La crisis de Venezuela nos enfrenta a los grandes dilemas de nuestro tiempo

Juanlu González
Analista internacional experto en conflictos MENA


El golpe virtual contra Venezuela sigue arrastrándose lentamente, zigzagueando de manera irregular entre las cancillerías y las rotativas de esa minoría de países que se autoproclaman dueños de la «comunidad internacional». Mientras, sobre el terreno, en las tierras de Bolívar, la cosa es bien distinta. Venezuela está relativamente en calma, asistiendo atónita al espectáculo mediático tan lamentable que están ofreciendo los próceres de occidente, empeñados en revivir los peores tiempos del colonialismo expoliador o los tiempos de piratas y corsarios.

No es que no haya habido ciertos movimientos de la oposición en las calles venezolanas. No cabe duda de que la manifestación de principios de febrero en Caracas –en el barrio rico de Las Mercedes– fue una gran movilización, pero no puede compararse al conjunto de decenas de marchas y concentraciones que hemos visto días atrás en Miranda, en Valencia, en Guaira, en Falcón, en Guanare, en Maturín, en Barinas, en Yaracuy, en Lara… y en tantos y tantos lugares de Venezuela.

Y no hay que irse tan lejos. Sin dejar Caracas ni el mismo 2 de febrero, la manifestación opositora tampoco fue comparable a la concentración chavista. La Avenida Simón Bolívar de Caracas, literalmente se abarrotó de centenares de miles de venezolanos en ambiente festivo en apoyo a su revolución, celebrando los 20 años de la llegada al poder de Chávez, en una manifestación, mucho más grande que la de Las Mercedes.

Es cierto que la sociedad venezolana está muy polarizada y que lleva así muchos, demasiados años, pero también lo es que la mayoría del pueblo, sobre todo los sectores mas desfavorecidos, están con su gobierno y con los logros de la revolución bolivariana. Quizá por eso una supuesta periodista venezolana de la gusanera, viendo cómo se desinflaba todo, anunció que ya había que poner muertos encima de la mesa para ganar la batalla de la opinión pública, que luego ya se le rendirían homenajes a los mártires, decía desde la tranquilidad de su exilio dorado en Miami.

No puede ser de otra manera. Estamos hablando de más de 2,5 millones de viviendas entregadas a los pobres, que serán 3 a finales de 2019 si el país no se convierte en una colonia norteamericana. También hablamos de Educación y Sanidad universales y gratuitas, cuando antes sólo estudiaban los ricos, mientras que los pobres no se podían pagar ni medicinas ni tratamientos en hospitales. De la abolición total del analfabetismo y de tantas otras cosas… la agenda social chavista no tiene parangón en América Latina (con permiso de Cuba), pero tampoco en muchos lugares del mundo desde donde se la critica abiertamente por la supuesta incapacidad de sus gobiernos. Nadie debería extrañarse, pues, de que siempre haya una mayoría de venezolanos y venezolanas que defiendan a su gobierno, incluso con la vida, a pesar de los problemas que enfrenta el país, mayormente derivados de la guerra no convencional que Venezuela soporta, como puede, desde hace como 20 años.

Pero entrar en estas cuitas es caer en la trampa de los agresores. Es mentira que esta nueva crisis caribeña sea por el bienestar de su población. Se organiza e impulsa desde fuera porque lo que de verdad importa es otra cosa bien distinta. Se trata, simplemente, del mantenimiento de la hegemonía de un EEUU en decadencia, que necesita cada vez más y más recursos ajenos para mantener su posición en el mundo, ante los avances económicos de China y Rusia.

La oposición venezolana o, mejor dicho, sus seguidores, deberían tenerlo en cuenta: el asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, lo ha dicho muy claro, el golpe en Venezuela es sólo una “oportunidad de negocio”. Y tratándose de un juego de suma cero, cuanto más dinero vaya a la metrópoli, menos se quedará en la colonia. No hay más cuentas que hacer. Lo que espera la oligarquía caraqueña quintacolumnista, es vivir a lo grande con las migajas del expolio, nada mas, mientras que a la mayoría social le esperan tiempos aciagos, sin educación, ni sanidad o viviendo en favelas de los cerros.

Trump, el lenguaraz, lo ha refrendado en un vídeo que se ha hecho viral estos días. Como empresario, su proceder es sólo por el puro beneficio, en este caso por petróleo. Todo el mundo ha tenido la oportunidad de oírlo. Vienen a saquear a Venezuela, a quitarles sus recursos y destinarlos a EEUU. Le hemos visto decir, que el apoyo a los rebeldes de un país rico, cuesta un mínimo del 50% del petróleo. No se puede ser más franco, ni tampoco tan sinvergüenza. Que nadie se engañe y no es maniqueísmo ni simplismo. Aquí sólo hay dos alternativas, o un país soberano o una colonia de EEUU en manos de Trump. No queda otra, no hay medias tintas.

Pero además, esta lucha, es la lucha de toda América Latina. Si cae la Venezuela bolivariana, caerá Nicaragua, Cuba, El Salvador y Bolivia… y morirá la esperanza de tantos y tantos pueblos latinoamericanos que esperan algún día recuperar la soberanía, su identidad sepultada y, cómo no, mejorar por fin las condiciones de vida.

Es muy difícil prever qué sucederá a corto y medio plazo. Tener a tres peligrosos genocidas reconocidos, al trío de piratas del Caribe, Pompeo, Bolton y Abrams, como responsables de lo que suceda en Venezuela es una muy mala señal que debería alarmar al mundo entero. Pero, a pesar de todo, si el grado de cohesión de la mayoría del pueblo con su gobierno se mantiene como hasta ahora, esta intentona de golpe de estado se quedará sólo en eso, en una tentativa más de desestabilización de las muchas que ha sufrido Venezuela desde que logró su independencia real tras el triunfo electoral de Hugo Chávez.

En los discursos y declaraciones del presidente Nicolás Maduro, queda claro que el gobierno quiere continuar el diálogo nacional entre venezolanos, como ha pedido México, Uruguay, Vaticano o el Caricom. También se ha comprometido con la celebración de elecciones parlamentarias en 2019. Pero EEUU ya dijo, por boca de su vicepresidente Mike Pence, que no quieren abrir ningún tipo de diálogo, que es el momento de la acción, del golpe de estado. Así que su actual marioneta golpista, Guaidó, no va a coger el guante lanzado por Maduro y pondrá todas las trabas posibles a los intentos de negociación como el que está poniendo en marcha la UE.

Obviamente, el rol que adopte el ejército será especialmente determinante en el desenlace final. Hasta ahora se ha mantenido fiel a su país y a su pueblo, salvo alguna mínima salvedad. Es conocido, por otros procesos contrarrevolucionarios recientes, que las deserciones se pagarán a precio de oro –negro– por el imperio pero, en cualquier caso, no es probable que los militares alienten una guerra civil contra dos millones de milicianos armados dispuestos a morir por la patria y la revolución. Sería una locura.

Lo dijo también el único presidente legítimo del país: ahora el pueblo está levantado en pie de Paz, para evitar una confrontación, pero también están preparándose para la guerra, si es que viene impuesta desde el exterior. No les queda otro remedio. Las maniobras militares que se van a realizar en fechas próximas, son un aviso para navegantes en tal sentido.

Este golpe de estado no debería triunfar de ninguna de las maneras, sentaría un peligrosísimo precedente y significaría la puntilla definitiva al derecho internacional, regido por el principio de no injerencia, pero también sería un golpe mortal a unas Naciones Unidas eternamente devaluadas. Parafraseando al canciller Arreaza en el Consejo de Seguridad de la ONU, se impondría la fuerza frente al derecho.

También consagraría el fin de la seguridad jurídica en todo el mundo. EEUU o Reino Unido no pueden ir por ahí robando los activos de propiedades venezolanas simplemente porque no les guste su gobierno. Eso abre la puerta a que se pueda actuar a la inversa en cualquier lugar del mundo, como muy bien recordaba el analista argentino Atilio Borón. Así que, cuando triunfen gobiernos en países que quieran recuperar su soberanía, estarían legitimados a robar los activos de las empresas multinacionales extranjeras que ocupen su territorio. EEUU ha sentado un precedente demoledor, que puede traer mucha inestabilidad futura.

Este golpe no puede ni debe triunfar. No sólo ya por Venezuela, ni siquiera por Latinoamérica. Es el mundo quien se la está jugando en la tierra de Guaicaipuro y, con él, el modelo de relaciones internacionales futuras. No podemos permanecer impasibles, al menos debemos elegir dónde queremos estar. Si en el bando de la guerra o el de la paz, en el de la fuerza o en el del derecho, en el de la civilización o en el de la barbarie.

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