Los siglos XVII y XVIII fueron para Cádiz una época de gran prosperidad económica, sobre todo a raíz del traslado de la Casa de Contratación y Consulado de Indias de Sevilla a la capital gaditana en 1717, pero esta prosperidad tuvo también un lado oscuro y macabro, porque una parte de ella se cimentó sobre un tráfico mercantil indeseable: el comercio de esclavos.

«La Compañía Gaditana de Negros», registrada con el nombre de Aguirre, Arísteguí y Cia, fue la primera compañía exclusivamente española dedicada al tráfico negrero con América. Estaba acogida al sistema de «Asientos» por los cuales unos particulares se comprometían ante la Corona a prestar el servicio de suministrar esclavos a las colonias americanas, a cambio de una serie de derechos y obligaciones y de la entrega de una parte de los beneficios al Estado.

En la documentación aparecida sobre la empresa se refleja que podían trasportar cada año mil quinientos negros a Cartagena y Portobello, cuatrocientos a Honduras, mil a la isla de Cuba, seiscientos a Santo Domingo, Margarita y Puerto Rico. Además se dice el coste que tenían los esclavos: los niños de 6 a 12 años ,220 pesos; los de 12 a 18 años, 240 pesos;y los adultos 260 pesos y se pagaría después por cada uno 40 pesos como impuesto a la corona. Para dar fe a la llegada debía estar presente un representante de la compañía y otro de la corona, así demostraban que los esclavos habían llegado, su número total, las características del esclavo, y entonces pagaban la tasa correspondiente.

La Compañía Gaditana comenzó su tráfico con navíos propios y tripulaciones locales, su primera fragata ‘La Venganza’ partió en 1765 con capacidad para adquirir hasta 700 africanos. Clasificaban a estos por medidas, los marcaban con hierro al rojo llamado carimbo al igual que se marca a las reses y se formalizaban las ventas mediante escrituras sin asegurar las tachas o enfermedades a riesgo y ventura del comprador, excepto las de gota, demencia o mal de San Lázaro.

El no alcanzar la cantidad de esclavos estipulada por año, sumado a las medidas adoptadas por Gran Bretaña en contra el comercio esclavista, llevaría a Aguirre, Aristegui y Cia a la quiebra y a desaparecer como tal en 1772. Su oscura actividad paso a formar parte de lo más oscuro de los archivos.

En Cádiz ha quedado un recuerdo de este episodio en una callejuela del casco antiguo, el llamado Callejón de los Negros, que probablemente debe su nombre por ser lugar de paso de los esclavos negros que desembarcaban en el puerto hasta el lugar donde eran subastados y vendidos. El nombre también podría deberse, según una antigua leyenda citada por el escritor local Ramón Solís, a la existencia allí de la escultura de una cabeza de un negro, como macabro recuerdo de un esclavo que había asesinado a su amo, que fue decapitado y cuya cabeza fue colocada como escarmiento en dicho lugar.