Tal y como se deduce de los datos aportados por el coronel datos aportados por el coronel Amadeo Martínez Inglés, en su libro «Juan Carlos I. El último Borbón», el rey Juan Carlos utilizó de manera habitual los servicios de inteligencia para gobernar en la sombra y tener controlados a los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González, principalmente.

El rey recibía dossiers ultrasecretos y siempre soltaba bombas informativas en las reuniones con los presidentes de las que el jefe del Ejecutivo era absolutamente desconocedor. Al final de esos despachos quedaba demostrado quién gobernaba realmente.

Tal y como explica Martínez Inglés y recoge Diario16: «Cuando su perplejo interlocutor todavía no se había repuesto de la sorpresa inicial, Juan Carlos se permitía “proponerle”, más como amigo que como superior jerárquico institucional, la decisión o decisiones que, según él, un inteligente hombre de Estado debería tomar para reconducir la situación de forma conveniente».

Entre esos dossiers se encontraron dos documentos que tuvieron mucha importancia en el desarrollo político y social de España y que constituyeron uno de los capítulos más negros de la democracia española: la guerra sucia de las cloacas del Estado contra ETA, según indica Martínez Inglés.

Desvelan que Juan Carlos I fue el primero que tuvo en sus manos el «Acta Fundacional de los GAL»
Desvelan que Juan Carlos I fue el primero que tuvo en sus manos el «Acta Fundacional de los GAL»

Antes incluso que Felipe González, el rey Juan Carlos tuvo en sus manos «la famosísima Acta Fundacional de los GAL«, que, tras el visto bueno de las altas instituciones de la nación, pondría en marcha la ilegal guerra sucia contra ETA en la primavera de 1983 y que se saldaría con 28 asesinatos de Estado.

En julio de 1979, el rey también fue el primero que tuvo en sus manos un documento similar confeccionado por el CESID de la época y con los mismos fines: el denominado Informe-Propuesta sobre la lucha antiterrorista, que sería rechazado por el Gobierno de Adolfo Suárez.

La amistad de Juan Carlos I con el director del CESID

La amistad del rey Juan Carlos con el director del CESID, el general Emilio Alonso Manglano, le permitía tener conocimiento de los asuntos de Estado, legales o de las «cloacas» antes que los respectivos presidentes del Gobierno, siendo así un receptor privilegiado de la información sensible y reservada que generaban los centros de Inteligencia de los tres Ejércitos.

Pero el rey no sólo fue el primer conocedor de los documentos «fundacionales» de la guerra sucia contra ETA, sino que, según el coronel Martínez Inglés, «antes, durante y después de cada una de sus acciones terroristas tuvo a su disposición, como la obtuvieron, precisa y oportunamente, los más altos jerarcas del Ejército (los informes sobre las andanzas contra ETA de los pistoleros de la «democracia» española de los años 80 llegaban puntualmente no sólo al Estado Mayor del Ejército sino hasta el modesto escalón Brigada), toda la información que sobre estos grupos de justicieros con licencia para matar generaban tanto el Centro Superior de Información de la Defensa como las Divisiones de Inteligencia de los tres Ejércitos, el Estado Mayor de la Defensa y, por supuesto, los órganos de Inteligencia del Ministerio del Interior y de la Guardia Civil», asegura Martínez Inglés.

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