El resultado electoral en la llamada España «vaciada», que reparte más de cien escaños de los 350 del Congreso, ha dado un vuelco y, mientras en las elecciones de junio de 2016 la inmensa mayoría de provincias menos pobladas daba al PP como partido ganador, ahora han votado mayoritariamente al PSOE.

Comenzando por Teruel, en la que se reparten tres escaños, el mapa ha cambiado radicalmente. Ha concedido un escaño a PSOE, PP y Cs, aunque con porcentajes muy dispares.

Los socialistas son con mucha diferencia los más votados, con el 32 por ciento, seguidos muy lejos, por el PP, con el 23,78 por ciento y en tercer puesto Cs, con el 19,74 por ciento.

Otra circunscripción de la España «vaciada» en Aragón es Huesca, también con tres escaños con el mismo reparto.

El PSOE vuelve a ser el más votado -32,96 por ciento-, seguido del PP, con el 20,13 por ciento, y pisándole los talones, Cs, con el 19,62 por ciento de los sufragios.

Guadalajara, ya en Castilla-La Mancha, se ha decantado también por los socialistas y el reparto de los tres escaños es idéntico al de sus «hermanas» aragonesas: uno para el PSOE, otro para el PP, y el último para Cs.

Vuelco también en Cuenca donde el PSOE ha sacado dos de los tres escaños, y el PP, que se ha quedado con uno, ha pasado del 45 al 26 por ciento de los votos.

En el conjunto de Castilla-La Mancha, el PSOE ha subido cinco puntos con respecto a 2016, mientras que el PP ha perdido de una tacada veinte puntos, justo el porcentaje de subida de Cs y Vox.

Incluso en Soria han ganado los socialistas después de décadas de dominio ‘popular’, con un 31,73 por ciento frente al 26,66 del PP, que ha perdido casi 20 puntos.

Y es que en Castilla y León, tradicional feudo del PP, los de Pablo Casado solo son la primera fuerza en Salamanca, aunque solo por mil votos de diferencia con el PSOE.

El vuelco en la España «vaciada» se debe, en buena parte, a la dispersión del voto de la derecha a favor de Cs y también de Vox, pero que después no se ha traducido en escaños.

La llamada al «voto útil» de Pablo Casado no ha surtido efecto alguno en estas provincias en las que el partido de Santiago Abascal ha obtenido porcentajes de voto superiores al 10 por ciento sin obtener diputados.

Es el caso de Ávila, donde un 14,29 de los electores ha depositado la papeleta de Vox y no ha tenido reflejo en el reparto de escaños, o Guadalajara, en la que el partido de Abascal ha sacado un 16,44 de votos con igual resultado.

Situación que se repite en provincias como Salamanca, Zamora, León, Segovia, Soria, Burgos, Teruel, Huesca, Cuenca o Cáceres.

El paradigma del efecto dispersión en el PP ha sido Ciudad Real, donde los de Casado obtuvieron tres de los cinco escaños en 2016, frente a los dos del PSOE.

Tres años más tarde, el PSOE ha mantenido sus dos escaños subiendo cinco puntos, y los tres del PP se ha repartido entre los ‘populares’, Cs y Vox, que se ha colado en la provincia con apenas un 13,72 por ciento, diez puntos menos que el PP.

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