Rafael Silva Martínez


“La propia historia de Europa demuestra que la construcción de muros para la resolución de problemáticas políticas y sociales implican costes en las libertades y los Derechos Humanos. Finalmente también impactará en aquellos que los construyen ya que crean una fortaleza en la que nadie quiere vivir. En vez de construir muros, Europa debería estar invirtiendo en poner fin a las guerras y las desigualdades que alimentan las migraciones y los desplazamientos forzados”

(Nick Buxton, investigador del Transnational Institute)


Todo un arsenal de medidas contra los migrantes ha desplegado Italia con el nuevo “Decreto Salvini”, una sucia, opresora, cruel y vergonzante operación donde las haya. El Vicepresidente y Ministro de Interior, Matteo Salvini, haciendo gala de su “trumpismo a la italiana”, ha aprobado este lunes su decreto sobre seguridad e inmigración bajo su particular sello. De entrada, mezclar en una misma norma la seguridad con la inmigración ya da idea de por dónde puede ir la cosa. Una medida que endurece las condiciones para la concesión del asilo, limita la protección de los migrantes más vulnerables y facilita las expulsiones. Además, lo ilustró con su ya conocido acento de macarra de bar en una entrevista en televisión, haciendo gala de su más soez, descarado y repulsivo lenguaje. La protección humanitaria será sustituida por un permiso de residencia de un año sólo para casos extremos (urgencias sanitarias, desastres naturales ocurridos en el país de origen, o haber llevado a cabo alguna tarea meritoria en Italia). La protección humanitaria vigente hasta ahora en Italia contemplaba medidas integradoras, tales como el permiso de residencia de 2 años y derecho a un visado de trabajo si se encontraba un empleo. Ahora todo eso dejará de existir. Debajo del disfraz de la “inmigración ordenada”, que promueve la extrema derecha, lo que se esconde es una criminalización del migrante (que es visto y presentado como un terrorista, un delincuente, un traficante o un mafioso), y una filosofía de “ley y orden” entendida bajo la moral represora de la ciudadanía.

Ilustración de Javier F. Ferrero

Y así, agitan el fantasma del “falso refugiado” (Salvini ponía el ejemplo de Nigeria, donde argumenta que no hay guerra…Deberíamos llevarlo allí y dejarlo unos cuantos meses a ver qué argumentaba entonces), desplegando una crueldad, una incomprensión y una falta de empatía absolutamente vergonzantes, y aún más para alguien que pretende ser un líder político. Según las ONG’s humanitarias, todo ello sólo contribuirá a que aumente el número de extranjeros en situación irregular en Italia. El nuevo Decreto también favorece y allana el camino a las expulsiones para los migrantes que hayan cometido un delito, aunque sea leve. ¿Pero es que leyes como el Decreto Salvini no condenan a las personas a la marginación, a la pobreza, a la miseria y a la exclusión? En estas situaciones…¿qué probabilidades existen de que la gente viva al borde de la ley? Es un discurso el de Salvini y la Liga Norte absolutamente deshumanizado, repleto de engaños, de tópicos y de argumentos que se autodescalifican por sí mismos. Únicamente son capaces de proponer medidas restrictivas, excluyentes, represoras. Únicamente saben destruir. Desconocen los valores de la calidez, de la empatía, del mestizaje, del multiculturalismo, de la cooperación, de la solidaridad…Gobernantes así sólo crean sociedades agresivas, obscenas, hostiles, inhóspitas, desapacibles…o surgen precisamente de ellas. Ninguna gran civilización se ha fundado bajo esos valores. Ningún gran líder mundial las ha practicado. Políticos como Salvini, Le Pen, Orbán, Trump o Bolsonaro representan lo peor de la especie humana.

En su entrevista en televisión, al más puro estilo Trump, aseguró que los echaría “a patadas en el culo”, porque “recibían desayuno, almuerzo y cena, para después vender droga a nuestros hijos”. La clásica asociación entre inmigración, criminalidad y delincuencia típica de la ultraderecha más ciega, violenta y aberrante. Básicamente, la Ley Salvini ya juzga a los migrantes únicamente por su condición, se prejuicia a las personas por sus circunstancias, se las condena en un ejercicio de extrema crueldad. Todo inmigrante ya es un peligro público de acuerdo a esta Ley, independientemente de su comportamiento, lo cual es bastante relevante de su filosofía. El descarado e infame clasismo de Salvini pudo perfectamente demostrarse con esta frase: “El objetivo es que la gente llegue a Italia en avión, preferiblemente en primera”. Tal como estamos explicando en nuestra serie de artículos “Hacia otra Política de Fronteras”, las causas de las migraciones son las guerras y las hambrunas, fundamentalmente, y ambas las estamos provocando nosotros, los europeos (en colaboración con Estados Unidos y otros perversos actores internacionales), así que más nos valiera (en vez de decretar salvajadas como la que estamos comentando), comenzar a practicar una política pacifista e internacionalista, solidaria y cooperadora con los países africanos, y no basada en la guerra, la explotación y el expolio de sus recursos naturales. Es la única manera de que los nigerianos que ponía Salvini como ejemplo se queden en su país, que es, en el fondo, lo que les gustaría.

Y aquí en España no le van a la zaga el trío de las extremas derechas (que también compiten diariamente para ver quién articula la salvajada más grande), compuesto por Abascal (Vox), Casado (PP) y Rivera (C’s). En la campaña electoral andaluza durante el fin de semana pasado, el líder del PP salía de tono al encararse con la población migrante (y los que puedan venir) diciendo que “se equivocan de país” porque aquí no hacemos “ablación de clítoris” y otras barbaridades por el estilo. Claro, se olvidó de que aquí lo que sí hacemos es enviar al suicidio a las personas mayores al echarles de su vivienda. También dijo que había que respetar las tradiciones, donde seguro que también incluyó las salvajadas de las fiestas populares estivales donde corren toros por las calles, embistiendo a gente, o bien se les atan a los cuernos bolas de fuego. Creo que ni las tribus más primitivas hacen gala de un salvajismo mayor. Así que aquí tenemos también a nuestros tres “Salvinis” españoles, que dan tanto miedo como el italiano. Ojalá que ninguno de ellos llegue al poder, por el bien de los migrantes…¡Y por el nuestro!