Joaquín Benítez, pederasta confeso, se enfrenta a hasta 35 años de cárcel por cuatro delitos de abusos sexuales a menores cometidos entre 2006 y 2010, en un juicio que arranca hoy. Los hechos ocurrieron en el colegio concertado Maristas de Sants, en Barcelona.

Los abusos incluyen tocamientos de Benítez, masturbaciones e incluso felaciones que el profesor de gimnasia les obligó a practicar en muchos casos en la sala de masajes de que disponía dentro del colegio.
El juicio se celebra por los cuatro casos que no han prescrito de los 17 que denunciaron. La Fiscalía pide para Benítez 22 años de cárcel y 14 de inhabilitación, mientras que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, que se personaron como acusación popular, elevan la petición hasta los 35 y 26 años respectivamente. El exdocente se enfrenta también a una posible indemnización que, según solicita el Ministerio Público, ascendería a un conjunto de 70.000 euros para las víctimas.
Las partes han estado negociando un pacto que podría conllevar una reducción de la pena a Benítez a cambio de que confiese todos los abusos, así como que aclare cuál fue el nivel de conocimiento del colegio de sus actos de pederastia, para conocer si hubo ocultación. Él mismo dijo que los Maristas conocían sus abusos desde 1990, a raíz de la queja de una familia.
Oficialmente, la orden ser consciente de sus actos de pederastia desde 2011, los padres de otro alumno lo denunciaron a la dirección y esta optó por un despido pactado del profesor, a la vez que lo llevó a la Fiscalía de Menores. La investigación no prosperó porque la familia del chico descartó seguir con el proceso penal. De esta forma, Benítez siguió en contacto con menores, trabajando de monitor en el Empordà, hasta 2016, cuando El Periódico publicó las primeras denuncias.
El juicio arranca con el testimonio de las cuatro víctimas, que declaran a puerta cerrada.
























