Pablo Alcaide y sus amigos son ejemplo y protagonistas de lo que llevamos de noviembre en nuestro país. El joven logroñés que convenció a sus amigos para limpiar los restos de los disturbios del pasado sábado ha recibido por ellos piropos tanto de la derecha como de la izquierda.

«Sois la imagen de cómo es la sociedad española: única y comprometida con el bien común», es alguno de los elogios que se han llevado la veintena de jóvenes que el domingo por la mañana se reunieron para limpiar los destrozos provocados por los disturbios acontecidos la noche anterior en el paseo de El Espolón de Logroño.

El presidente del Gobierno y el líder de la oposición, Pablo Casado, no dudaron en elogiar a los ‘jóvenes de la esperanza’ de Logroño, que coparon las portadas de los periódicos. Este martes, Fernando Simón ha reservado un hueco destacado de su análisis de la situación para piropear el ejemplar gesto.

Sin embargo, la situación de elogios y de actos bondadosos ha tornado por culpa de la extrema derecha. Según ha podido confirmar el medio NueveCuatroUno, varios de los participantes en los actos desinteresados de limpieza han recibido amenazas por parte de otros jóvenes que tratan de amedrentar su conducta a través de mensajes de odio y desprecio.

«Desde su entorno más cercano se muestran preocupados por el devenir de los acontecimientos y advierten de que no dudarán en acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado si alguno de los jóvenes que han incurrido en amenazas trata de ir ‘un paso más allá’», señalan desde el medio.

Un ejemplo más del nivel de enturbiamiento con el que la ultraderecha mancha cada estamento de nuestra sociedad. Ni los actos más desinteresados quedan sin el toque de los radicales. Un vergonzoso recordatorio de hacia dónde debe enfocarse la lucha: acabar con los intolerantes.