El Alto Golfo de California es hogar del mamífero marino más pequeño del planeta, la vaquita marina, más conocido como «la cocaína del mar». El esquivo cetáceo no mide más de 1,5 metros y su peso no rebasa los 45 kilos. La vaquita marina se refugia a profundidades de 20 a 40 metros en zonas de mareas fuertes y no es muy fácil de ubicar pese a vivir en un área bien localizada, sobre todo actualmente, cuando quedan apenas entre 6 y 20 ejemplares.

La sobreexplotación de totoaba provocó su extinción comercial en 1975. Pero la demanda del buche no cesó, al contrario siguió aumentando y sus precios se cotizaron tan altos en el mercado negro, que empezaron a atraer al crimen organizado. Fue ahí donde la población de vaquita empezó a disminuir a un ritmo cada vez más alarmante: de 600 individuos que había en 1997, para 2008 quedaban menos de 300 y en 2017 no llegaban a 30.

La vaquita vive en un polígono de 1800 kilómetros cuadrados y durante muchos años se le consideró una figura mítica. Fue hasta 1958 cuando se le reconoció como especie y quedó registrada como parte de la fauna del Alto Golfo de California. Ese aire de leyenda, no obstante, la siguió envolviendo y fue utilizado de alguna manera para continuar ignorando el riesgo que se cernía sobre ella a medida que aumentaba la actividad pesquera en la zona.

Primero fueron las redes de arrastre utilizadas para la pesca de camarón, por ejemplo, las que atrapaban vaquitas sin ir a buscarlas y les causaban la muerte. Pero el problema mayor vino con la pesca de la totoaba, un pez endémico del Golfo de California cuya vejiga natatoria o buche tiene un gran valor en la medicina tradicional china.

Los pescadores de totoaba utilizan redes agalleras, cuya malla tiene un calado del tamaño de la cabeza de la vaquita, que fácilmente se queda atorada y se ahoga.

La secretaria general de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) subraya que el tráfico de buches de totoaba es un negocio muy lucrativo, tanto, que esa vejiga natatoria es conocida como “la cocaína del mar”.

Es increíble, por cada buche de totoaba se les paga 5000 dólares a los pescadores y se venden hasta en 100.000 dólares en China

“Es increíble, por cada buche se les paga 5000 dólares a los pescadores y se venden hasta en 100.000 dólares en China, así que estamos hablando de millones, millones de millones. Por eso está metido el crimen organizado, las ganancias son semejantes a las del narcotráfico, el tráfico de armas o el tráfico de personas”, enfatiza Ivonne Higuro.

La totoaba es un pez de dos metros de longitud y cien kilos de peso. Su vejiga natatoria pesa un promedio de medio kilo, así que los pescadores pueden llegar a enriquecerse y desoyen la prohibición de su pesca.