«A mí me gustaría recuperar el romaní», expresa Jose, alumno de 2º de la ESO en el Institut Escola El Prat, en Barcelona. Mientras aprende a usar el verbo inglés to be (ser, estar o parecer, en castellano), traduce los conceptos no al catalán o castellano sino al romaní, la lengua propia del pueblo gitano. Los siete alumnos que hay ese día en clase, cuatro chicas y tres chicos, todos ellos de familia gitana, aseguran que les gusta aprender un idioma que desconocen pese a ser el propio de su comunidad (aunque en España ha derivado en la variante denominada caló). Algunos incluso señalan que les haría ilusión ser profesores de romaní de mayores.

Los 200 estudiantes de este instituto de El Prat, desde P-3 hasta cuarto de la ESO, son gitanos, una comunidad histórica repartida por todo el mundo y que hace más de 600 años llegó a Catalunya. Esta escuela, junto con el Institut Escola Gornal, en l’Hospitalet de Llobregat, son los dos únicos centros de Catalunya donde los alumnos aprenden romaní en horario lectivo. Es una forma de introducir la cultura gitana en las aulas, algo que están planteándose cada vez más centros, sobre todo los que escolarizan a este alumnado, pero que todavía no se ha incluido de forma generalizada en los planes de estudios en Catalunya.  

En marzo de 2017, Sant Adrià del Besòs, en Barcelona, fue el primer municipio catalán en pedir la incorporación de la historia del pueblo gitano en el currículum educativo oficial. En junio de ese mismo año se sumó Barcelona. Dos meses después, se aprobaba en el Congreso de los Diputados una petición al Gobierno en la misma línea.

En Catalunya, el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat de Catalunya escuchó las demandas de los municipios y la comunidad gitana y lo incorporó en el Plan Integral del Pueblo Gitano 2017-2020, que contempla más de 120 medidas y 200 acciones concretas en favor de esta comunidad. Pero la que tiene que ver con el currículum todavía no se ha desplegado. 

La falta de presencia gitana en los planes de estudios es una de las principales problemáticas que sufre este colectivo en el plano educativo, además de la estigmatización a que se enfrentan a menudo aquellos centros que concentran un elevado número de escolares de familia gitana. 

La incorporación del romaní en horario lectivo en el instituto de El Prat empezó como prueba piloto el curso pasado. Uno de los objetivos era fomentar el interés por el inglés entre los alumnos, que según el centro presentaba carencias, así que incorporaron a un auxiliar de origen gitano, Marinela Isuf, que además podía introducirles en el romaní. La iniciativa, que aseguran que les está funcionando, surgió de un encuentro entre la Asociación de Jóvenes Gitanos de Gràcia, el responsable del Consejo Asesor del Pueblo Gitano de la Generalitat, Ramon Vílchez, y la dirección del centro.

La historia gitana en el currículum, a debate

La comunidad gitana y algunas organizaciones sociales vienen reivindicando desde hace años que en los planes educativos, es decir, dentro de las asignaturas que se imparten en horario lectivo, se tenga en cuenta la historia y cultura gitana. Pero el debate entre el profesorado no está cerrado, puesto que hay quienes consideran que los currículums ya están demasiado saturados de temarios que limitan la capacidad del docente.

La directora del Institut Escola La Mina, otro centro con un buen número de alumnado gitano, es tajante en su rechazo a incorporar una nueva materia sobre la cultura gitana. «Yo creo que no, claramente no y hace mucho que me dedico a la educación», expresa Marta Del Campo, que defiende que la historia del pueblo gitano debe incluirse de forma transversal en las asignaturas ya existentes. De hecho, esta labor ya la están llevando a cabo en este centro de Sant Adrià del Besòs «Tenemos claro en nuestro proyecto que la gitanidad la tenemos que tener presente y la tenemos que trabajar», apunta.

Desde la Font de la Pólvora, otro centro que escolariza a un buen nombre de alumnado gitano, sostienen que sí es importante que la historia gitana quede negro sobre blanco en un plan de estudios. Su directora, Pilar Marco, reflexiona que de la misma forma que nos aseguramos que la historia de otras comunidades esté en los currículums, hay que hacer lo mismo con los gitanos. “Hace mucho que lo pedimos”, sentencia.

El Departamento de Educación, mientras tanto, está trabajando en la elaboración de un «conjunto de unidades didácticas» que estarán disponibles a los docentes de cara al curso 2019-20, según apunta Ramon Vílchez, responsable del Consejo Asesor del Pueblo Gitano. Sin embargo, estas herramientas educativas serán optativas, es decir, no se obligará a todos los centros a explicar la historia del Pueblo Gitano a los alumnos.

Un enfoque que dependa del centro y el docente

Jaume Bosch, director del instituto de El Prat, apuesta por incorporar la cultura del pueblo gitano en las aulas, aunque atendiendo a la realidad de cada centro. «No es lo mismo nuestro centro que un centro donde el alumnado gitano es del 10%, no lo puedes enfocar de la misma manera», puntualiza. De forma parecida se expresa Joan Maria Girona, maestro jubilado, psicopedagogo y miembro de la Asociación de Enseñantes con Gitanos, que plantea que debe ser el docente el responsable de introducir la cultura gitana en función de lo que esté enseñando. «Puedes poner un ejemplo de matemáticas en el que interviene una familia, pues puede ser una familia gitana», considera este profesor.

Sobre el debate sobre si incorporar o no en el currículum oficial la historia del pueblo gitano, Girona lo tiene claro: «Obligar no acostumbra a servir de mucho. Se puede hacer incluso mal, porque si hay un profesor racista lo hará, porque está mandado, y lo hará volcando todos los prejuicios que él pueda tener».  «El concepto de asignaturas se debería superar y cambiar por proyectos o trabajo globalizado», apunta este docente, que considera que el currículum debería ser algo orientativo. Este maestro jubilado propone que los docentes estén formados en la cultura del pueblo gitano y que se explique en las aulas «no como algo específico» sino como una experiencia más, como cuando se habla de otras comunidades.

De cara al curso escolar siguiente, el director del IE El Prat no tiene decidido qué va a hacer. De todos modos, se hará una evaluación de este proyecto, en el que se aprende inglés y romaní de forma simultánea, durante el tercer trimestre y se reunirá con la Inspección de Educación, asegura. «Es quien nos puede asesorar, porque este tema es muy novedoso y no tenemos ningún referente en otro centro», concluye Bosch.

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