«Cuando empecé, hace mucho tiempo, los trabajadores estaban explotados, sí, pero su trabajo era seguro, la comunidad era estable y no sabíamos nada del cambio climático. Nada de eso es así ya”, lamentaba el director Ken Loach durante una entrevista en el pasado Festival de San Sebastián.

La filmografía de Loach puede resumirse en la lucha por despertar conciencias y señalar a los verdaderos culpables del sufrimiento de la clase obrera: el sistema capitalista y la avaricia del empresario de la ansiedad.

Para Loach la etiqueta de cine político es redundante. «La mayoría de películas tienen, nos demos cuenta o no, ideas sobre nuestra sociedad. En el cine comercial de Hollywood hay muchas veces un hombre con una pistola que resuelve los problemas. Eso es un mensaje. O el superhéroe todopoderoso: es una idea. O mostrar y disfrutar la riqueza, vestidos y mansiones sin preguntarse quién lo ha hecho, ni de dónde ha salido el dinero: eso son ideas políticas», enumera. «Si enseñas eso sin más es una postura política. Nos gusta el romance y la comedia, pero también pueden tener ideas reales, no una fantasía».

Su nueva película, Sorry we missed you ataca directamente a la ‘uberización de la economía’: el falso autónomo, el contrato de cero horas británico y la perversa dinámica de la autoexplotación del trabajador. Con 83 años, Loach, junto al guionista Paul Laverty, ha firmado el mejor retrato del nuevo precariado.

En su película, un trabajador, Ricky Turner (Kris Hitchen), un padre de familia en paro que comienza a trabajar como repartidor autónomo. Tiene horarios draconianos, no puede coger vacaciones ni ponerse enfermo, pero la empresa se lava las manos: técnicamente, es un empresario; en la práctica, un esclavo.

“¿Por qué? Porque las grandes empresas compiten en precio, para eso reducen los costes laborales y el trabajo es cada vez más inseguro. No cubren ya vacaciones ni bajas: toda la responsabilidad es del trabajador”, destaca Loach. “El modelo de negocio Amazon, a largo plazo, es insostenible. En primer lugar por la increíble desigualdad: Jeff Bezos tiene una riqueza que no puede ni imaginar. Y la gente que trabaja para él son desesperadamente pobres”, explica.

Y da con la clave: “Los repartidores usan combustibles fósiles. Es un modelo que no podemos sostener por muchos años. No solo destruye el individuo, también el planeta”.

“Necesitamos gobiernos que intervengan, seguramente con políticas fiscales”, apunta como una urgencia. “Si protegemos a los minoristas, podemos empezar a rehacer los centros de las ciudades. Y necesitamos derechos sindicales para acabar con este trabajo precario, que haya 35 horas semanales y no 14 diarias”.

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