En rueda de prensa, Sirvent ha contestado de este modo a preguntas de los periodistas sobre la decisión de Boya de dejar el Secretariat Nacional del partido por haber sufrido un «episodio de agresión psicológica continuada» por parte un compañero.

El protocolo «parte de una finalidad reparadora y tiene el objetivo de generar espacios seguros para la militancia, en concreto las mujeres, a la vez que debe ser una herramienta de transformación de la organización», por lo que considera que no responde a una lógica punitiva.

Pese a que el protocolo todavía se está ultimando, los ‘cupaires’ están aplicando los mecanismos que comenzaron a activar desde hace dos años conscientes de que, en su organización, como en el resto de la sociedad, «se mantienen relaciones que están atravesadas por el patriarcado», ha concretado Sirvent.

Estos mecanismos que se trabajan de forma colectiva desde la organización, pretenden «erradicar las agresiones machistas», por lo siguen unas prácticas concretas que parten de la base de concebir a la víctima como una persona agredida y no como una persona presuntamente agredida.

Además, sitúa en el centro a la víctima, por lo que la organización respeta su decisión de hacer pública la situación por la que ha pasado, como hizo Boya en las redes sociales, aunque la organización conocía el contenido y la forma de la carta en la que la exdiputada explicó los hechos.

Boya aclaró el mismo viernes por la tarde que la persona que le infligió una «agresión psicológica continuada» no forma parte del Secretariat Nacional de la CUP ni del grupo parlamentario, sino que es un militante de la formación con quien ha tenido que compartir espacios por las tareas derivadas de su cargo en el partido, pero que ya no trabaja en el partido.

De hecho, el protocolo de la CUP recoge la confidencialidad de los hechos denunciados a la Comissió Nacional Feminista como parte de la protección de la víctima, para no «revictimizarla» y asegura que hacer público el nombre es una decisión que corresponde exclusivamente a la persona agredida.

La exdiputada dijo en su carta que pidió a la CUP evitarlo en un encuentro con él durante una reunión del partido y que vio «con tristeza como en las organizaciones se tiende a dar la vuelta a las prioridades, a olvidarlas y a hacer periférico todo aquellos que realmente importa».

La CUP considera que las violencias machistas pueden tener muchas formas y expresiones, y el caso de la violencia psicológica como el sufrido por Boya «es a menudo un tipo de violencia difícil de percibir y tiene sus propios procesos de abordaje, que dependen de las personas implicadas que y tiene una implicación muy grande».

REPARACIÓN Y MEDIDAS

Las medidas que contempla el protocolo «van enfocadas a reparar el daño»: primero se hace una acogida a la mujer agredida, después otra al hombre agresor, y la Comissió Nacional Feminista determina las medidas adecuadas.

Estas medidas pueden variar en función del caso y pueden ir desde una formación personal, un trabajo terapéutico personal con colectivos de referencia, tener que dejar cargos internos del partido o la suspensión temporal o permanente de la militancia: «Este caso, se determinará una vez consensuado con la mujer y se pondrá en conocimiento solo a las personas implicadas, para garantizar una buena gestión y evitar la rumorología».

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