Javier F. Ferrero

La industria textil es la segunda más contaminante del mundo después de la petrolera, produce el 20% de las aguas residuales y el 10% de las emisiones de carbono en el mundo, esto es más que todos los vuelos internacionales y los barcos de carga combinados.

Un pantalón vaquero requiere para su fabricación entre 2.130 y 3.078 litros de agua, un consumo que está principalmente determinado por el impacto hídrico de su materia prima, el algodón, ya que el cultivo de esta planta representa entre el 3 % y el 4 % del agua que se emplea en todo el mundo para cualquier uso, según el estudio titulado “Una evaluación de la huella hídrica de unos pantalones vaqueros: La influencia de las políticas agrícolas en la sostenibilidad de los productos de consumo”.

Para producir un kilo de algodón se necesitan miles de litros de agua, y los otros tipos de material que se utilizan usualmente, tales como el poliéster, el nailon o el acrílico, vierten hasta medio millón de micro plásticos anualmente en los ríos que terminan en nuestros océanos afectando los ecosistemas marinos.

Además, aún después de todo este desperdicio, los “tiempos de vida” de nuestras prendas son relativamente cortos y hasta el 85% de los textiles son desechados en vertederos, o incinerados, causando aún más contaminación.

La industria de la moda está valorada en más de 2,5 billones de dólares y emplea a unos 75 millones de personas en todo el mundo, así que tiene sentido cambiar la producción textil de fibras sintéticas basadas en combustibles fósiles a estos textiles renovables y biodegradables.

 

Alternativas ecológicas

Las fibras de bosques gestionados con manera sostenible podrían cambiar esta realidad y reducir las emisiones de carbono. La iniciativa “Forest For Fashion”, que se traduce como “Bosques para la Moda” de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa y el Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura en alianza con PEFC, demuestra que los bosques pueden ser la solución para que la industria de la moda deje de aportar a la polución mundial.

Los productos de origen forestal (madera, papel, corcho, setas, resinas, esencias…) certificados por PEFC, el sistema de certificación forestal más implantado en el mundo, garantizan a los consumidores que están comprando productos de bosques gestionados sosteniblemente.

Escogiendo PEFC, los compradores pueden ayudar a combatir la tala ilegal y fomentar las principales funciones que ejercen los recursos forestales, tales como el mantenimiento de numerosos ecosistemas y la diversidad biológica y el sustento económico de poblaciones rurales.

Cabe destacar que, además, en el eslabón productivo, la moda es a menudo un sinónimo de condiciones de trabajo peligrosas, procesos inseguros y sustancias peligrosas, así como crueles abusos, esclavitud moderna y trabajo infantil.  Es por ello por lo que para que una prenda sea realmente sostenible, las empresas además deben respetar los derechos del trabajador. Asimismo, las empresas pueden certificarse en reciclado, de manera que los tejidos se pueden volver a convertir en fibras nuevas y plasmar en diseños diferentes.

Las decisiones que tomamos como consumidores, desde algo tan básico como elegir cómo y con qué nos vestimos, pueden hacer una diferencia y llevarnos hacia un mundo más sostenible, y, la madera en bosques gestionados de manera sostenible, puede ser la solución que necesita el planeta.

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