Domingo Sanz
Politólogo

Manuel Valls nació en Catalunya, triunfó y fracasó en un país tan centralista como Francia y decidió regresar a su Barcelona natal para seguir haciendo lo que hacía, política.

Analicemos la decisión de Valls a la luz de sus antecedentes.

Como buen catalán, puede ser socialdemócrata o liberal, pero era muy poco probable que saliera franquista: entre PP, Cs y Vox solo han conseguido un alcalde en toda Catalunya.

Como buen francés, es centralista, pero nunca será tan anti catalanista como Rivera y Arrimadas.

También, por francés, está acostumbrado a las segundas vueltas, y nada se parece más a una segunda vuelta sin colegios electorales que las elecciones de alcaldes tras las municipales.

¿Qué habría ordenado votar Rivera a sus electores si para la alcaldía de Barcelona se hubiera tenido que celebrar una segunda vuelta entre Maragall y Colau?

Venga Albert, deja de presumir de europeo, que te puede mucho más la manía que tienes a los más europeos de toda España, los catalanes republicanos.

Al ser más europeo que la mayoría de los españoles, a Valls no le traumatizan tanto los pactos extraños. Se lo toma como un asunto de prioridades en cada momento. Y errores los cometemos todos.

En cambio, debe preocuparnos que la derecha española siga sufriendo por España con la misma mirada de odio de 1936: solo ve enemigos en el “comunismo populista” y en el nacionalismo rompedor de la patria. No se han europeizado lo suficiente como para civilizarse.

Por favor, Sánchez, controla la Justicia y las dos versiones de las fuerzas armadas que nos vigilan sin confesarlo, las de seguridad y el ejército. Estamos en peligro.

Y el problema del independentismo en Barcelona se ha reducido, en mi opinión, a una apuesta fallida que no podían jubilar en medio de las negociaciones. El comportamiento de Maragall ha sido de vergüenza ajena, incluso para muchos independentistas hasta la médula. Y la guinda de su declaración sobre los insultos machistas a Colau, como para retirarle la palabra, por mucho pasado que tenga, que todos nos estropeamos.

¿Alguien puede enseñarle una foto de Manuela Carmena?

Colau, en cambio, ha comenzado por ser valiente en defensa de la libertad, que hoy se llama “lazo amarillo” y que está por encima de la unidad o de la descomposición de España

Rivera ha hecho salir a Arrimadas a dar la cara, no sé si porque fue a ella quien se le ocurrió lo de Valls o porque Albert quiere reservarse para futuras reconciliaciones.

Por mucho que se opongan Rivera y el “ejército” del 155.

Por muchas tonterías que diga Maragall.

Por muchas gaitas que intente templar Colau.

Catalunya se terminará desvinculando de España.

Únicamente, y a la desesperada, solo Felipe VI podría evitarlo, pero no con discursos.

Es mucho más sencillo: entregando las llaves de La Zarzuela con la condición de convertirse, para la historia, en el último rey de España.

Y se le está acabando el tiempo.

Una propuesta para terminar:

Que mejor que ahogar las tentaciones de violencia neofranquista marca «A por ellos» en el pacífico océano de la demoscopia democrática.

Sería necesaria una gran encuesta ya, y en toda España, con dos opciones, a elegir una.

Indique usted su preferencia:

  1. A)Una España monárquica sin Catalunya.
  2. B)Catalunya formando parte de una España republicana.

La opción C) sería mantener la situación actual, y esta solo es fuente de disgustos y de inestabilidad.

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Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y dos nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015, con unos 170 artículos publicados, sin ningún compromiso, en diversos medios.

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