El fastuoso desarrollo del coche eléctrico y sus motores, la invasión acelerada de parques eólicos o centrales fotovolcaicas sin respaldo social y el desarrollo de muchas tecnologías -también en la industria armamentística- que inflan sin tasa el beneficio de las grandes transnacionales, dependen de una familia mineral de óxidos que, como la fiebre del oro de Alaska en 1896, prometen un maná ilimitado a fondos e inversores, una suerte de «pelotazo definitivo» para marcar territorio en el siglo XXI.

Composición sobre el impacto radioactivo de la minería de tierras raras / Dirk Rabe

Sin embargo, en su extracción y procesado, no es oro todo lo que reluce. El periodista de investigación francés, Guillaume Pitron considera que con los datos en la mano hay que reconocer que las nuevas tecnologías en las que se basa la «revolución verde» publicitada a los cuatro vientos desde la industria «pueden ni ser tan ecológicas como nos gustaría pensar ni un buen lugar para comenzar a planificar un mundo mejor». Para Pitron, que tras seis años de aproximación al mundo que rodea a las tierras raras ha publicado un libro que se ha convertido en bestseller a nivel internacional, su proceso de extracción y procesado es tan contaminante que convierte la transición energética «en un mito».

Porque la minería de tierras raras encierra un oscuro secreto: es radioactiva, y eso debería importarnos a todos. Enrique Montero, profesor titular de la Universidad de Cádiz y responsable de la Cátedra Relec, apunta que la producción de una tonelada de tierras raras da lugar a entre 9.600 y 12.000 metros cúbicos de gas residual que contiene polvo concentrado de alta toxicidad, además de ácido fluorhídrico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico, unos 75.000 litros de agua residual ácida, teniendo además que añadir a este aluvión de desechos alrededor de una tonelada de residuos radioactivos por la presencia habitual en la mena de elementos como el torio y el uranio.

PROYECTOS RENTABLES PARA LAS EMPRESAS PERO RADIOACTIVOS PARA LOS TRABAJADORES, EL PÚBLICO Y EL MEDIO AMBIENTE

De hecho, en una comunicación del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a la Junta de Castilla-La Mancha fechada en abril de 2016 sobre el plan extractivo de la empresa Quantum Minería S.L. para extraer tierras raras en Ciudad Real, a la que ha podido acceder contrainformacion.es, el organismo atómico señala que, de acuerdo con la documentación presentada «las actividades previstas en los proyectos de explotación son susceptibles de generar un impacto radiológico para los trabajadores, el público y el medio ambiente», razón por la que «a las actividades laborales asociadas a los proyectos de referencia les es de aplicación lo indicado en el título VII del Real Decreto 783/2001, de 6 de julio , por el que se aprueba el Reglamento sobre protección sanitaria contra radiaciones ionizantes».

Ese mismo año, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través del instituto IREC, también habló con claridad a nivel técnico sobre el fracasado proyecto defendido por Enrique Burkhalter Thiebaut al frente de Quantum Minería, recordando que el principal peligro de las explotaciones de monacita, como la que pretendía extraerse entre los términos municipales de Torrenueva y Torre de Juan Abad eran los riesgos radioactivos debido a la presencia certificada de elementos como el torio (Th) y el uranio (U), recordándole a la empresa que no se estaban aportando datos de su representatividad «sobre el conjunto de la zona a explotar», siendo igualmente aconsejable realizar mediciones «de la radiación emitida por el material removido y el polvo generado».

Para la Plataforma Sí a la Tierra Viva, que lideró la lucha contra el proyecto minero y tumbó de manera contundente los planes de la empresa finalmente cancelados por el Gobierno de Castilla-La Mancha en una decisión ratificada en enero de 2021 por el Tribunal Superior de Justicia de la comunidad autónoma, no sólo los organismos de referencia alertan del impacto negativo de las tierras raras, sino que hasta la propia Agencia de Protección del Medio Ambiente estadounidense (EPA) ha alertado a través de informes técnicos de los numerosos riesgos que tanto los trabajadores como la población cercada, así como animales y plantas, pueden afrontar por la ingestión de agua, polvo o alimentos contaminados con partículas derivadas del proceso.

ALTERNATIVAS PARA UN MUNDO ALTERNATIVO

Pedro Gómez-Romero, al frente del grupo de investigación en nuevos materiales para la energía en el Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia (ICN2), de la Universitat Autònoma de Barcelona y el CSIC, indicó al diario La Vanguardia a principios de 2020 que a día de hoy, son muchos los equipos de investigación que están trabajando activamente para encontrar materiales para reducir la dependiencia de las tierras raras debido a los numerosos impactos negativos derivados de su extracción y procesado. En esta línea, desde su equipo de investigación se están estudiando nuevos superconductores o baterías para almacenar energía que ya no usan tierras raras, sino iones de litio o azufre, en uno de los proyectos que de salir adelante podría marcar el camino para avanzar hacia una transición energética justa con el medio ambiente, pero también con las personas, ofreciendo nuevas opciones más sostenibles para un mundo futuro que también se adivina alternativo.

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