Categorías: Naturaleza y Vida

Por qué la justicia climática no es posible sin justicia racial

La crisis climática está alimentando la desigualdad en todo el mundo, y en particular la injusticia racial. Durante generaciones, la desigualdad ha exacerbado los impactos del cambio climático sobre los pueblos indígenas y las comunidades racializadas, por varios motivos:

1. Pasado y presente del colonialismo

La explotación desmedida de recursos naturales en todo el planeta no habría sido posible sin mano de obra esclava, que permitió a los países occidentales acumular la mayor parte de las riquezas de sus colonias en África, Asia y América Latina.

Defender el medio ambiente y la paz requiere poner en el centro la justicia racial, desde una perspectiva medioambiental y climática, proponiendo un cambio radical en la relación entre los seres humanos y con la naturaleza. No se puede luchar contra la destrucción del medio ambiente sin denunciar el racismo y la violencia que lleva asociado: son dos caras de la misma moneda.

La colonización implica la expulsión de los pueblos de su territorio, la degradación de sus tierras y la explotación de las comunidades locales. Y esto no es sólo un asunto del pasado, los sistemas de opresión siguen plenamente vigentes hoy en día. Lo podemos ver con las industrias extractivas como la de los combustibles fósiles, que siguen causando destrucción en todo el mundo: se apropian de la tierra, la destruyen causando inmensos daños a las comunidades que la habitan y silencian a sus defensoras.

2. Las industrias contaminantes como forma de discriminación

Las industrias contaminantes se sitúan muy a menudo en zonas donde residen mayoritariamente personas migrantes, racializadas o comunidades en situación de exclusión social. Ya sea en zonas rurales o urbanas; estos colectivos son afectados de forma desproporcionada por impactos ambientales que pueden causar graves problemas de salud y, en algunos casos, la muerte.

El asentamiento de este tipo de industrias afecta al agua que beben las comunidades, al suelo en el que cultivan sus alimentos y al aire que respiran.

3. En la primera línea de los impactos climáticos

Las comunidades y países menos responsables del cambio climático son precisamente las primeras afectadas por sus impactos. Las inundaciones, las grandes sequías y los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes ponen en riesgo las casas, las cosechas y las propias vidas de millones de personas, especialmente en países y regiones enteras del Sur global, con escasos recursos para adaptarse y hacer frente a las pérdidas.

La emergencia climática es la crisis que define nuestro tiempo y los desplazamientos de población son una de sus consecuencias más devastadoras. Naciones Unidas estima que para el año 2050 podría haber 250 millones de desplazamientos relacionados con el cambio climático. Los nuevos patrones de desplazamiento y la competencia por los recursos naturales agotados pueden provocar conflictos entre comunidades o agravar vulnerabilidades preexistentes.

Hay poblaciones enteras que ya están sufriendo los impactos, pero son las personas vulnerables que viven en algunos de los países más frágiles y afectados por conflictos las que suelen verse desproporcionadamente afectadas. Las comunidades cuyos hogares y medios de subsistencia han sido destruidos por fenómenos meteorológicos extremos, tienen que emprender peligrosas rutas migratorias para sobrevivir, y a menudo se enfrentan a la discriminación cuando buscan seguridad en otros países.

¿Qué podemos hacer?

Mientras continuamos oponiéndonos a las industrias contaminantes como la de los combustibles fósiles nuestras soluciones deben poner en el centro a las comunidades racializadas de todo el planeta. Por ejemplo, los bosques son el hogar de cientos de pueblos indígenas y comunidades locales que han luchado durante generaciones para preservarlos.

Para cambiar el rumbo de la destrucción de la naturaleza, los responsables políticos y económicos deben escuchar, apoyar y respetar a quienes han vivido cerca y durante mucho tiempo con ecosistemas sanos”.

Las comunidades racializadas han exigido responsabilidades a los gobiernos y a las empresas para acelerar una transición justa. Necesitamos trabajar con el movimiento de justicia climática y centrar sus voces mientras reinventamos el mundo en el que queremos vivir. Es hora de una #RevoluciónSinFósiles.

Georgia Whitaker, responsable de la campaña de Greenpeace Europa Fossil Free Revolution y traducido por Javier Raboso, Responsable de la campaña de Democracia y Cultura de Paz en Greenpeace España.

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