la libertad, que dicen otros, sino que es un tema de salud.

Por ejemplo, un niño, que accede al porno violento desde los 6-8 años, va a construirse una visión de la sexualidad terrible: agresividad, misoginia, sexo fisiológico y genital, ausencia de afecto, ternura. No se puede aceptar, desde ningún punto de vista, que el sexo es excitante cuando hay violencia de un hombre contra una mujer. Ni para los actores/actrices, ni para los espectadores/as.

En esos films se aprende lo que hay que hacer y lo que se espera de una chica y un chico en sus primeras relaciones sexuales. El modelo de hombre y de mujer que proponen los vídeos, que ven y comparten a diario, es el que tratan de llevar a la práctica, incluyendo el lenguaje, las conductas violentas y comportamientos sexuales que no son ni apropiados ni recomendables a estas edades.

Los vídeos porno, en su mayoría, erotizan la violencia del hombre sobre la mujer. La normalizan y la legitiman. Esto no podemos aceptarlo, yo al menos no lo acepto y lo denunciaré en cada oportunidad que sea posible.

Lamentablemente este porno es hoy el manual de instrucciones 2.0 de nuestros menores y jóvenes, algunos de los cuales van a sufrir importantes destrozos emocionales en su vida sexual y de relaciones afectivas en su futuro.

La sexualidad no tiene nada que ver con la violencia, ya que es una dimensión amorosa, saludable, divertida, tierna y placentera que tiene todo el sentido cuando se da en un entorno de deseo y acuerdo mutuo, respeto, libertad y corresponsabilidad en el placer del otro/a. Nada más lejos de lo que la pornografía agresiva nos ofrece, están en las antípodas.

La pornografía y la idea de libertad

  • Por lo tanto, ¿El tiempo y la experiencia ha demostrado que lo que se iniciaba con esa supuesta «revolución sexual» de los 70/80 es realmente dañino? ¿Es una falacia la idea de ‘libertad’ como excusa para dedicarse al porno?

La industria se ha apropiado de esa idea de “libertad” para defender su negocio: ¿Libertad para agredir y maltratar a una mujer? Solo el hombre con su dinero y poder puede ejercitar su libertad y elegir, cierto:  compra la libertad de las mujeres vulnerables como ocurre en la prostitución.

Hoy tienes millones de vídeos de violaciones a chicas aniñadas con coletas y uniforme escolar, todos los días, a todas horas, de manera gratuita y anónima, sin ningún tipo de control. Hay videos de agresiones sexuales en grupo, violaciones por máquinas y las prácticas sexuales más desagradables que parecían inimaginables. Todo eso lo puede ver un chavalito de 8 años. También sabemos que están apareciendo lesiones anales en niñas que tratan de hacer lo que su novio les pide porque en el porno es lo que mola.

 

  • ¿Estas consecuencias perjudiciales también afectan a los «actores» y gente de la industria o solamente a los consumidores?

De todos los testimonios que he leído de actores y sobre todo actrices que han trabajado en el porno, tan solo he encontrado 3 o 4 que no echan pestes de ese trabajo. No solo por los riesgos de contagio de infecciones sexuales de todo tipo, por la ausencia de higiene y preservativos. Te recuerdo que en nuestro país fue muy sonado el contagio de SIDA de un actor muy conocido.

La inmensa mayoría se quejan de las condiciones leoninas del trabajo, engaños, embustes y todo lo que rodea a ese mundo: drogas, violencia…etc. Muchas quedan marcadas por esas experiencias, con trastornos psicológicos y arrastran el estigma toda su vida, estigma que acompañará a toda su familia, ya que esos vídeos quedaran en Internet para siempre. La impresión que tengo es que las actrices porno provienen en buena parte de entornos vulnerables, “son carne de cañón”.

 

  • ¿Le parece que con las plataformas actuales de porno «amateur » como Onlyfans resuelven el problema? Se están vendiendo como ‘empoderantes’.

Los acrecientan sin ninguna duda. Es una salida “fácil” para obtener algunos euros (los vídeos amateurs) y bastante dinero si eres joven y atractiva a través de esas plataformas que citas. Solo hace falta un móvil y acceso a internet. En algunos países pobres se cuentan por miles las chicas que son ‘cam girls’.

La industria del porno está presente y es muy activa en todas las redes sociales y plataformas donde recalan los jóvenes, ya que son el mejor caldo de cultivo, donde se distribuye el cebo generosamente para captar a jóvenes consumidores y chicas que “piquen” para probar… Total si es solo una vez… Entrar y salir. Menuda milonga.

Los intereses de la industria pornográfica

  • ¿Qué intereses puede haber detrás de esta industria y de querer inculcar dichos valores a la sociedad?

Yo creo que exclusivamente dinero. Y punto. Vivimos en una sociedad neoliberal que instrumentaliza el sexo como un buen negocio ya que es un tema interesa a todo el mundo. La pornografía y la prostitución son los ejemplos más evidentes de ello. Una mujer joven, generalmente pobre y procedente de trata, es una máquina de hacer ‘cash’, para que el hombre se masturbe viéndola o teniendo relaciones con ella. Instrumentalizando su cuerpo para su exclusivo placer.

No podemos entender el porno si no lo comparamos con la industria del tabaco o del alcohol: quieren consumidores y si son adictos muchísimo mejor. ‘Money is money’. Al porno no le interesa en absoluto la salud sexual de las personas ni su educación, a pesar de que algunas plataformas tienen páginas de educación sexual. Hay que tener caradura para hablar de educación sexual al lado de video de violaciones a adolescentes.

El negocio, según los entendidos, está en el tiempo que pasa el espectador navegando en la web porno, porque eso es dinero en publicidad. Cuando más tiempo estés más dinero generas al site. Por eso el despliegue de millones y millones de vídeos para satisfacer cualquier demanda. Cualquiera. No sé si hay alguna “perrería” más, que queda por hacer y por filmar, a una mujer o una adolescente en un vídeo porno.

Pero lo cierto es que la normalización del porno, en particular el violento, está provocando cambios en la estética corporal en las prácticas sexuales (generalización de la penetración anal-oral-vaginal sin higiene, sin condones y sin preparación) y en las relaciones sexuales con agresividad por parte del varón y sometimiento de la mujer. Se ve “normal”, durante una relación sexual consensuada prácticas como asfixia, azotes, amordazar y escupir entre otras.

Los actores/actrices porno son verdaderos influencers en menores y jóvenes, tienen sus propios canales de Youtube, juegan con ellos una partida al Fortnite, páginas web y RRSS. Son entrevistados en programas ‘cool’, en time prime, como la Resistencia o Late Motiv y en revistas dirigidas a población juvenil. Follan, son famosos y ganan pasta. Y las chicas no se quedan atrás: camgirl y subir vídeos y fotos a Onlyfans cobrando por ello. Son populares. O al menos se lo parece a ellas. Flor de un día. La nueva pornografía que va a abrir una puerta a nuevas formas de prostitución.

Me inquieta, a tenor del consumo de porno violento, la idea que transmite estos films de que la violencia excita y gusta a los varones y también a las mujeres que acaban disfrutando. Hecho perverso donde los haya porque, de aceptarlo, la idea de agresión carece de sentido: no existe la violación, a las mujeres les gusta ser agredidas. Y viendo esto el espectador experimenta el mayor placer natural que existe, el orgasmo, con una producción extraordinaria de dopamina, en nuestro centro de recompensa cerebral. Y va a querer más y más tiempo y más novedoso. El porno es, a no dudar, poderosa y adictiva droga.

Jose Luis García y la pornografía
Jose Luis García y la pornografía
  • ¿Existe una perspectiva de futuro que permita dilucidar o zanjar este tema?

La industria del porno es una de las más poderosas del mundo. Luchar contra ella es imposible. Creo que la pornografía violenta debería tener el mismo tratamiento legal que la pornografía infantil, pero eso es una decisión política que requiere políticos valientes y comprometidos, que no tenemos. Mientras eso llega, que tardará décadas, yo propongo educación y capacitación obligatoria de menores y jóvenes tanto en las escuelas como en las familias. De todas maneras, estamos lejos de todo ello. En España la educación sexual científica sigue siendo una asignatura pendiente por las razones que explico en mi último libro “Sexo, poder, religión y política”, publicado el año pasado.