El excardenal y arzobispo emérito de Washington Theodore Edgar McCarrick fue expulsado del sacerdocio por el Vaticano en 2019 después de una investigación ordenada por el papa Francisco y de que la Congregación para la Doctrina de la Fe considerara a McCarrick culpable de abusos a menores y a adultos con el agravante de abusos de poder.

El Papa Francisco trató de que calase en todas las comunidades locales que se había acabado la época del encubrimiento a los abusadores y era consciente de que se jugaba su pontificado y la credibilidad de la Iglesia.

La condena a McCarrick supondría que no podría administrar los sacramentos, presentarse o vestir como un sacerdote, ni recibir asignación económica alguna por parte de instituciones de la Iglesia.

Ahora, un nuevo informe del Vaticano publicado este martes 10 de noviembre revela que McCarrick fue nombrado en altos cargos por diferentes papas, entre los que figuran Juan Pablo II y Benedicto XVI, a pesar de los señalamientos en su contra.

Además en el informe se indaga cuáles fueron las decisiones que tomó la Santa Sede con relación al clérigo durante más de 80 años y revela testimonios y cartas que acusan a McCarrick.

Según el documento, los papas Benedicto XVI y Juan Pablo II, así como altos funcionarios de Estados Unidos, conocían desde hacía años las acusaciones contra McCarrick, como que había compartido cama con seminaristas en su casa en la playa de Nueva Jersey y que había «evidencia creíble» de que abusó de menores cuando era sacerdote en la década de 1970.

McCarrick acepto la decisión de la Santa Sede aunque dijo que no tenía ningún recuerdo de los abusos denunciados y lamentó el dolor que sufrió la persona que presentó los cargos y el escándalo que eso ocasionaría.

El Papa Francisco recibió evidencia de la mala conducta de McCarrick en 2017, mientras que el Papa Juan Pablo II fue informado sobre algunas de las acusaciones contra McCarrick en 1999 cuando decidió nombrarlo arzobispo de Washington D.C., tal y como recoge el informe, pero no las creyó al conocerse desde hacía décadas y por las experiencias vividas en la Polonia natal del Papa, donde presenció «acusaciones falsas contra los obispos para degradar la posición de la iglesia».

Y aunque el entonces Papa pidió una investigación interna, tres de los cuatro obispos estadounidenses entrevistados «proporcionaron información inexacta e incompleta» que finalmente influyó en la decisión de darle a McCarrick el puesto arzobispo de Washington, D.C..

Sin embargo, James Grein, uno de los hombres que acusó de abuso sexual a McCarrick, ha señalado que le contó personalmente a Juan Pablo II el abuso durante una audiencia en el Vaticano en 1988. 

Después de que el Papa Benedicto XVI reemplazase a Juan Pablo II en 2005 también tuvo conocimiento de la mala conducta de McCarrick y ni abrió un proceso canónico formal contra McCarrick ni le impuso alguna sanción y simplemente tomó la decisión de recomendarle que llevara una vida más reservada, según el informe.

El informe «no examinó el tema de la culpabilidad de McCarrick» porque «esa cuestión ya ha sido resuelta», pero los investigadores del Vaticano sí analizaron el «conocimiento institucional» que rodea su comportamiento. 

Las cuatro diócesis de Estados Unidos donde trabajó McCarrick, Nueva York, Metuchen y Newark en Nueva Jersey, y Washington D.C., también llevaron a cabo investigaciones separadas que alimentaron el informe del Vaticano.

El excardenal, que vive desde septiembre de 2018 en un pequeño pueblo de Kansas, ha sido acusado sucesivamente de agredir sexualmente a otros menores y de tener relaciones con seminaristas a los que invitaba a su casa de playa en Nueva Jersey a lo largo de muchas décadas.

Los testimonios de muchas personas que tuvieron contacto físico con el prelado y un sistema dominado por el silencio, el secreto y el encubrimiento hacen que la Iglesia se haya visto muy desprestigiada.