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Es uno de los mitos más habituales con los que los ignorantes suelen atacar a las energías renovables, mucho más desde que el idiota de Donald Trump lo utilizase en uno de sus mítines: las energías renovables como la eólica o la solar únicamente son capaces de generar electricidad cuando el viento sopla o el sol brilla, son por tanto fuentes intermitentes, y eso las descarta como elementos «serios» en el tejido de generación de un país salvo que sean suplementadas con centrales nucleares o alimentadas con combustibles fósiles para cubrir esos momentos de intermitencia.

El argumento es, cada día más, completamente estúpido. Pero lo verdaderamente sorprendente es que algunos idiotas tengan la increíble cara dura de pretender argumentar sobre «lo que pasó en Texas» cuando una ola de frío interrumpió el suministro eléctrico y, de manera completamente injustificada, se pretendió echar la culpa de ello a las renovables. Un patético intento de controlar una narrativa completamente falsa, que algunos pretenden todavía perpetuar.

Por supuesto, carecemos de control sobre la intermitencia del fenómenos como el sol o el viento, pero dado un nivel de generación determinado y excedentario, es decir, construir muchas más centrales de las que necesitamos, la electricidad que se genera cuando el sol sí que brilla o el viento sí que sopla se puede almacenar perfectamente para cubrir los momentos en los que no lo hace. Para ello existen numerosas alternativas, además de las consabidas baterías – que los escépticos y algunos ingenieros trasnochados siguen criticando por ser «demasiado caras» a pesar de haber reducido su precio un 97% en las últimas tres décadas y un 88% tan solo en la última – que van desde lo más obvio, invertir esa energía en un trabajo que pueda ser revertido posteriormente, hasta lo más imaginativo.

En efecto, las baterías son cada vez más baratas y más eficientes, lo que está llevando a que varios países se inclinen por utilizarlas de manera masiva en sus sistemas de generación. La combinación de energía solar cada vez más barata y baterías gigantes está logrando convertir en ridículamente cara la oferta de precios de electricidad de las centrales de combustibles fósiles o nucleares, son el detalle, en el caso de estas últimas, de que nadie las quiere cerca de su casa y de que sigue siendo preciso solucionar el problema de los residuos generados.

¿Lo más obvio? En efecto: cuando te sobra energía, mueves, por ejemplo, agua, a un lugar elevado, y simplemente la dejas bajar cuando necesitas energía, utilizándola para accionar la correspondiente turbina. Hablamos de las centrales eléctricas reversibles, pumped-storage hydroelectricity (PSH) o pumped hydroelectric energy storage (PHES), una tecnología capaz de generar energía de manera inmediata, en sesenta segundos tras la determinación de su necesidad, y que han sido construidas en muchísimos países. Pero por supuesto, quien dice agua, que requiere de un lugar específico para su almacenamiento porque no ocupa precisamente poco y un reservorio a cierta altura solo está disponible en determinados contextos, puede pensar igualmente en algo con más densidad, por ejemplo, bloques de hormigón. Una torre de bloques de hormigón puede colocarse en prácticamente cualquier sitio, y hacer descender bloques cuando es preciso generar energía es algo perfectamente factible y, de nuevo, relativamente sencillo en poco tiempo.

Pero por supuesto, podemos hablar de muchos otros métodos posibles y técnicamente factibles, además de otros experimentales. Pero si hay un método de almacenamiento de energía que está desvelándose como muy prometedor, ese es el hidrógeno verde, producido precisamente a partir de los excedentes de energía de las centrales renovables, y que es hidrolizado, también de forma completamente limpia, para producir de nuevo electricidad cuando es necesario. Utilizar la molécula de hidrógeno para almacenar energía y recuperarla cuando es necesaria mediante la hidrólisis es un proceso que no está exento de pérdidas, pero que funciona perfectamente, mejor a gran escala que cuando se hace en la pila de combustible de un vehículo, y que es completamente sostenible.

Cada vez más, las energías verdaderamente renovables como la solar y la eólica demuestran ser las más baratas en su explotación, y la tecnología ha conseguido desde hace ya mucho tiempo superar el problema de su intermitencia. Que no te engañen: la transición puede – y debe – llevarse a cabo mucho más rápido de lo que muchos pretenden, y no necesita de «falsos amigos» como la energía nuclear. Y cuanto antes lo entendamos y actuemos en consecuencia, antes evitaremos costosos errores de cara al futuro.


Enrique Dans

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