Judit Pereiro, exesposa del antiguo director general de la Fundación Niemeyer Natalio Grueso, ha justificado los viajes que ambos hicieron por todo el mundo por la necesidad de hacer contactos para el centro cultural de Avilés, si bien ha dicho desconocer todo lo relacionado con facturas o pagos.

Durante la tercera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Oviedo por las presuntas irregularidades contables en la etapa de Grueso al frente del Niemeyer, Pereiro ha insistido en que su colaboración con el centro era altruista y que ella aportaba como «valor añadido» su dominio de lenguas extranjeras y su capacidad para hacer contactos culturales.

Pereiro, que se enfrenta a una petición de la Fiscalía de dos años y medio de cárcel por su presunta complicidad en un delito de malversación, ha mantenido en todo momento que ignoraba todas las cuestiones relacionadas con la facturación del Niemeyer y con la forma en que se realizaban los pagos.

La acusada, consultora de proyectos europeos, ha explicado que todos los viajes que realizó durante la gestión de su exmarido eran «por motivos profesionales» y ha puntualizado que el matrimonio se costeaba los viajes que eran de disfrute particular en épocas de vacaciones.

Preguntada por varios viajes realizados entre 2008 y 2009 a Francia, Estados Unidos, Canadá o Egipto, entre otros países, ha dicho que fueron para contactar con novelistas, cineastas y otras personalidades del mundo de la cultura para buscar apoyos al proyecto del centro, que fue inaugurado en 2011.

Pereiro ha expuesto que la vida de Grueso consistía en viajar porque la única manera de promocionar el proyecto era ir a otros países dentro del circuito cultural mundial y que las personalidades con las que se reunía posteriormente visitaran Avilés para refrendarlo, ya que en aquel momento el centro sólo era «una maqueta».

El objetivo, ha añadido, era llamar la atención de distintas personalidades culturales con un proyecto que les resultara interesante para que después prestaran su apoyo, pese a ubicarse en una pequeña ciudad del norte de España desconocida para muchos, como hicieron el actor Kevin Spacey o el cineasta Woody Allen.

Todo ello se conseguía a través de reuniones en el extranjero ante la dificultad de mantener los contactos y lograr los apoyos a distancia, ha afirmado.

Pereiro ha dicho que su colaboración con la Fundación Niemeyer era totalmente altruista porque consideraba que el proyecto era bueno para el Principado y «merecía la pena», y porque para ella era «un honor vender el nombre» de Asturias, algo que ya de por sí le «compensaba todo».

Además, ha asegurado que en todas las ocasiones que tenía que despachar con los patronos de la Fundación Niemeyer o los invitados siempre fue «transparente» porque no tiene «nada que ocultar».

En este juicio, Natalio Grueso afronta una petición fiscal de once años de prisión, diez años de inhabilitación y una multa de 24.000 euros por la presunta comisión de un delito continuados de malversación en concurso medial con falsedad, otro societario y un tercero de insolvencia punible relacionados con la supuesta emisión de facturas falsas o manipuladas.