La Crisis Antropogénica

Alfonso Montejano


La vida en la Tierra ha evolucionado del caos al orden y continuará con nosotros o sin nosotros, las bacterias surgieron hace más de tres mil millones de años y nos llevan una ventaja considerable en pensar cómo hacer bien las cosas, no van a permanecer inactivas esperando a que el hombre haga más barbaridades con su Planeta, su despliegue ha sido el transcurso evolutivo más largo de la historia de la Tierra y debería ser un ejemplo para los humanos, ya que se ayudaron de una forma simbiótica para crear a nuevas especies que nacieron de las uniones de esas variedades primigenias, así inició la biodiversidad, además limpiaron por medio de la fotosíntesis el CO2 que había en la atmósfera y nos dejaron un espacio apropiado para el surgimiento de la inteligencia humana, no les interesa la polución que emiten otras especies, esperan pacientemente a que la Tierra vuelva a posesionarse de la función que ha ejercido durante millones de años, interactúe de nuevo como el organismo que protege la vida y autoregule sus alternativas para aislar al hombre de ese orden en proceso de perfección que tanto trabajo les ha costado forjar. En este acoplamiento natural.

La intervención humana ha sido mínima en cuestión de tiempo y sustancialmente negativa en conceptos de desequilibrio bioético, desde la conquista del fuego se han alterado los procesos evolutivos de una forma peligrosa para la misma especie humana, no para las demás formas de vida, y ya no digamos con la revolución industrial, donde se comenzó a jugar con trastornos socioeconómicos que potenciaron el extractivismo hacia la degradación de una maquinaria natural que funcionaba mucho mejor que un diligente y exacto reloj.

Más que una crisis climática, la crisis del hombre es un problema antropogénico, es decir, fue causada por la necedad de negarse a asumir su responsabilidad en el concierto armónico de la evolución y el único perjudicado es él mismo, su egoísmo competitivo lo ha llevado a defender conceptos ecológicamente equivocados, desde la sobrepoblación justificada por las religiones, hasta la economía de mercado favorecida por la ambición y la especulación financiera, queda muy poco tiempo para corregir los garrafales errores humanos y es imprescindible modificar el pensamiento de millones de gentes que creen que los monopolios globales del consumo y el desecho son las soluciones a una crisis ambiental sin precedentes en toda la historia de la humanidad.

Se está despilfarrando demasiada energía en mantener un estilo de vida basado en la quema de combustibles fósiles, la atmósfera y los océanos están resistiendo los embates de la sobrepoblación mundial y actualmente vivimos en continentes de basura que se revierten en contra de la buena salud de nosotros mismos, ya se vende el agua y dentro de muy poco nos vamos a ver obligados a comprar oxígeno.

Debido a lo anterior, es necesario replantear los conceptos religiosos y económicos y redirigirlos hacia el equilibrio natural de las especies, no somos los reyes de la creación para transmutar los sistemas elementales que han perdurado positivamente durante millones de años sin nuestra injerencia, no podemos ni debemos rivalizar con la naturaleza, es la parte más avanzada de un transcurso cósmico presente en el universo desde el Big Bang, el competir con ella nos va a llevar a nuestra propia extinción, el sol aún tiene millones de años de vida antes de transformarse en una estrella gigante roja.

La Tierra también tiene un futuro asegurado en ese avance evolutivo, es el ser humano quién por su propia causa llegó al límite de su nicho ecológico-económico y si no da un salto trascendental hacia la recuperación de los valores naturales, el desequilibrio del Planeta va a modificar sus neuronas hasta convertirlo en una especie paradójicamente lenta y vulnerable a los efectos negativos de sus propias alteraciones inorgánicas, los yacimientos petroleros son sumideros naturales de carbono, dejémoslos donde están y aprovechemos el sol para dar el siguiente paso, calculemos el costo beneficio del extractivismo dentro de un Planeta con recursos finitos y apreciemos el agua antes que a las piedras y los metales “preciosos”, adoremos al Dios de la sustentabilidad y no nos dejemos engañar por alianzas político-religiosas que solamente buscan el beneficio individual, así estaba establecido desde el principio de los tiempos, mucho antes de la aparición del hombre en este contexto natural en fase de madurez que nosotros, argumentando la ambición, hemos perturbado de una forma irreversible.

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