Virginia García

La sexualidad es algo intrínseco e inherente a las personas. La liberación sexual ha estado siempre muy presente en la lucha feminista, y a través de ella, hemos conseguido avances en la igualdad de derechos. Poder disfrutar el sexo libre y controlar nuestra natalidad, han sido metas a alcanzar y desde mediados del Siglo XIX hasta la actualidad y hemos conseguido avanzar mucho en esta materia.  

 

Vivir nuestra sexualidad de forma natural sin prejuicios, sin ser juzgadas y señaladas es un derecho natural que jamás ha debido  ser cuestionado ni reprimido. Cabe  señalar que el sexo natural es siempre deseado y libre. Y libre es exactamente lo contrario de sumiso.

No son pocas las voces que afirman que hemos alcanzado ya  la máxima expresión de la libertad sexual. Yo  creo que únicamente la han alcanzado los hombres, y que la libertad alcanzada por las mujeres es directamente proporcional a los deseos masculinos y no a las necesidades femeninas.  

La cultura patriarcal es jerárquica. Los hombres están en una posición de superioridad sobre las mujeres, lo que les lleva considerar legítimo que nosotras satisfagamos sus deseos sexuales.  

Esta cultura está perfectamente reflejada en la pornografía.  

La pornografía es un negocio millonario en el que se generan más de 2.6 millones de euros al año. El 90% de los vídeos en Internet contiene violencia verbal y/o física hacia las mujeres. La palabra violación es de las más buscadas en las redes para la descarga de material pornográfico. Nos encontramos con escenas en las que la mujer se muestra sin deseo, pero sometida a un grupo de hombres que la disfrutan como si de una muñeca se tratara y podemos encontrar imágenes y vídeos con mujeres sometidas a todo tipo de humillaciones y vejaciones.  

Existen varios estudios que relacionan las agresiones sexuales y el consumo de pornografía. 

Se han entrevistado a hombres condenados por violación y pederastia y una parte muy significativa de ellos indicaron ser consumidores habituales de pornografía. Se ha comprobado también que muchas de las violaciones son escenarios de películas porno llevadas a la práctica.  

En definitiva, lo que demuestran estos estudios es que la pornografía promueve la cultura de la violación. Divulga la falsa idea de que las mujeres estamos siempre disponibles y receptivas a mantener relaciones sexuales.  

El 10% de los consumidores de pornografía son menores de edad, y cada vez se inician en este consumo a edades más tempranas.  

Visionando pornografía, los adolescentes asumen como cierta que ser violadas es una fantasía sexual de las mujeres. Aprenden que no tenemos voluntad o deseo sexual más allá de complacerlos a ellos. El porno enseña a las adolescentes que su sexualidad está sometida a los deseos de sus parejas. A ser complacientes.  

Si al consumo de pornografía le sumamos la nula educación sexual y afectiva que proporciona el sistema educativo, nos encontramos con generaciones enteras que ven la sexualidad de forma completamente distorsionada. Las consecuencias son relaciones sexuales insanas, no satisfactorias con roles de dominante y sumisa.  

Las consecuencias son el aumento de violaciones dentro y fuera de la pareja y la cosificación de la mujer porque nos convierte en objetos sexuales.  

La industria del porno es una escuela de violencia machista. Y violencia es lo que ejerce contra las mujeres que utiliza para enriquecerse. Es desgarrador el testimonio de muchas de las “actrices” que han sido obligadas a mantener relaciones sexuales no deseadas para grabar las escenas más humillantes, degradantes y violentas. 

Algunas afirmar haber sido obligadas a consumir drogas consiguiendo así el efecto de mujeres con la mirada perdida, completamente sometidas a la voluntad de varios señores. Señores que las están violando.

Contraen enfermedades como el VIH al ser obligadas a practicar sexo sin preservativo, embarazos no deseados que conllevan abortos y más riesgos para su salud.  

Linda Lovelaceque fue iniciada en el porno con una violación grupal organizada por el Señor Traynor, amenazada a punta de pistola  

“Fue un momento crucial de mi vida. Él me amenazó con dispararme si no hacía la escena. Yo nunca había hecho sexo anal y me rompió en dos. Me trataron como una muñeca hinchable, cogiéndome y moviéndome de aquí a allá. Abrían mis piernas a su gusto, moviendo sus cosas sobre mí y dentro de mí, estaban jugando con mi cuerpo. Nunca me he sentido tan asustada, desgraciada y humillada en mi vida. Me sentí basura. Participé en acciones sexuales pornográficas para evitar ser asesinada. Las vidas de mis familiares también fueron amenazadas.”” 

Muchas mujeres son engañadas con una vida galamurosa que acaba resultando una vida de adicciones y abusos sexuales que nada tiene que ver con lo prometido.  

Con estas vivencias no es extraño que el suicidio de alguna de estas víctimas del porno sea noticia con cierta periodicidad.  

A pesar de de todas estas voces que confiesan la violencia sufrida y el sabido daño que ocasionan a la sociedad, la industria millonaria del porno da voz a unas minorías, como Amarna Miller, que dicen poder elegir que escenas grabar, con que pareja y por cuánto dinero.  

Testimonios de personas liberales que defienden su propio beneficio en nombre de un falso feminismo amparado en una falsa libertad sexual, que sirven de excusa al sistema prostituyente para seguir enriqueciéndose a costa de la vida y la dignidad de muchas otras mujeres.  

La incansable lucha feminista por la libertad sexual, nada tiene que ver con la pornografía. El patriarcado ha desvirtuado nuestra lucha para llevarla a su terreno y seguir explotando el cuerpo de las mujeres.  

Las mujeres del porno son mujeres prostituidas, cosificadas, violentadas. Cuando descargamos  de Internet vídeos pornográficos en nombre de la libertad sexual, pensemos que la mujer que estamos observando sometida a cinco varones, posiblemente esté siendo violada o  coaccionada, posiblemente esté siendo contagiada de enfermedades de transmisión sexual y tendrá daños psicológicos irreparables, 

Antes de alzar la voz en defensa de la pornografía, pensemos en cuántas niñas y mujeres acabarán siendo violadas y sometidas en nombre de una cultura, la cultura de la violación perpetrada en gran parte, por la inofensiva pornografía.  

¿De verdad creemos que para excitarnos, masturbarnos y disfrutar de nuestra sexualidad necesitamos ver vídeos de mujeres humilladas brutalmente? 

Si la respuesta a esta pregunta es un sí, me reafirmo en que esta sociedad lo que necesita es formación educativa de las relaciones sexuales y afectivas desde la infancia.

6 Comentarios

  1. La pornografía promueve, ampara e incita la violación y el crimen. Y, como bien se apunta en el artículo, a menudo esas agresiones ya se están cometiendo en las películas que se comercializan. Sólo una rectificación: pornografía no es cultura, sino la ausencia de cultura.

  2. como comentario todavía las pornografías tienes que cambiar una de mis quejas es la desigualdad de los actores mas en la partes de los hombres porque son los que le pagan menos, no los ponen como protagonista ni en las portadas en la mayoría de las películas y en las escenas de sexo solo se le ve la mitad de su cuerpo y lo peor hacen lo posible que no se le vea las caras y no vengan con la excusas de que la porno es solo para hombres heterosexuales porque no es verdad, también los ven mujeres, bisexuales hasta gay

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