La guerra sucia no la inventó la CIA ni la Mossad, pero juntos la perfeccionaron. Una investigación publicada por The Guardian revela que al menos 18 agencias de inteligencia occidentales, entre ellas las de Reino Unido, Francia, Suiza, Alemania, Italia y EE.UU., colaboraron con el Mossad israelí para identificar y localizar a palestinos que luego serían asesinados en la década de 1970, bajo la llamada “Operación Ira de Dios”, en represalia por el atentado de Múnich 72.
Todo esto ocurrió a espaldas de la ciudadanía y sin supervisión parlamentaria. En nombre de la lucha antiterrorista, Europa se convirtió en cómplice silenciosa de una campaña internacional de asesinatos selectivos, en muchas ocasiones extrajudiciales y con errores fatales, como el caso del camarero marroquí ejecutado por error en Lillehammer, Noruega.
La clave de esta colaboración fue Kilowatt, un sistema ultrasecreto creado en 1971 que permitía compartir información entre agencias de inteligencia occidentales. En él, se intercambiaban miles de cables con datos detallados sobre movimientos, contactos, vehículos, casas seguras y análisis de “sospechosos”.
La historiadora Aviva Guttmann descubrió estos documentos en archivos suizos. Sus hallazgos revelan que el Mossad no habría podido ejecutar muchos de sus asesinatos sin la ayuda táctica de estas agencias. En otras palabras: las balas eran israelíes, pero los objetivos los marcaba también Occidente.
Uno de los primeros asesinatos fue el de Wael Zwaiter, un poeta y traductor palestino ejecutado en el portal de su casa en Roma. Israel lo acusaba de pertenecer a Septiembre Negro. Sus defensores siempre han negado cualquier vínculo con la violencia.
Los cables revelan que fue señalado por agencias europeas, aunque las pruebas eran frágiles. ¿Cuántas vidas fueron segadas por meras sospechas compartidas en un cable secreto?
Estas revelaciones no solo tienen valor histórico. También interpelan directamente el presente. En plena ofensiva contra Gaza, que ha matado a más de 50.000 personas, Israel sigue operando con una red de colaboración internacional en la sombra, mientras gobiernos europeos venden armas a Tel Aviv o miran hacia otro lado.
Y mientras tanto, el Mossad sigue ejecutando operaciones: asesinó al líder político de Hamas en Teherán, a comandantes en Beirut, y lidera una guerra encubierta sin fronteras. Como dijo Guttmann: “Hoy también se está compartiendo información sobre la que no sabemos absolutamente nada.”
Este reportaje desnuda un patrón histórico: cuando los derechos humanos estorban, los servicios secretos hacen el trabajo sucio. Y los gobiernos democráticos se hacen los ciegos.
No es solo historia. Es una advertencia.
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