La acción humanitaria se refiere no solo a la atención en emergencias, a las crisis surgidas de conflictos y las provocadas por desastres naturales, sino que abarca un campo más amplio como las acciones de preparación de riesgos ante desastres, acciones de rehabilitación temprana, la atención a crisis olvidadas y la coordinación con otros actores internacionales.

Según ha informado la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), la estrategia se ha aprobado tras un amplio de consultas con los distintos actores de la Cooperación Española (cooperación descentralizada, sociedad civil, universidades y Administración General del Estado, entre otros).

El objetivo ha sido renovar la estrategia de 2007, teniendo en cuenta un «enfoque multilateral y europeísta» y el cambio en los tipos de crisis a los que debe hacer frente la comunidad internacional, Así, ante crisis que se caracterizan por la complejidad y la larga duración, es necesaria la articulación de todos los instrumentos, incluida la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.

En la nueva Estrategia humanitaria 2019-2026 se han reforzado aspectos como la resiliencia y nexo acción humanitaria-desarrollo, la localización o las transferencias en efectivo. Además, asume compromisos en materia de género o la voluntad de desarrollar un plan nacional de diplomacia humanitaria, a la vez que se reafirman los principios humanitarios y el mandato original de la ayuda humanitaria, que es «salvar vidas».

Además, apuesta por las ‘crisis olvidadas’ y las zonas de conflictividad crónica, algunas de ellas con larga trayectoria de implicación española, como los campamentos de refugiados saharauis, el conflicto de Mindanao en Filipinas o el llamado Triángulo Norte centroamericano.

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